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FERNANDO SANMARTÍN: AL AMOR DE YORGOS

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Fernando Sanmartín (Zaragoza, 1959) es un escritor de libros delgados, emotivos, transidos de metáforas y de una emoción intensa que se disuelve en la boca como un azucarillo o como un bombón de licor. Fernando Sanmartín es un escritor de diarios, un coleccionista de sensaciones, un viajero permanente y, también, un ciclista secreto y un patinador sobre hielo. Autor de libros especiales como Los ojos del domador, Hacia la tormenta , Apuntes de París y La infancia y sus cómplices, acaba de llegar a las librerías otro libro suyo más que particular: un diario del desgarro, del dolor de vivir, de la esperanza, de la perplejidad. Se trata de un libro contenido y doliente que tiene algo de travesía íntima, de cuaderno de la desesperación: un niño Jorge, Yorgos, su hijo de cuatro años (hijo de Fernando y de Mari Mar: "un niño al que le diagnosticaron, antes de cumplir cuatro años, una leucemia"), pugna con una enfermedad terrible y lo hace como quien se pierde en un bosque y busca sombra, solaz y oxígeno y claridad que le devuelvan al campo abierto, bajo un cielo diáfano de porvenir.

 

Fernando cuenta los días del hospital, los juegos, los delirios, lo que imaginaba: todo aquello que le permitía mantenerse en pie contra el destino que se adivinaba fatal. El niño Yorgos era el caballista muy enfermo en el bosque, la materia de la angustia y de la felicidad, y Fernando lo miraba desolado y sonámbulo, lo quería ciegamente, y nos cuenta esta aventura con la ayuda, las llamadas, el cariño de desconocidos y conocidos como sus amigos más íntimos: Félix Romeo, Pepe Melero, Santiago Gascón, Ismael Grasa, Miguel Mena (“…no es hombre de escaparate. Ha conocido el alambre”), José Carlos Llop, que lo llaman, que le escriben, y le ayudan a creer, a labrar el futuro, a abrirse camino a dentelladas entre la incertidumbre. El libros se llama Heridas causadas por tres rinocerontes, lo publica Xordica, y lleva la portada de Yorgos, ya curado, ya hechizado por el fútbol, por el mar de ternuras oceánicas de Mari Mar y por la lánguida belleza de las sirenas.

 

El libro de Fernando es un amasijo de fragmentos: una novela lírica, un diario de noche o de fatigados días  y preguntas, es una colección de cuentos y meditaciones, un breviario de textos en prosa que tienen algo de faro y socavón a la vez.

 

Copio aquí dos fragmentos, la mirada del poeta abierto en canal por lo que más duele: el cuchillo del hijo que llora en la alta noche del insomnio.

 

LAVO LAS MANOS DE YORGOS. Lavo sus manos llenas de arcilla porque esta tarde ha hecho figuras con arcillas. Sus manos son transparentes. El niño enfermo también deslumbra. El niño enfermo se deja lavar las manos. Y yo derramo el jabón para que la arcilla de sus dedos se vaya por el desagüe. Por ese desagüe donde yo no soy arcilla para desaparecer.

 

EL ALMA. Yo no quiero salvar mi alma. Sólo quiero salvar a un niño enfermo. La vida es un tablao flamenco. Pero también es una falsificación. Hay quienes jamás lo descubren. Pero no me importa el alma. Porque el alma es una ventana que puede cerrarse. No me interesa el alma. Sólo me interesa el calendario. Aunque no sepa en qué día me encuentro.

*La foto es de Gerald Bloncourt.

13/05/2008 01:38 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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