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CRISTINA MARTÍNEZ DE VEGA HABLA DE SU ABUELO KAUTELA

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Cristina Martínez de Vega es nieta de Francisco Martínez Gascón, alias Kautela, que trabajó muchos añoso en Heraldo de Aragón. Primero como fotorreportero y luego como cónsul de noticias y asesor de la redacción. Cristina le dedicó su tesis doctoral y hace poco un libro, coescrito con Víctor Lahuerta y Álvaro Capalvo, ’Kautela. ‘Un fotógrafo en la España franquista (1928-1944)’ (IFC. Serie Negra).

 

-¿Recuerdas la primera imagen que tienes de tu abuelo? ¿Qué relación tuviste con él?

La primera exactamente no, pero lo que sí recuerdo es haber estado junto a él en la antigua redacción de Heraldo. Recuerdo ver a los trabajadores componiendo con tipos las páginas del Heraldo de entonces, con aquel formato mucho más grande de lo que es ahora. Nuestra relación no fue la típica de abuelo-nieta. No era el típico abuelo que leía cuentos.

-¿Qué se contaba en la familia de él, cuál era la leyenda o las leyendas que lo envolvían?

Se contaban muchas anécdotas, pero sobre todo se hablaba de su manera de entender la vida y de las amistades que tuvo. Mis abuelos fueron muy amigos, entre otros, de Aurora Redondo y su esposo Valeriano León, de Concha Piquer y Gitanillo de Triana o Manolete… Sin ir más lejos, Celia Gámez fue la madrina de bautismo de mi padre. Recuerdo perfectamente a Celia Gámez o a Aurora Redondo fuera de los escenarios.

-¿Cómo crees que le marcó tu abuela, qué imágenes o sensaciones tienes de ella?

Tuvieron un noviazgo largo y una boda tradicional en 1938. En estos años, las imágenes que mi abuelo realiza a mi abuela son excepcionales por ver que, efectivamente, tuvo ahí una fuente de inspiración. Son delicadas.

Eran dos personas con caracteres muy marcados y con intereses comunes: el teatro, la literatura, las artes en general, los toros… y con un don de gentes extraordinario que les hizo vivir una Zaragoza a la que pocos tenían acceso.

-¿Cuándo empezaste a interesarte por él?

Realmente cuando encontré todo el material que después se convertiría en objeto de estudio de mi tesis. Hasta entonces, sólo había sentido el interés propio de una nieta que ha tenido poca relación con su abuelo. De hecho, cuentan que mi abuelo me conoció mientras mis padres me paseaban por el Paseo Independencia con unas pocas semanas.

-Uno de los capítulos más bonitos del libro -‘Un fotógrafo en la España franquista (1928-1944)’ (IFC. Serie Negra), escrito con Víctor Lahuerta, y con la colaboración del historiador Álvaro Capalvo- son sus archivos, la maleta, los positivos y negativos. Hacen pensar en la maleta mexicana de Capa. ¿Dónde estaba todo eso?

A la muerte de mi abuela, mis dos hermanos y yo, junto con mi madre, vaciamos el piso en el que habían vivido mis abuelos y mi padre. Cuando tocó vaciar el cuarto que mi abuelo había ocupado hasta su fallecimiento es cuando encontramos todo el material en un armario empotrado. La suerte quiso que estuviera más o menos bien conservado.

-¿Por qué decidiste dedicarle tu tesis?

En un principio no pensé en tesis. En un principio pensé en cursos de doctorado de Ciencias de la Información y Biblioteconomía con la intención de encontrar la manera de ordenar ese material de forma sistematizada. Tuve la suerte de que la Doctora Carmen Agustín Lacruz me dirigiera aquellos cursos y fue ella la que vio el potencial de todo ese material. Después de años de trabajo juntas se materializó en una Tesis doctoral que defendí en marzo de 2016.

-Ya desde un punto de vista más profesional, ¿cómo lo ves tú? ¿Qué tipo de fotógrafo es para ti?

Resaltaría su visión tan cinematográfica que puede verse en algunas de sus imágenes como las de los pontoneros cruzando el Ebro por Quinto, o sus retratos a Yagüe donde el protagonista no posa sino que es captado.

-¿Qué significó para él estar en la insurrección de Jaca?

Es su primer gran hito como fotógrafo. Estas imágenes del juicio a Galán y García están firmadas por Chivite aunque las fuentes documentales y orales confirman que las realizó mi abuelo.

-¿Le perjudicó o no estar en el estudio de Marín Chivite?

Todo lo que salía del Estudio de Marín Chivite iba bajo la firma de éste, algo frecuente en todos los estudios de fotógrafos de prestigio. En ese sentido pudo ser perjudicado como el resto de sus compañeros pero por otro lado, le facilitó la entrada en la redacción del Heraldo. Al ser apresado Chivite por los republicanos, mi abuelo tuvo que asumir el papel del fotorreportero que no estaba y por eso pudo fotografiar todos los frentes.

-Estuvo en todos los lugares de la Guerra. ¿Qué vínculo tenía con Yagüe, con la Falange y con el Movimiento?

No sabría decir exactamente. Lo que parece claro es que algún vínculo tuvo cuando pudo conseguir los salvoconductos que le permitieron viajar libremente por los frentes o que el mismo Serrano Suñer firmara el que le permitía entrar con Yagüe y sus tropas en Barcelona.

-¿Qué fotos te emocionan más de él?

Quitando las del ámbito estrictamente familiar, las del juicio a Galán y García por ser el único en conseguir esas imágenes, y las de la entrada de las tropas en Barcelona.

-Impresiona la parte final: Zaragoza, los toros, Manolete…

Los retratos a Manolete y su cuadrilla creo que son realmente delicados en el tratamiento del plano.

-¿Qué le sucedió en los años 40? Le niegan el carné de prensa, está en la cárcel… ¿Cometió algún error?

Lo desconozco, en mi familia nunca se ha hablado de este tema y los que lo podrían saber ya no están.

-¿Cómo se recicló en una suerte de embajador de Heraldo?

Por ese carácter tan extrovertido del que ya le he hablado, sabía estar en todas partes y encontrar la noticia para Heraldo.

-¿Te ha sorprendido el interés que ha suscitado la publicación en Madrid y Barcelona?

Sabía que en Barcelona, este material inédito que muestra la entrada de las tropas de Yagüe iba a llamar la atención. Estoy muy agradecida a todos los medios que os habéis interesado por la publicación de este libro.

-¿Qué crees que te diría tu abuelo si viera todo lo que has hecho por él?

Francamente, no lo sé pero quiero creer que le alegraría que su única nieta mostrara interés en su obra.

-¿Por qué crees que fue conocido por Kautela?

Alfonso Zapater, amigo íntimo de mi abuelo y periodista de Heraldo, lo describió como nadie en una página que le dedicó el día posterior a su muerte, en febrero de 1983. “Lo importante en este mundo es andar con cautela”. Mi abuelo, además, personalizó la palabra y fue Kautela, con K.

-¿Qué es lo más bonito que te ha pasado con este proyecto?

Por un lado, descubrir las series de negativos de la Guerra Civil que me han llevado a seguir los pasos de mi abuelo durante el conflicto. Por otro lado, haber podido trabajar mi tesis bajo la dirección de Carmen Agustín Lacruz. Han sido muchas las horas que ambas hemos compartido en este proyecto.

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