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LOS CANTAUTORES EN EL II CONGRESO JOSÉ ANTONIO LABORDETA

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II Congreso José Antonio Labordeta

de Política, Comunicación y Periodismo


El II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo, que se  celebra hasta el sábado en la Sala Goya de las Cortes de Aragón - Palacio de la Aljafería de Zaragoza se ha centrado este viernes por la tarde en “Los cantautores en la transición”. Tras la ponencia del periodista Antonio Gómez, los protagonistas han sido ellos: Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Marina Rossell, Luis Pastor y Joaquín Carbonell, cuatro hombres y una mujer con sus canciones inmortales, con sus palabras fraternales, con su música sin fin. [Nota de Ana Rioja y el comunicación de la Fundación.]


Los cantautores en la transición


El II congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo ha reunido esta tarde a cinco cantautores de la transición.
Todos ellos han relatado ante un público entregado qué es para ellos la canción de autor y cómo se formaron como cantautores. Serrat ha contado que “comencé a escribir canciones como una forma de expresarme, en el afán de buscar canciones con contenido”. “Fueron los años más felices de mi vida, los de la transición, porque pensábamos que éramos inmortales e inmoribles” con un oficio maravilloso que me ha permitido escribir, cantar e ir por el mundo”. 

“Hace  40 años, los cantautores éramos personajes con la guitarra colgando, con pelo abundante y de izquierdas, pero en estos momentos ha habido un desarrollo de la música en el que los cantautores siguen siendo hombres que escriben canciones y las cantan, pero tienen más dependencias, están más esclavizados por productoras. Ahora somos una especie en extinción, unos venerables ancianos”.

Serrat ha recordado cómo fue su aprendizaje en el mundo de la canción cuando su abuela le compraba “Cancioneros” a los 4 años para poder seguir las canciones de la radio. “Mi segundo gran estímulo fueron las mujeres, que me hacían más caso si les cantaba La flor de la canela, y luego ya, cuando me incorporé a la nueva canción catalana. Y ha confesado su amor por Charles Aznavour, junto a la canción sudamericana.

Y lo que más ha enriquecido su vida y sus canciones son las “gentes que he ido conociendo a lo largo de mi vida, y que no sé cómo se llaman. Y viajar. Es necesario que la gente viaje, conozca, sepa… para llegar a la conclusión de que la gente sangra de la misma manera, y sueña, y ama a sus hijos de la misma manera. Todos somos iguales.

Marina Rosell ha confesado que viene de la tradición de todos los cantautores presentes esta tarde: Serrat, Víctor Manuel… y José Antonio Labordeta “el abuelo”. “Conocí a Labordeta en 1976, cuando grabé mi primer disco, a través de Ovidi Montllor. Me impresionó conocerlo, en su voz había sabor a tierra. Serrat fue mi otra gran influencia: él cantaba lo que yo veía y no pensaba que lo veía. Él ha trazado un hilo de identificación magistral entre todos nosotros. Ha hecho canciones superiores a él. Él y Paco Ibáñez que nos acercaron, además, a los grandes poetas del 27 musicalizando sus versos”.

“El espíritu de la transición fue la de la fraternidad de las culturas y yo canté con esa intención. Pero yo soy más feliz y mejor cantante ahora que en la transición, porque he podido formarme y sé lo que quiero. En la transición la felicidad era otra cosa, era la alegría de salir de un túnel, del franquismo”.

 

 

Marina Rosell ha asegurado que “la canción es palabra. Los cantautores son palabras. “Y hoy, en este momento, lo que ha faltado es la palabra. El gran desafío es cantar en la lengua del otro”.

Víctor Manuel ha asegurado que comenzó a escribir y a cantar escuchando la radio, oyendo a esos cantantes franceses e italianos. “Y luego te das cuenta de que componer tiene algo de inconsciente, una idea que te asalta, y que no hay nada más maravilloso que escribir una canción”.

Y ha recordado la transición como un periodo febril. “Me convertí en un activista, pero no fue un tiempo perdido. Ahora los cantautores tienen más difícil sobrevivir, porque no tienen la complicidad de los medios de comunicación”.

Luis Pastor llegó a la música porque “soy un ser musical. Estaba todo el día cantando. Hay algo maravilloso en mi vida, que es componer. Mis referentes están en el barrio, en los curas obreros, en las charlas, las lecturas… Componer es crear un nuevo ser y hay que respetar siempre la creatividad, porque la música, las canciones (con todo lo que tienen de conocimiento, crítica y reflexión), nos ayudan a ser mejores personas”. “No vamos a volver a ser los cantautores que fuimos. A los cantautores ya no se les necesita como en la transición. No conseguimos la utopía, pero vivimos en ella”.

Joaquín Carbonell ha manifestado que “yo también canté por ti, Serrat, porque nos enseñaste por dónde ir. Y por José Antonio Labordeta, mi profesor en Teruel, que cantaba rancheras porque en Teruel, entonces, no había nada que hacer. Cantábamos para pasar el tiempo, hasta que Sanchis Sinisterra, también profesor en Teruel, le dijo que compusiera sus propias canciones: abre la ventana y canta lo que ves, y lo que vio fueron unas tierras rojas que pasan hambre… una canción”. Para Carbonell, otra de sus revelaciones fue cuando, tras escuchar a Brassens, supo que se podían hacer canciones con ironía.


Cantautores en la transición, una música sin fin

Muy interesante ha sido la intervención previa de Antonio Gómez, referente del periodismo especializado en música. En los años 70 fue responsable de la sección de cantautores en el sello Movieplay-Gong, que dirigía Gonzalo García Pelayo. Minutos antes de la misma, el cantautor Luis Pastor ha recitado su ya célebre poema-canción “¿Qué fue de los cantautores?”, que ha emocionado a todos los asistentes al congreso (más de 200 personas).

En su ponencia “Cantautores en la transición, una música sin fin”, Antonio Gómez ha repasado la historia de la canción de autor en España, desde sus primeras influencias francesas en los años 60 (Brassens, Ferre, Brel y la plana mayor de  la chanson) a la latinoamericana, (Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra, Carlos Puebla o Chabuca Granda). Ha mencionado a los pioneros, “el surgimiento inicial de las primeras muestras de canción de autor española (más preciso sería decir catalana, Pi de la Serra, Enric Barbat, Guillermina Mota, Joan Manuel Serrat, María del Mar Bonet, Rafael Subirachs y Lluis Llach”. Ha hablado de su apogeo en los años 70 y de cómo le afectó la transición, su crisis y su nuevo resurgimiento.

Pero, sobre todo, ha puesto de manifiesto que “los cantautores antifranquistas no fueron tan sólo voceros más o menos frustrados de la revolución, fueron, ante todo, creadores artísticos. Contemplar  la canción de autor exclusivamente desde el punto de vista del testimonio político ofrece una imagen de los cantautores excesivamente simple y reduccionista y falsea su verdadero significado.

Cierto es que se convirtieron durante la transición en un medio de comunicación con el público, “constatando que la canción podía ser un medio artístico, musical y poético a la vez, con el que expresarse en relación con la sociedad”.

Para Antonio Gómez, “la responsabilidad de haber sido los primeros en España, no ya en componer nuevas canciones, sino en haber llevado esas canciones más allá del estrecho círculo de sus seguidores más cercanos, fue de tres nombres propios, artistas fundamentales ahora, cuya decisión de cantar nació de forma independiente y contemporánea: Raimon, Paco Ibáñez y Chicho Sánchez Ferlosio. No sólo es que fueran los primeros en grabar discos de larga duración en 1964, sino que sus canciones conectaron inmediatamente con ese tejido social antifranquista”.

Respecto a las críticas sobre la excesiva simplicidad de la canción de autor, ha precisado que “en sus primeros años, la canción de autor quiso ser voluntariamente sobria en su expresión musical, para destacar la importancia y la calidad del texto, en la necesidad de buscar la esencialidad de la canción. Se quiere una canción que comunique. Eso lo facilitaba la guitarra, pero dentro de la canción de autor hay todo tipo de instrumentos y estilos: el jazz, el folk, el flamenco o incluso el rock. La variedad musical de la canción de autor es evidente, pese a que digan que es monótona”. Desde comienzos de los años setenta y hasta la muerte del dictador, los últimos aleteos posteriores de la dictadura y el comienzo de la transición propiamente dicha, la canción de autor española fue haciéndose transversal, abarcando prácticamente la totalidad de los géneros musicales”.

Además -ha explicado- la canción de autor es una poética. La nómina de poetas musicados por la canción de autor es muy extensa (desde Góngora a Lorca, Miguel Hernández, Machado…). Los cantautores representan la corriente crítica y popular de la poesía española y encuentra en los años 60 y 70 su actividad lógica. Poesía con una sensibilidad contemporánea”.

Otro rasgo de la canción de autor, según ha expresado en esta ponencia, es que es el primer signo identitario de muchas comunidades. Prueba de ello es la cantidad de himnos que son adoptados. Algunas de aquellas canciones antifranquistas  se perdieron en la noche de la historia, pero otras, las mejores, se convirtieron en himnos movilizadores que sirvieron como elementos de identificación y reafirmación colectiva, de símbolo de unidad y solidaridad, de dinamizador de la lucha contra la dictadura y de alumbradores de un futuro en libertad. “Gallo rojo, gallo negro”, “España en marcha”, “Andaluces de Jaén”, “A galopar”, “Diguem no”, “D’un temps d’un pais”, “Bella, Ciao”, “No nos moverán”, “L’estaca”, “Somos”, “Canto a la Libertad”, “A cántaros”, “Qualsevol nit pot sortir el sol”, “Vallecas 75”… No es preciso decir los nombres de quienes nos las enseñaron, porque sabemos quiénes fueron.

“Si hubiera que datar el momento en que la transición llegó a la canción de autor española, bien se podría fijar en el 9 de mayo de 1976 y situarlo en la Universidad Autónoma de Madrid”, ha señalado. Aquel día y en aquel lugar la iniciativa aparentemente voluntarista y entusiasta de un grupo de estudiantes reunió a 50.000 personas ante 21 de los más destacados cantautores de todo el Estado español e incluso Portugal, incluido alguno, como Mikel Laboa o Raimon, que nunca antes habían aceptado participar en un acto de similares características. Se llamó Festival de los Pueblos Ibéricos y, si en aquel momento era el punto más alto que habían alcanzado los cantautores como representantes y potenciadores de una voluntad común de libertad, con la perspectiva del tiempo se puede comprobar que también supuso el comienzo de su decadencia en ese terreno concreto de influencia en la historia, de su capacidad de movilización política. Su cenit, pero también su canto del cisne”.

La herencia recibida

La ponencia de Antonio Gómez ha concluido de este modo: “Si la canción de autor española hubiera sido tan sólo un testimonio de resistencia contra el franquismo, en este punto acabaríamos este repaso del tema. O, como mucho, empezaríamos a hablar de memoria histórica, de lo que fue y que, aunque ya haya dejado de serlo, merece ser recordado como reivindicación y enseñanza del pasado. No es el caso, pues la canción de autor en España no es hoy tan sólo memoria de un ayer ya transcurrido, sino presencia viva y renovada. A lo largo de los más de treinta años transcurridos desde aquella transición, la canción de autor ha continuado activa, en muchos de sus viejos cultores, pero también en nuevas voces que han ido surgiendo hasta ahora mismo en una sucesión de oleadas generacionales. Jóvenes y ya no tan jóvenes que recorren los bares con una guitarra a cuestas, cantado para un público fiel y entusiasta, por más que minoritario, como si de una vueltas a los orígenes se tratara, convertidos los clubs juveniles o culturales de antaño en los actuales garitos con micrófono y mínimo estrado. También hay en ellos un cierto regreso a las raíces formales, con la guitarra como principal, y a veces único, acompañamiento.

La lista de cantautores españoles surgidos tras la transición política es larga, y en numerosos casos su obra valiosa. Desde Ruper Ordorika o Javier Ruibal, reciente Premio Nacional de las Músicas Actuales, que abrieron paso a las nuevas generaciones allá por los comienzos de los ochenta, hasta Pedro Pastor Guerra, que con apenas 23 años ha mostrado ya sus cualidades de heredero no sólo musical, sino biológico. Y ahí queda en mezcla cronológica un listado (somero, que el espacio manda): Pedro Guerra, Javier Batanero, María José Hernández, Albert Pla, Javier Bergia, Fermín Muguruza, Marta Plumilla, Ismael Serrano, Andrés Sudón, Emilio Cao, Silvia Pérez Cruz, Javier Álvarez, Rozalén

 

 

Una continuidad generacional que no se explica sólo por la posible devoción de los más jóvenes hacia sus mayores, muchos de ellos perfectos desconocidos para las nuevas generaciones, o por la importancia que le puedan a su papel histórico, sino porque la canción de autor supuso, en todo el mundo y también en España, la creación de un lenguaje creativo compuesto por diferentes modelos musicales y poéticos, y cuya esencia fue y es la actitud del autor y cantante ante la canción que compone y canta, considerándola como una obra creativa y artística, adulta y madura, capaz de expresar las complejidades del conjunto de los humanos, de sus vivencias personales o sociales, afrontadas a menudo desde un punto de vista crítico y a veces subversivo.

 

CLAUSURA DEL CONGRESO MAÑANA SÁBADO. Para concluir el congreso, mañana sábado a las 10 horas se realizará una visita guiada al Palacio de la Aljafería para los congresistas y tras ella habrá una ponencia a cargo de Eloy Fernández Clemente sobre “Andalán”.

El II Congreso José Antonio Labordeta de Política, Comunicación y Periodismo aborda “La transición en España”, “La transición en Aragón”, “La transición y los medios de comunicación, nacionales y aragoneses”, “Los cantautores en la transición”, y “Andalán”. Está organizado por la Fundación José Antonio Labordeta, con la coordinación de Antonio Ibáñez, y cuenta con la colaboración de Las Cortes de Aragón, el Gobierno de Aragón, el Ayuntamiento de Zaragoza y Caja Rural de Teruel.

Participan en este congreso célebres políticos, periodistas, historiadores y otros agentes sociales que vivieron muy de cerca y fueron protagonistas de esta transición, esos años en los que se selló gran pacto político, a base de diálogo y consenso, para que España llegase a ser una democracia; un talante y unos modos de hacer que hoy, más que nunca, conviene recordar y debatir. Por ello, este congreso aborda la importancia de ese periodo histórico en el que José Antonio Labordeta también participó con un protagonismo determinante.

La Fundación José Antonio Labordeta es una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo principal recordar, estudiar, preservar y difundir la obra, el pensamiento y la memoria del escritor, músico y político aragonés, así como acoger la obra de todas aquellas personas vinculadas generacional o afectivamente con él. Horario para visitar su sede (calle Mariano Barbasán, 5 – entrada por la calle Latassa): de lunes a viernes de 10.30 a 13.30 horas. Entrada: 1€.

 

*La foto es de Javier Castejón.

 

 

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