DE ANDERSON Y ARCADI ESPADA A ADRIÁN SERNA

2.Camino de Huesca, el fotógrafo Antonio Calvo Pedrós me contó el miércoles una espeluznante historia: la de su padre, que tenía tres carreras, herido en el frente de Belchite y fusilado luego en Codo. Era asistente del general Sanmartín y era el único de su familia que combatía con el bando nacional. Tenía 30 años y era un hombre apuesto que sedujo a una bonita modista, muy cristiana pero no beata. Ésta, para recibir una pensión de viudedad, tuvo que reconocer el cadáver. Le enseñaban un día y otro día un montón de cuerpos amputados, cuerpos que a veces se completaban con cabezas y extremidades ajenas. Tenía una cuñada que, ante la experiencia espantosa, le suplicó que dijera que los restos de su marido eran los de un soldado cualquiera. Al fin, pudo decir: Éste era mi marido. Le preguntaron cómo podía probarlo: Porque lleva su nombre, que yo le bordé, en los calzoncillos.
3.Fútbol en Barbastro y Villamayor. San Gregorio (División de Honor, infantil) venció al Barbastro por 0-2, con goles de Víctor y Héctor Solanilla. Víctor remató con inusitada veteranía de cabeza, estableciendo la armonía de todos los movimientos en el gesto, y Héctor recibió un balón a media altura, controló con el pecho y remató a media vuelta ante el entusiasmo de su abuelo, que se convirtió en el mayor forofo de los visitantes. Día espléndido y luminoso para un partido intenso, embarullado en ocasiones, y dominado ampliamente por el San Gregorio. Era la primera vez que veía vender al equipo, que tiene ahora 15 puntos. Jorge luchó como siempre, hizo alguna buena combinación y funcionó mejor por los extremos que como medio centro. Y el Garrapinillos de cadetes también pudo con el Villamayor por 0-4. Diego recibió un hachazo en un entrenamiento ayer de su amigo Óscar, al que pretende el Real Zaragoza, y estuvo lesionado en el banquillo, con la pierna vendada. El partido fue del viento o del cierzo, y de Mario Martín, de David (que me recordó a un pateador de rugby: marcó incluso un gol olímpico) y, sobre todo, de Adrián Serna, que jugó con elegancia, pundonor, sentido del desborde, fuerza y una ambición inusitada. El campo, elevado sobre un collado que se abre a los caprichos del aire enloquecido, es tan bonito y coqueto como impracticable en días como los de ayer. El balón correteaba con un resorte suplementario. Hubo muchas tarjetas e incluso una expulsión: Mario Martín, por un quítame allá esas pajas, fue expulsado y se perderá el choque contra el líder, el Huracán. Me gustó Villamayor: dimos un pequeño paseo, llamamos a Pepe Cerdá, contemplamos la arquitectura y los campos, y volvimos a casa con esa satisfacción incompleta de no haber visto a Diego sobre el campo. Para un sábado en que ganaban los dos equipos
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