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MAYA GODED: UN DIÁLOGO

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Maya Goded (Ciudad de México, 1967) es una de las grandes fotógrafas de América. Podríamos decir que está en la línea de artistas como Susan Meiselas o Nan Goldin. Estos días ha participado en Albarracín en el Seminario de Periodismo y Fotografía, que coordina Gervasio Sánchez. “Mi abuelo era aragonés. Se dedicó a la hostelería, a la comida, y trabajó en el primer hotel de Acapulco. Y mi marido, el actor Daniel Giménez Cacho, nació en España, pero de niño lo trasladaron a México. Llevamos más de veinte años juntos”. Así se presenta esta mujer de voz tranquila y sonrisa leve que pronuncia con suavidad el ‘ahorita’.

-Abrió el sábado el Seminario de Periodismo y Fotografía. ¿Qué quiso contar?

He hablado de crear más puentes para la fotografía y del intento de llegar a más gente, para que mi obra no se quede en un círculo de fotógrafos. Yo no trabajo para periódicos. Hago fotografía documental y es difícil darle salida. Mis fotos, más que de colgar en casa, son más bien de museos y de coleccionistas, y a la vez trato de escribir textos que van con las fotos. Conté que hice un documental del año pasado.

-¿‘Plaza de la Soledad’ no? ¿Está basado en su conocido proyecto fotográfico en blanco y negro?

-Sí, sí. El de hace 20 años. Que llegase al cine comercial es muy raro, fue muy importante, muy lindo, siento que se cumplió un diálogo que yo necesitaba desde hace mucho: quería que lo viera y que provocara a la gente que no ve fotos. La película también se pudo llevar al senado, a los reclusorios.

He leído que regresó a la plaza en 2012. ¿Volvió a citarse con las prostitutas o sexo-servidoras, como las ha llamado alguna vez?

-Tardé tres años en hacer este trabajo. Yo, en realidad, siempre he tenido como una continua relación en la plaza y con las mujeres. Me gusta introducir, presentar cosas, que se mueva la gente; todas son mujeres que conozco hace veinte años. Luego también trabajé en una obra de teatro con actores de Ciudad Juárez, donde tantas mujeres son asesinadas, que habla sobre las mujeres que han desaparecido. También lo había hecho en fotos en la serie ‘Desaparecidas’. Será un documental extenso, pero el lunes (hoy) voy a proyectar una parte.  En estos años he trabajado en  páginas y documentales web. Se trata de buscar otros espectadores para estos temas de violencia, de abusos, de violencia de género.

-Su fotografía es de denuncia, de documento social, de la intimidad. ¿Cómo se define?

Me importan temas sociales, me gusta abarcar desde algo muy personal y muy íntimo. Son como temas que he ido buscando y que están vinculados con mi propia historia y mi vida personal, siento que mi trayectoria ha sido un caminar mío buscando cómo entender situaciones o cosas que viví de pequeña pero que también que me han preocupado a lo largo de mi vida. Deseo entender la sociedad y entenderme a mí misma, y eso quiere decir también entender mi infancia y mis fantasmas. Y todo es como si tuviera un único objetivo: encontrar el significado de la vida.

-Usted reflexiona sobre la prostitución, el cuerpo, la violencia, la maternidad…

-Sí. Son como temas de todos que hago míos porque una trata de entenderse,, como si quisiera fotografiar y escribir mi propia historia. Y también se trata de encontrar cómo le puedo dar a eso una dimensión más social y universal.

-Usted empezó trabando con Graciela Iturbide, una de las grandes fotógrafas de América. ¿Qué aprendió de ella?

-Aprendí que hacer fotos no es solo tomar fotos, sino enriquecerte. Que hay que leer, que hay que soñar, oír música, la vida es algo mucho más amplio que tomar fotos. Gaciela Iturbide es una mujer muy culta en la música, en la lectura, en el pensamiento; me ha inspirado mucho para mi obra por su trabajo artístico y antropológico. Y ella me enseñó a jugar en la foto…

-¿Jugar’

Sí, sí, sí. Jugar en la foto. Yo juego, para mí fotografiar es jugar con la gente que estoy trabajando. En el documental yo tenía una idea, pero ellas, las mujeres también planeaban cosas. Se trata de que también la voz del otro salga en la foto y, ay, en el acercamiento. No creo en absoluto en la foto objetiva. La foto, hagas lo que hagas, es subjetiva, es opinión, es una forma de mirar. Sé que uno provoca tomando fotos; entonces también hay que saber jugar con eso.

Me llama la atención ese grado de intimidad que logra: saca a algunas prostitutas con sus amantes ocasionales, le dejan retratar sus cuerpos, sus pechos. ¿Cómo lo logra?

Nunca estás en la misma situación, claro, pero sí creo que hay que entablar la relación lo más horizontal posible. Para mí eso es lo que me gusta de la foto. Llegar al lugar, quitarte todos tus tabús y dejar que esa realidad te modifique, te mueva, te estremezca. De lo contrario no tiene sentido para mí tomar fotos. Yo también me abro y dejo que me toquen las cosas. Eso lo nota la gente a la que le haces fotos.

-Me ha parecido que en los últimos años, el vídeo y el cine la han seducido. ¿Es así?

Cuesta mucho tiempo hacer una película. Son diferentes. En el cine trabajas en equipo, con otras personas, y tenía mucha necesidad del movimiento y del sonido, pero ahorita creo que estoy cambiando mi rumbo totalmente. Ya no busco violencia y mujeres, busco otras cosas, medicina ancestral y otros temas. Iniciaré un viaje mío, interior, en el que me acompañará la foto fija. Para explorar el mundo lo mejor es ir con una cámara y sola.

 

 

 

 

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