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HISTORIA DEL CASTILLO DE CADRETE

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El castillo de Cadrete contado

 por un león y una chorva

 

Carlos Soler narra e ilustra la historia de la fortaleza, recién restaurada, en un relato para todos los públicos

 

ZARAGOZA. Carlos Soler (Zaragoza, 1971) publica ‘Qadrït. El león del castillo’, un volumen para todas las edades sobre el castillo de Cadrete (Zaragoza), que fue restaurado recientemente. Fabio Pérez Buil, concejal de cultura de la localidad, se puso en contacto con él porque había visto su cómic didáctico ‘Masara. El viaje de Beltrán’ y le encargó algo semejante. Carlos Soler, que ha trabajado en diseño gráfico, en ilustración y animación, aceptó la propuesta. “Mi conocimiento del castillo se limitaba a saber de su existencia, así que me documenté todo lo que pude. Encontré en Fabio a una persona muy receptiva, dispuesta y con buenas ideas. Después de conocer un poco más de su historia, decidimos darle un giro y cambiamos esa primera idea de cómic por la de un cuento ilustrado que combinase la magia del lugar con los acontecimientos históricos más reseñables”, dice.

Poco a poco fue fijando sus objetivos: “Tratamos de transmitir dos ideas claras. Primera: la historia iba a hablar de lo que significa la memoria y el patrimonio, representadas por la imagen totémica del león Qadrït. Segundo: fijar en el lector unas cuantas ideas básicas del pasado histórico y las características de la fortaleza. Hemos querido combinar una historia mágica con la realidad histórica para que pudiese servir de material didáctico”. El uso del plural abarca a Fabio Pérez Buil, que también actuó de asesor histórico.

Carlos Soler cuenta la biografía en el tiempo del castillo de Cadrete a través de un león y una chova, de la familia de los córvidos, tal vez para potenciar su aroma de cuento más o menos fantástico. “El león Qadrït, el nombre musulmán de Cadrete, y la chova Huerva tienen más de real de lo que parece. En el sótano de la torre del castillo hay un grabado, pequeño, pero estéticamente interesante. Según algunos representa a un perro guardián o a un león de estilo nazarí. Este elemento real fue el desencadenante del cuento y, a mi modo de ver, conectaba la realidad con la magia. Así que imaginamos que fuera un león y que fuese una figura totémica, el alma del castillo, dibujada por un miembro de las huestes de Abderramán”. El segundo personaje es la chova Huerva (o las chorvas, que ha tenido muchas el castillo) y está conectado con la realidad. “Las chovas anidaban en su torre y Fabio me contó que, tras la restauración, le sugirieron respetar su nido, pues como aves territoriales que son evitarían la presencia de otros pájaros”.

La chova y el león tenían que conocerse y hacerse amigos. Y así sucede en el cuento de dibujos “muy detallistas, con un punto naïf, inocente”. Se les une otro elemento anecdótico, un cilindro que se halló en el transcurso de los trabajos de rehabilitación, en el foso. “Coincide con la época de la expulsión de los moriscos (de esta localidad marcharon más de 800 personas) y con el comienzo del declive del castillo. Es verosímil que fuese enterrado con algún tipo de motivación religiosa relacionado con la expulsión. En su interior se halló un pergamino muy deteriorado con motivos vegetales”, resume Carlos Soler.

El castillo de Cadrete, histórica y artísticamente, pertenece a una tipología musulmana de torre o atalaya. La primitiva construcción fue erigida en seis meses para sitiar la ciudad de Saraqusta y se remonta al tiempo en que el poderoso Abderramán trataba de consolidar un califato. Carlos invita a visitar el castillo restaurado -“ahora ha perdido aquel aire fantasmagórico de antaño”, revela-, y el nuevo centro de interpretación. “Más que de la historia puedo hablar de la poesía del lugar, de su ubicación, ahora un tanto descontextualizada, con un pueblo desarrollado y moderno a sus pies. Desde su interior se percibe su estratégica situación. El castillo controla el valle del Huerva y permite disfrutar del austero y hermoso paisaje de yesos de los montes de La Plana. Ese mismo yeso es el material en el que está construido y que le hace tener una extraña tendencia a disolverse con el paisaje, del cual procede, como si fuera un azucarillo”, asegura Carlos Soler. “Los álbumes ilustrados tienen la ventaja de que entran por los ojos y la respuesta de la gente es muy positiva en ese aspecto”, sentencia.

 

*Ilustración del autor y dibujante Carlos Soler. El artículo apareció el domingo en 'Heraldo de Aragón'.

 

 

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