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ALEJANDRO PALOMAS, PREMIO NADAL

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[Alejandro Palomas acaba de ganar el premio Nadal con 'Un amor'. Hablamos hace ahora casi dos años de su último libro: 'Un perro', cuya atmósfera no es ajena a este libro, que saldrá el 6 de febrero. Hablamos hoy un instante, por Facebook, y Alejandro ofreció esta definición de su libro: "Un amor' es una inyección de vida directa al plexo, 24 horas de familia al desnudo con retrato de madre irreverente al fondo".] 

 

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) publica en castellano y catalán ‘Un perro’ (Destino). Acaba de presentar esta novela familiar en Cálamo

 

 

Alejandro Palomas «Un perro es el espejo donde se miran todos»

 

 En apenas tres años ha publicado ‘La madre’, ‘Un hijo’ y ahora ‘Un perro’. Y siempre la familia de fondo. ¿Por qué?

Llevo muchos años escribiendo de la familia. Me gustan mucho las relaciones no elegidas, porque son muy reactivas. Surge un conflicto que todo el mundo reconoce y que no exige explicación. Como novelista, voy muy directo a lo que quiero y necesito que los pilares estén puestos para destacar aspectos que me interesan mucho. Necesito creer y hacer creer que hablar mejora las cosas.

¿Qué más quiere destacar?

El valor de lo pequeño. Me emociona lo que tenemos al lado y no valoramos nada porque está. Para mí es como un misterio. Vivo muy concentrado en eso: en lo que es, en lo que está, en lo que perdura, en lo que no perdura, en las filias y en las fobias.

¿Cuáles son sus filias y sus fobias?

El inglés, por ejemplo. Sueño en inglés y he tenido una experiencia reciente en la que he descubierto que lo más profundo de lo que yo siento lo siento en inglés. Otra de mis filias es el silencio. Me apasiona, y eso es algo que resume la novela. Digo en ‘Un perro’ que cuando callan los de afuera empiezan a hablar los de dentro.

¿Podría explicarse?

Me siento muy habitado por voces, por muchas voces, las oigo literariamente y las incorporo con facilidad. Y eso me aleja de la locura. Me gusta actuar, me gusta encarnar a un personaje. Estoy escribiendo y actúo, como si fuera un actor. Como si radiase los diálogos; necesito sentirlos en la lengua. Tiene que haber una música. Esta novela la he escrito oyendo a diario un disco de Erik Satie. El lenguaje debe sonar con cierta delicadeza.

¿Fobias?

El ruido. Me crispa porque todas las voces que tengo aquí dentro necesitan mucha concentración. Cada vez hay más ruidos. No tenemos cultura de respeto al silencio. También tengo fobia a los cazadores. No entiendo el maltrato animal convertido en entretenimiento. Este binomio me crea agresividad.

¿Es verdad que tiene un perro que se llama Rulfo?

Desde hace once años, seis meses y 18 días exactamente. Aquí es R, el protagonista. Es el espejo donde se miran todos. Es el único por el que lo dejan todo: Fer, el protagonista, sus hermanas o la madre, que es cándida y borde a la vez. R es el tipo de amor en el que todos se encuentran aliviados. Es el amor que todos quieren conservar porque no juzga.

Vive en la convulsa Cataluña y en un país que no logra elegir presidente. ¿Cómo le marca la realidad?

Nunca hago referencias a la actualidad. Soy muy atemporal. Me da miedo que mis novelas envejezcan mal. Huyo de las referencias concretas y también de los lugares. Manejo espacios cerrados, teatrales, como Javier Tomeo. No querría que la realidad fuera otro personaje. Necesito carne, intensidad, que se toquen mis criaturas, las tengo que ver sudar…

¿Qué anhela con sus libros?

Crear en el lector un chorro de emoción. A veces me cuesta dosificarme. Yo escribo al plexo, al estómago, no escribo a la cabeza, y quiero que desde ahí se irrigue la fuerza. Soy un escritor estremecido que busca conmover al lector. ‘Un perro’ no ha acabado aquí. Yo soy incapaz de pasar el duelo que supondría despedirme de estos personajes.

 

*La foto de Alejandro Palomas es Efe, de Marta Pérez. 

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