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AGUSTI CENTELLES: UNA RETROSPECTIVA INTENSA EN BARCELONA

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Una exposición y dos cuidadas publicaciones recuerdan a ese fotógrafo admirable que fue Agustí Centelles(Valencia, 1909-Barcelona, 1985), y en los tres proyectos adquiere una importancia decisiva Aragón, a través de los frentes donde se libró la Guerra Civil. La Fábrica reedita su monografía del fotógrafo con 17 nuevas obras, y se abre prácticamente con un espléndido contraluz de un soldado en una garita en Siétamo en 1937. Un poco más allá, vemos a varias mujeres que cosen la ropa de los soldados en Barbastro; al lado los combatientes se relajan con una revista que lleva en portada un rostro de mujer de cine negro. También aparecen fotos de Biescas, la batalla de Teruel o Belchite.  En el palacio de la Virreina de Barcelona se expone “Centelles. Las vidas de un fotógrafo, 1909-1985”, y Lunwerg ha editado un completo catálogo para la ocasión. En la muestra y en el libro aparecen Gervasio Sánchez y Joan Fontcuberta. El corresponsal aragonés expone una selección de tomas que evocan los lugares donde estuvo Centelles: Belchite, Teruel, Alcubierre, Montearagón.  

La historia de Centelles es una novela: quería ser operador de cine, y acabó dedicándose a la fotografía tras comprar una Leica por 900 pesetas, que pagó a plazos. Los periódicos de Barcelona esperaban sus positivos para cerrar. Y eso se ve en la muestra. Fue el gran testigo visual de la contienda y estuvo en el campo de concentración de Bram. Tras volver clandestinamente a España, se instaló en Reus de panadero, se dedicó a la foto publicitaria en Barcelona, pero había dejado una maleta con todos sus negativos en Carcasona. La recuperó hacia 1977 y con ella estas fotos que jamás podremos olvidar. La exposición de Barcelona, acompañada de abundante material audiovisual, está dividida en  dos grandes espacios: uno muy extenso, concebido casi como un laberinto, donde se halla el grueso de la producción que lo ha convertido en el Robert Capa español, y un segundo más breve centrado en sus fotos publicitarias, en el diseño o en el trabajo de encargo para casas farmacéuticas o industriales.   

Tenía muchas ganas de ver la exposición. La vi anteayer con Félix de Los Portadores de Sueños. Han recuperado distintos testimonios del propio artista, lo recuerdan personajes como Pons Prades, que trabajó con él, o el joven David Trueba, por poner dos ejemplos. A la entrada, muy sugerente, vemos su cámara Leica, sus carnés de prensa, fotos de Barcelona, y una espléndida colección de retratos, algunos realmente extraordinarios como el de  Pau Casals, Macià, H. G. Wells(demasiado rígido, tal vez), Paulino Uzcudun, Josep Clara. También se ofrece una selección de sus trabajos del deporte (atletismo, pugilismo, ciclismo...), reportajes sobre la vida cotidiana de Barcelona, y luego vemos sus series sobre la Guerra Civil, tanto en las calles de Barcelona, como en los distintos frentes, sobre todo en el de Aragón. El comisario Miquel Berga (que es un reconocido profesional) dedica una especie de estancia a los bombardeos de Lérida, realmente estremecedores. Es casi una capilla del llanto, dominada por la impresionante foto de una mujer que mira y se arrodilla ante su marido muerto. Esa serie es toda una película del dolor.         

La muestra, curiosamente, a mi juicio (y me siento un incondicional de Agusti Centelles), no le hace lo que se dice un favor al fotógrafo. El montaje es muy arriesgado y confuso. Hay demasiadas fotos, y están ordenadas (por tamaños, a veces enmarcadas, a veces de impresión digital, en un sistema de ploter...) de manera un poco confusa y un poco abigarrada. Hay sobreabundancia, y unas fotos se comen a otras. La sensación final es de ligera decepción. La obra de Centelles, que es tan extraordinaria, está ahí, expuesta, temblorosa de emoción, pero hubiera merecido otra disposición, otro planteamiento, positivos más grandes.
 

Centelles lo captó todo: la belleza tranquila de la playa, los paseos por la ciudad, las grandes manifestaciones, los niños en la retaguardia y jugando a los fusilamientos, las grotescas escaramuzas en plena calle, las barricadas y los disparos; captó a las gentes aterrorizadas o con estupor ante la crueldad; captó el fervor de las  gentes en los mítines, mil y una escenas de los combatientes, los niños refugiados, los prisioneros de los campos de concentración. Y siempre conseguía extraer una mirada humanitaria, intensa, el arrebato de la vida. Decía Félix que seguramente fue algo más feliz al final, cuando retrató a hermosas jóvenes, en la línea de algunos retratos de Maspons, Colita o el gran Leopoldo Pomés.

*Una de las fotos más estremecedoras de Agusti Centelles. Corresponde a los bombardeos de Lérida.

25/02/2007 01:01 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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