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"PINTOR, PINTA Y CALLA" DE PEPE CERDÁ

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Pepe Cerdá es un pintor que se ha curtido en la aventura de vivir. Tanto su obra como su personalidad se nutren de continuas travesías, de un ir y venir permanente, de la curiosidad por aquello que no tiene que ser necesariamente lo más “cool”. Entre Klee, Anselm Kiefer, Picasso, Duchamp o Sorolla, se queda con Sorolla. O con Marín Bagüés. Le atraen el sentido del oficio, la luz esencial, la verdad que se presenta con el artificio justo. Sobre todo en el arte. Y también le atraen autores como Pla, el Dalí teórico, Fernán Gómez o Julio Camba. Y detesta, o cuestiona, a Picasso (“a mí Picasso me tiene hecho un lío”, confiesa), a De Chirico y al universo de ARCO: “¡Qué sitio más feo es ese ARCO y qué ridícula impostación de todo del mundo!”. A Pepe le atraen las conversaciones de bar, la arquitectura, los secretos de la tertulia y sobre todo los amigos. Tras una estancia breve en París, que es la ciudad-refugio, la ciudad a la que huye, la ciudad que recrea y donde se reinventa, revela: “Eso de que te conozcan de toda la vida y que se alegren de verte no tiene precio”. 

Pepe Cerdá es un pintor que escribe, es un escritor que pinta, es un pensador –en forma de sentencias, de parábolas, de retales que contienen una dosis idéntica de sinceridad y de provocación- al que le apasiona contar, escenificar el cuento como si fuese un narrador de “Las Mil y una noches”. Y luego, ya sobre el terreno, hace acopio de ingenio, ironía, erudición, y compendia el mundo y sus fábulas, y se las filtra a los demás. Pepe Cerdá se resume a sí mismo en su libro: “Pintor, pinta y calla” (Biblioteca Aragonesa de Cultura).        

El artista inició en noviembre de 2004 un exitoso blog, en el que repite “el gesto de escribir a nadie y a todos a la vez, como los perros ladran a la noche, como se hace en la red”. También confiesa que “el gesto de enviar al mundo un mensaje en una botella, como el náufrago, era sólo posible desde un sitio como Villamayor. En donde el tiempo pasa más lentamente, en donde se siente en la carne”. Es difícil estar siempre de acuerdo con Pepe Cerdá, pero si hay algo que lo caracterice es la sensatez, la lucidez y la ausencia de afectación. Va directo al grano, con un poco de puesta en escena, eso sí, y escribe de todo: de las pequeñas cosas personales, como las botas “Cletas”, la casa de la niñez, las navidades en familia. Habla de los paisajes próximos, vincula a Villamayor con la poesía china, y describe antológicamente un lugar al que llaman “el monte”; reflexiona, con gracia y punción a veces venenosa contra lo establecido, sobre el arte moderno, las vanguardias, la cultura de la subvención. En un texto, que es toda una poética de pintor (y es fácil sospechar que este término le dé cien patadas en la espinilla), “De los que creen y de los que ríen”, dice: “Vaya por delante una aclaración: el arte para mí es una cosa tan, tan seria como la muerte. Por esto, precisamente lo serias que son, me tomo a ambas desde el más íntimo y exacerbado cachondeo”.

Pepe Cerdá espiga entre sus recuerdos, y recuerda a su padre; habla de la importancia de los amigos verdaderos, y se mira siempre, dentro del espejo, con la elegante distancia del descreído: “Me culpo a mí por mis fracasos y al azar le apunto los logros”. Este libro es una confesión y un autorretrato.

*Uno de los cuadros de Pepe Cerdá, que reflejan un paisaje próximo a Villamayor.

08/12/2006 20:41 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Castilla la Mancha TV

Me gustaría contactar con D. Pepe Cerdá para solicitar información sobre su vinculación con M. Dolores Pradera. Gracias.

Fecha: 25/02/2009 17:38.


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