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Ruben Lorenzo y Pilar Bayona

Esta tarde, a las ocho, en el Salón del Trono de la Aljafería, el pianita Rubén Lorenzo ofrece un concierto de piano en homenaje a Pilar Bayona (1897-1979), con el mismo programa que dio la concertista un siete de noviembre de 1979 en el salón de la CAI, apenas un mes antes de que fuese arrollada por un coche. Fue su último concierto. Rubén Lorenzo, que alterna las actividades pedagógicas con la interpretación, estudió con Pilar y con su hermana Carmen Bayona, y además tiene el piano en que tocaba en sus últimos años aquella mujer menuda que deslumbró en la Residencia de Estudiantes a Adolfo Salazar, Federico García Lorca y Gerardo Diego.

Y esta noche, si hay alguien que quiera hacer boca, "EL Paseo" de RTVA ofrece un monográfico sobre Robert Capa, que falleció tal día como hoy, en 1954, en Indochina. Gervasio Sánchez comenta, explica y disfruta con la vida y la obra de este hombre maravilloso que enamoró a Gerda Taro, Ingrid Bergman o Hedy Lamarr. Además, amaba el juego, las apuestas en las carreras, el alcohol y la mirada profunda de los desamparados. Se emite a las once de la noche.

Trinidad Ruiz Marcellán ya se ha ido a casa, a Litago. Ana Latorre no puede leer apenas, pero escribe notas y ha llenado el bloc que le han regalado sus sobrinas con un montón de preguntas para los médicos. Una de ellas dice: "¿Qué voy a poder hacer durante el mes que voy a estar en mi cama, completamente horizontal, con un corsé?". Pronto sabremos la respuesta.

Han ido los "Príncipes del pueblo" a Albarracín. Unos días antes, muchos asistimos a otra conmovedora historia de amor: la de Antonina Rodrigo y la Eduardo Pons Prades, él se movía con dificultad, pero no le desalentó el empedrado. Ese hombre tierno y afable que es Eloy Fernández Clemente lo llevaba de aquí para allá en su coche en un homenaje del discípulo ilustre al ilustre maestro de la vida y la historia. Y en el Centro de la Tercera Edad dos señoras distintas me contaban su historia de amor:

-Una, que tenía cinco hijos, me decía que no podía soportar la vejez porque su marido, que antes había sido un roble y que le hacía un hijo cada vez que volvía de Francia, lloraba por las esquinas. Ella intentaba consolar la ansiedad comiendo galletas María. Me ofreció una.

-Otra señora me dijo, con su marido al lado, que se habían casado tarde, que ella era cuatro años mayor que él, que no habían tenido hijos (la mujer se casó con 48 años), pero que el suyo fue un noviazgo muy decente y que no habían llegado a la vicaría en pecado mortal. "No piense que había pasado nada raro entre nosotros, señor", explicó. Viva el amor, aunque no sea real.
25/05/2004 11:21 Enlace permanente. sin tema

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