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Antón Castro

VIVA IMANOL

A finales de los 80, la Universidad de Zaragoza organizó un ciclo sobre los cantautores. Pasaron por aquí, por la Facultad de Ciencias, en concreto, Javier Krahe, Pablo Guerrero, José Antonio Labordeta, Paco Ibáñez, Luis Pastor, Hilario Camacho, Javier Ruibal, Quico Pi de la Serra e Imanol Larzabal. Me emocionó aquel concierto, en compañía de su pianista y compositor Karlos Giménez. Por entonces, Imanol –que era un hombre grande y dulce, que llevaba siempre jerseis un poco prietos, detalle en el que me hizo reparar Luis Felipe Alegre- acababa de publicar un disco en el que lo acompañaban, entre otros, Amaya Uranga o Paco Ibáñez, y musicalizaba un poema inolvidable: “Al oído” de Alfonsina Storni, que se había convertido en un himno privado que cantábamos algunos amigos, en cualquier sitio, entre ellos Luis Alegre. Imanol la cantaba en castellano con aquella voz henchida y arrastrada, poblada por un espeso rumor de manantiales, por la fibra más pura de un territorio de caseríos, prados y mares de plata fina. El disco era precioso, y lo conservo dedicado con su letra grande y su desbordado sentido del afecto. Nos hicimos muy amigos. Recuerdo que conversamos largamente para una entrevista que apareció en “El día” en una sección a doble página que se titulaba “El trovador ante el espejo”. Allí, Imanol hablaba de todo: de su padre republicano, de la presencia constante de su madre en su existencia (era como un refugio de cariño en el centro de todas las tormentas), de sus inicios como dantzari, de su pasión por los versolaris y por la poesía popular vasca. Hablamos de ETA, de la que se había desmarcado y quería romper de una vez con todas con el puñado de equívocos que lo perseguían. Defendía la paz, la libertad, el sueño intranquilo de ser vasco contra las maldiciones cotidianas y los tópicos.

Nunca lo perdí de vista. Nos llamábamos por teléfono, hablábamos de sus discos –hizo otro completo de Alfonsina Storni, grabó en vasco “El cántico espiritual” de San Juan de la Cruz, musicó a Neruda o Bécquer...-, volvió a cantar al Teatro del Mercado, pero siempre le encontraba yo una suerte de desamparo, de desubicación social e íntima. Buscaba, tan grandullón como era: gigantón vasco de raíz honda, su lugar en el mundo. Parecía superado por las circunstancias, errático, como incapaz de asumirse a sí mismo y a todo lo que había dejado atrás. Ya había tenido que marcharse del País Vasco, había recibido amenazas escritas en forma de leyenda mortal en las paredes, y seguía contra viento y marea. Lo admiraba con auténtica locura. El cariño siempre nos acerca de manera definitiva al arte. Sus discos sonaron en mi casa casi obsesivamente, exactamente igual que sonaron en otros momentos Lluís Llach, Amancio Prada, Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Maddy Prior, Labordeta, Kate Bus, Peter Hammill o Javier Ruibal, que es uno de mis cantautores constantes, entre otras por es un príncipe árabe del sur que cantó a pelo, sin música, para mí en el Puerto de Santa María en la presentación de uno de mis libros más queridos: “Los seres imposibles” (Destino, 1998). Para mí Imanol significaba muchas cosas: era mi cantante vasco predilecto –y he sido también un oyente constante de Mikel Laboa y de Ibáñez, que es otro hombre de acción que me inspira sentimientos de ternura y solidaridad-, era un ser humano entrañable en las distancias cortas, era un inadaptado, un fervoroso divulgador del patrimonio vasco más libre y menos sectario, y siempre mostraba su afecto, su humanidad, en una dedicatoria, en el modo de cantar, en una carta, en los recuerdos que vertía para nosotros en los oídos de José Antonio Labordeta.

He buscado aquella entrevista, he rebuscado en el sótano –donde duermen Patricio Julve y Noa. ¡Qué alegría, Patricio, ver que tienes correo electrónico y posiblemente un dominio propio en la red y que nunca me había dicho nada!-, pero no he dado con la carpeta adecuada. Sé que está allí, con las de Luis Pastor o Pablo Guerrero, que también me parecieron entonces hombres tristes, desarbolados por el último regate del destino. O con la de Paco Ibáñez. Para mí entonces fue muy emocionante entrevistar a Paco Ibáñez. Era un mito, un cómplice desconocido, un poeta de poetas. Y lo más bonito fue que llamó a casa y le dijo a Carmen, mi mujer, que se quedó literalmente estupefacta: “Hola, soy Paco Ibáñez. ¿Podrías decirle a Antón que es un gran retratista?”. Carmen, la dueña de la perra Noa, pensó que se estaba confundiendo. “Si él no hace fotos en la prensa”. Insistió Paco Ibáñez: “Dile eso que él lo entenderá”. Poco después llamó Imanol, tal vez dos semanas más tarde. Entonces sí estaba yo en casa, hablamos brevemente y le pedí sólo una cosa: “¿Puedes tararearme ‘Al oído’?”. Por supuesto que es una pequeña extravagancia, pero a mí cuando me gustaba más Imanol Larzabal era cuando cantaba “a capela”, con la voz desnuda, con aquella voz que parecía surgir del fondo de la tierra o los subterráneos del alma libre. Y a través del teléfono sonó admirablemente de nuevo.

Voy a levantarme a seguir buscando aquella entrevista. Mientras, escucho de nuevo, el poema de Alfonsina Storni, que buscó su última morada en el mar, ese camino. Poco antes, escribió un poema que se titulaba “Me voy a dormir”. Imanol Larzabal también se ha ido a dormir para siempre, demasiado joven, demasiado lejos de Euskadi, demasiado lejos de dónde, demasiado lejos de tantos buenos amigos que había dejado en Zaragoza y que ahora lo lloramos muy de veras, con el corazón encogido... Uno de ellos es Luis Alegre, que me ha puesto un correo muy sencillo: “Viva Imanol”.

5 comentarios

dafne -

pues imanol puede acer lo que quiera en sus entre vistas y vesos para imanol no puedo decir mi nombre sorri

Karlos Gimenez -

Tengo el orgullo, placer y satisfacción de haber trabajado, disfrutado y compartido 20 años de mi vida con Imanol, a mi parecer la mejor voz que ha tenido Euskalherria en muuuchos años. Su muerte nos ha dejado a todos un poco huérfanos, un poco abandonados. Querría, desde aquí, animar a todo el mundo a escuchar las bellas canciones que cantó o compuso (que no son pocas...). La vida, una parte de la sociedad, algunas personas en concreto, fueron crueles con él y ésto ya no tiene arreglo... No sé si los humanos alguna vez aprenderemos... Aunque también tuvo auténticos amigos. La vida es dura, pero es lo único que tenemos, o quizás sea ella la que nos posea... Un abrazo a todos.

bojena la polaca -

j'ai rencontre imanol et juli avec paco ibanez pendant l'enregistrement de "illun Ikarrak", je suis triste aujourd'hui d'apprendre sa mort. la m npis reprend toujours trop tot les gens que nous aimons le plus. le pays basque a perdu un grand homme de paix.

analiz -

hola imanol quiero desirte que yo no soy una de tu fans yo soy de honduras y yo no tengo un sueño solo que quiero ser tu novia bueno o amigos aun que tu no me conoses as de pensar que soy una loca pero yo me enamore de ti cuando te vi bueno no se si le puedes parar bola a una simple chica que quiere conoser tu corazon y si quieres agregarme a tu msn es analizvasquez_18@hotmail.com

josete -

me parece precioso articulo. Recuerdo el recital que dio en la Peña Laurentina, con Labordeta. He leido bastantes textos, y estás sembrado. Tiempo, arte y aire.
Victo me ha puesto en la pista. Me gustan tus textos. A ver si llega. Saludos. José