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RÍO ABAJO / 8. MOLÉCULA DE MARAVILLAS

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Manuel Martín Mormeneo sentía una gran curiosidad por visitar el Pabellón de España. Al principio, ante la avalancha de gente y los más de 400 metros de cola bajo un sol aplastante, decidió aplazar la entrada. Se acercaba casi siempre de noche a su arboleda de cerámica e imaginaba el tránsito de la luz hacia el interior de la fronda. Intentaba entender el secreto de ese edificio: la exacta aleación de la idea y la forma final que cristaliza en un éxtasis de claridad. El arquitecto Patxi Mangado había empezado a atragantársele: siempre daba la sensación de estar malquistado con el mundo, de que le apretaba un zapato en demasía o de que Zaha Hadid le había reventado un grano durante la siesta. Cada vez que hablaba, Mangado siempre se metía con la arquitecta. Le preguntaban por cualquier cosa, por el desarrollo poético de su  “bosque vertical de bambús” que se alza sobre una superficie de agua, y él lanzaba un puntapié a la iraquí y a su estética de la “arquitectura-espectáculo”. Una de sus frases favoritas es: “La arquitectura comprometida no es necesariamente espectacular”. Por fin, Martín Mormeneo logró entrar. Los interiores son intensos y atractivos, de una hermosura clásica y de despojada altura, con vistas a ese bosque misterioso. Entró en la sala circular, en cuya bóveda se proyecta la película “Hijos del agua” de Manuel Huerga y Franc Aleu, que es un resumen del convivencia del hombre y del agua con una moraleja y una advertencia final. La pieza utiliza las últimas tecnologías de modo deslumbrante y se apoya en un texto metafórico. Hay un instante en que parece que no se mueven las elaboradas imágenes, sino el cerebro mismo, el cuerpo entero del espectador. Al terminar la proyección, alguien dijo: “Estoy tan mareado como si me hubiera tomado seis cubalibres”. La película resulta impresionante, igual que el trayecto del visitante por una fastuosa representación de la memoria del agua a través de audiovisuales, figuras, gráficos, joyas, paisajes, fósiles, glaciares, espejos. Al salir, nuestro fotógrafo se encontró con el escritor y viajero Pedro Molina Temboury, y le dijo: “¡Quién me iba a decir a mí que había tanta poesía en la ciencia! He leído una frase que podría resumir cuanto he visto: ‘El agua, molécula de maravillas”.

*Este texto corresponde a la serie Río abajo, protagonizada por el fotógrafo imaginario Manuel Martín Mormeneo, que aparece semanalmente en las páginas de la Expo de Heraldo de Aragón.Esta fotografía es de Enric Duch, un gran fotógrafo de arquitecturas.

23/08/2008 18:26 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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