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Antón Castro

JORGE FUEMBUENA Y SU OBRA

JORGE FUEMBUENA Y SU OBRA

JORGE FUEMBUENA PRESENTA UNA INDIVIDUAL EN AUSTRIA, RECIENTEMENTE FICHADO POR LA GALERIE FREY (HTTP://WWW.GALERIE-FREY.COM ), CON DOS ESPACIOS EN VIENA Y SALZBURGO. ASIMISMO ESTA SEMANA HA SIDO FICHADO POR LA NUEVA GALERÍA FRANCESA J&C GALLERY, EN CHALON-SUR-SAÔNE( BOURGOGNE) CIUDAD DE NACIMIENTO DE NICEPHORE NIEPCE (HTTP://WWW.JANDCGALLERY.COM)

 

El 17 de febrero es la fecha en la que se inaugurará la exposición The End of Cathedrals, que estará en Salzburgo hasta el 21 de marzo. Este trabajo se pudo ver en Photoespaña en 2013 en La New Gallery, y que luego ha viajado por New York y Washington en noviembre de este pasado año( Foto Week DC) con el Proyecto New Spanish Photography-Visions Beyond Borders conel comisariado de  Spain Fresh, formado por Javier Moreno, Ignacio Tejedor y Abraham Rivera, y recientemente en la Feria de Arte Contemporáneo PULSE Miami ( Miami Beach) de la mano de La New Gallery. El título del proyecto  remite a esas construcciones verticales, que aquí se convierten en ruinas contemporáneas. Sirve de metáfora para hablar de la inestabilidad de las imágenes y de el cambio paradigmático en la forma de entender las funciones del monumento.

 

Por otro lado Fuembuena acaba de ser presentado en el nuevo proyecto de Jean Michel Jagot, galerista con más de diez años de experiencia, en una nueva galería especializada en fotografía contemporánea, en la Borgoña francesa. Este espacio abre con más de una decena de artistas, la mayoría de Francia, Paises Bajos, Finlandia y Reino Unido. La galería nace con idea de estar presente en Ferias como Paris photo ; Bâle (off !) ; Fiac (off !) ; Lyon ; Arco (off !) ; Arts Brussels.

 

Fuembuena se encuentra actualmente en una Residencia en Ranchito, seleccionado para una producción de Matadero Madrid, AECID Y Flora Ars & Natura, con la colaboración de Embajada de Colombia en España, y ARCO. El intercambio de residencias entre Matadero Madrid y Flora propone una revisión crítica del legado de Mutis y de lo que esta expedición supuso para ambos contextos. Con un vínculo directo entre el Real Jardín Botánico de Madrid, donde se conservan las láminas originales; y la región de Honda, donde tendrán lugar las residencias y tuvo lugar la expedición de Mutis. El pueblo de Mariquita, a 17 kilómetros de Honda, fue la sede de la expedición botánica; aún se conserva la casa donde funcionó la sede de la expedición, así como la pequeña habitación donde vivió el sabio Mutis. Seleccionados por comisariado de Jaime Cerón, María Wills (ARCO), José Roca (FLORA) y Manuela Villa (MATADERO MADRID), Jorge Fuembuena trabajará junto a Carlos Irijalba (ES), Asunción Molinos Gordo (ES) y Jorge Perianes (ES).

 

 

 

FUEMBUENA, JORGE (Zaragoza, 1979)

 

Becario artista de La Casa de Velázquez ( Acadèmie de France à Madrid). Vive y trabaja entre Madrid y Nantes (Francia). Realiza talleres con artistas y teóricos como como  Martin Parr, Jean François Chevrier, o Joan Fontcuberta.

 

Es uno de los autores seleccionados para la exposición Contexto Crítico. Fotografía española del s. XXI, comisariada por Museology, en Tabacalera (Madrid), para finales de 2013. Está incluido asimismo como autor en el libro Diccionario de fotógrafos españoles: del s.XIX al XXI que La Fábrica editorial presenta en 2014. En mayo de 2014 participa en la exposición NEW SPANISH PHOTOGRAPHY_Visions beyond borders que tiene lugar  en Nueva York.

 

Ha participado en el prestigioso programa internacional Plat(t)form 2013, comisariado por el Fotomuseum Winterthur ( Suiza). Seleccionado en el proyecto Austro Sino Arts Program exhibition 2012 (Beijing, China), su trabajo se presenta en Bienales como Fotoseptiembre 2011 (CCEMEX. Mexico D.F), Fotonoviembre 2011( Fundación Mapfre, Tenerife), la Bienal de Casablanca 2012 y la V Bienal de Arte Contemporáneo Fundación ONCE.

Presenta además su trabajo en exposiciones individuales en Festivales como Paraty Em Foco 2013 ( Brasil) comisariada por Claudi Carreras, en el Festival Internacional de fotografía y Artes Visuales Photoespaña 2013, PalmaPhoto 2013 (Palma de Mallorca), en espacios como MataderoMadrid comisariado por Pablo Berastegui, el IAACC Pablo Serrano y de forma colectiva en lugares como Getty Gallery ( Londres), La Casa Encendida de Madrid bajo el comisariado de Oliva María Rubio y el Festival Encontros Da Imagem 2012( Braga, Portugal) comisariado por Rui Prata. También en Ferias Internacionales de arte contemporáneo como Pulse Miami 2015, Summa 2014, Just Mad 2014, Arte Santander 2014 , Foro Sur 2014, Estampa 2013 y Swab 2013.

 

*Nota que me envía el propio fotógrafo.

 

AMÉLIE NOTHOMB Y MONDINO

AMÉLIE NOTHOMB Y MONDINO

Acabo de leer el nuevo libro de Amélie Nothomb, ‘La nostalgia feliz’ (Anagrama. Traducción de Sergi Pàmies), centrado en su retorno a Japón con motivo de la traducción de uno de sus libros, y hacia el final descubro esta cita sobre un fotógrafo que me interesa mucho: Jean-Baptiste Mondino. Dice:

“Unos años antes, tuve que posar para Jean Baptiste Mondino, probablemente el mayor artista que me haya fotografiado jamás. Al ver que insistía en ofrecerle expresiones varias –alegría, sorpresas, muecas-, se detuvo con humor y me increpó:

         -¿Se puede saber que estás haciendo?

         -Intento darle algo.

         -Yo no te he pedido nada. Eso es lo que quiero: que estés vacía. Que no sientas nada.

         Obedecí. En menos de cuatro minutos tomó las fotografías que acabarían siendo utilizadas. Quizá sea ese el objetivo: no experimentar nada. Entonces me doy cuenta de que Yumeto, para quien la fotografía es un pasatiempo me está acribillando con su móvil: como aficionado, ha deb ido observar que había alcanzado el estadio último de la fotografía. Devastada por las emociones de la víspera, me siento vacía”.

 

‘La nostalgia feliz’. Amélie Nothomb. Traducción de Sergi Pàmies. Anagrama, Barcelona, 2015. 140 páginas. Sale a la venta en febrero.

DEBORAH FEINGOLD: UN RETRATO

DEBORAH FEINGOLD: UN RETRATO

Una preciosa y sugerente fotografía de Deborah Feingold, artista de la música y del cine, sobre todo.

OTTO DIX, POR DAVID TRUEBA

OTTO DIX, POR DAVID TRUEBA

David Trueba publicará en breve una nueva novela: ‘Blitz’ (Anagrama, 2015), breve, que transcurre en su mayor parte en Múnich. Relata la historia de un arquitecto de paisaje que asiste a un congreso en la capital alemana. Va con su compañera Marta, hermosa como una escultura clásica, según dice un personaje, y allí, tras algunos episodios inesperados, asiste a una exposición del pintor Otto Dix. Escribe David en esta novela, que será la materia central de su próxima película:

“La exposición era breve, apenas una veintena de cuadros y una antesala con dibujos dramáticos del período de entreguerras, bocetos que señalaron la senda del Guernica. Luego los óleos presentaban rostros enigmáticos y algunas cumbres de su pintura, con presencias femeninas temerosas, imperfectas, gastadas y frágiles. La mujer desnuda pelirroja que protege su vientre y su pecho con los brazos resguardando unos grandes senos caídos y yertos, la embarazada algo grotesca que oculta su rostro con la cabeza girada contra el espectador, la famosa pintura de otra pelirroja extremadamente delgada con la nariz y los ojos descollantes, la niñita desnuda con el lazo rojo en el pelo y su piel transparentando las venas delicadas, mujeres mayores y desmadejadas, en la más elaborada expresión de lo que los nazis consideraron ‘Entartete Kunst’ o Arte Degenerado. Pero lo degenerado era su mirada, no la pintura, su rechazo a la fuerza de lo real en el sueño de alcanzar la pureza y la perfección.

         Son desagradables, dijo Helga. No lo sé, repuse, no estoy tan seguro”.

Página 104. De ‘Blitz’. David Trueba. Anagrama, 2015.  168 páginas. Sale a la venta el próximo mes de febrero.

 

JOSÉ VERÓN: MICRORRELATOS

HOY, A LAS 19.30, LOS CUENTOS DE JOSÉ VERÓN EN LA IFC
Esta tarde, a las 19.30, en el Aula de la Institución Fernando el Católico, en la Diputación de Zaragoza (entrada por la calle 5 de marzo), José Verón presenta su libro 'Cuentos para sentir las horas' (MIra), una selección de relatos y microrrelatos, pensamientos y aforismos, dividido en tres partes que contiene algunas de sus mejores narraciones, algunas de sus mejores creaciones de ficción. Lo acompañarán su editor Joaquín Casanova y Antón Castro.

Copio aquí algunas piezas breves:

LOS OTROS
Hemos viajado hasta la frontera por el mero placer de sentirnos junto al límite de algo. Los niños se mostraban inquietos y aún más el abuelo que, cuando le dijimos que al otro lado vivían los extranjeros, se orinó en los pantalones.

CAUSAS Y EFECTOS
Jamás, jamás. Nunca dudaba. Lepidio estaba seguro de todo. Su desconocimiento de la realidad era absoluto.

LA FORTUNA SIN SESO
Miguelito es el niño más pobre del colegio; no tiene nada, sino harapos y hambre. Pero Miguelito hace siempre lo quiere, y todos los niños lo envidian.

FIGURACIÓN
En la pared de la sala había tres cuadros y un gran espejo. Eran tres óleos de pequeño formato que representaban fielmente la realidad. Junto a ellos, el espejo reflejaba un mundo tan falso como Judas.

SOMBRAS FORESTALES
Al cruzar aquel bosque, no le extrañó que los árboles hablaran entre sí. Lo que le resultó ciertamente extraño fue que se hablaran por señas.

 

*La foto de José Verón es de Jesús Macipe.

 

PABLO NERUDA: DOS POEMAS

PABLO NERUDA: DOS POEMAS

Seix Barral, con introducción y notas de Darío Oses y prólogo de Pere Gimferrer, rescata un puñado de poemas inéditos de un poeta incontenible, dueño de hermosas metáforas, de candentes emociones. Se trata de ‘Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos’, poemas de amor a Matilde Urrutia, poemas de paisaje, poemas como odas, de diversos aciertos. Poemas, como suelen ser los de Neruda, torrenciales, vigorosos, de una sensualidad arrebatada. Copio aquí dos.

 

1

Tus pies toco en la sombra, tus manos en la luz,

y en el vuelo me guían tus ojos aguilares

Matilde, con los besos que aprendí de tu boca

aprendieron mis labios a conocer el fuego.

Oh piernas heredadas de la absoluta avena

cereal, extendida la batalla

corazón de pradera,

cuando puse en tus senos mis orejas,

mi sangre * propagó tu sílaba araucana.

 

5

Por el cielo me acerco

al rayo rojo de tu cabellera.

De tierra y trigo soy y al acercarme

tu fuego se prepara

dentro de mí y se enciende

las piedras y la harina.

Por eso crece y sube

mi corazón haciéndose

para que tu boca lo devore,

y mi sangre es el vino que te aguarda.

Tú y yo somos la tierra con sus frutos.

Pan, fuego, sangre y vino

es el terrestre amor que nos abrasa.

MARIANO ESQUILLOR: HOMENAJE

MARIANO ESQUILLOR: HOMENAJE

LA MEJOR COMPAÑÍA DEL POETA

 

Antón Castro

 

Conocí a Mariano Esquillor (1919-2014) cuando aún era paleta, yesaire, cuando aún hacía casas, lucía paredes y parecía incomodar a su “diosa cotidiana”, Fanny o Fuensanta, con su vocación poética. Era como si, en el andamio o en el esqueleto de una escalera, le llegasen las imágenes, la intuición en forma de explosiva metáfora. Mariano había trabajado duro y había encontrado en la palabra, luminosa y descarnada, liberadora y trágica, una razón de ser. Un punto de fuga. Un piélago de emociones encontradas con su propio remanso. El poeta Ángel Guinda hablaba de él con mucho cariño ya en los años 80, y quizá antes: lo retrataba como un hombre especial, telúrico, voluntarioso, que sentía con intensidad y quizá con rabia. Y que tenía la pasión incontenible de escribir.

Algún tiempo más tarde, a principios de los 90, lo conocí mejor: concertamos una cita y me contó su historia para ‘El Periódico de Aragón’; Eduardo Bayona le hizo un montón de fotos. Alguien le dejó un libro de Víctor Hugo, me explicó, y aquello le abrió una veta y una vereda. Se dijo: “Si se puede soñar y escribir así, es lo que quiero hacer”. No abrazó la prosa (algo que haría mucho más tarde en sus personales poemas en prosa), sino la lírica en verso libre y en ella se zambulló desde muy pronto. Se hizo amigo de los poetas de entonces, de los 60 y 70, se familiarizó con la gente del café Niké, aunque él nunca frecuentó aquel espacio de rebeldías ni tampoco conoció a Miguel Labordeta; tuvo un primer maestro, Manuel Pinillos, sabio, raro, bebedor, charlista infatigable, que le dio sabios consejos y le enseñó que la poesía llega, se escribe y luego se depura en un ejercicio de perfección caligráfica y sonora a solas.

Mariano le hizo caso, y así fue creciendo. Fijándose, puliendo, con entrega absoluta. Sentía mucho, visceralmente, lo atropellaban los verbos y las visiones. A aquel fervor por Víctor Hugo, lo seguiría el descubrimiento de otros poetas como Rimbaud, Lorca, Baudelaire, más tarde John Donne. Leía con el desorden del soñador atravesado por el delirio y los puñales del espanto. En aquella primera cita de los 90, Mariano habló y habló de todo: de su amada, de nuevos amigos entrañables como Luciano Gracia o Julio Antonio Gómez, el editor y poeta y ciudadano estrafalario y burlón le animaba a que siguiese su camino para convertirse “en un gran poeta”; hablaba de Ana María Navales y del citado Guinda, que serían después los albaceas de su obra. No era fácil explicar al poeta albañil: era sincero, quizá un visionario bañado en tormentos y búsquedas, tenía un barniz romántico y frecuentaba, quizá por adivinación, algunos caminos del simbolismo. O de la alegoría un tanto tenebrosa que se volvía escurridiza, polisémica, como un pájaro en la noche.

Algunos años después, quizá en 1999, volvimos  a vernos con detenimiento al calor de un café. Mariano tenía un deseo: quería publicar una amplia selección de su obra en Olifante, y así apareció ‘Arco lírico’: un pequeño compendio de poemarios inéditos, de obra en marcha, dispareja o arracimada en un libro. Mariano tenía muchos libros; a veces decía: “tengo treinta libros inéditos”, “estoy trabajando en siete poemarios a la vez”... Y los trabajaba poco a poco, con pulcritud, con exigencia y con un deseo: quería trascender. Tenía la impresión de que su obra se alimentaba de eternidad y avanzaba hacia niveles decisivos de trascendencia. O, al menos, aspiraba a ello.

No sé bien si fue con aquel libro de libros o con otras publicaciones cuando lo conoció el editor más decisivo de su vida. El editor, el amigo, el admirador, el lector: Raúl Herrero. Le publicó sus últimos libros y también sus dibujos expresionistas, violentos, terribles, alucinatorios. Goyescos. Raúl Herrero, como Manuel Forega tal vez, fue su gran cómplice. Conoció bien su trayectoria más íntima, sus sueños, sus fulgores y neblinas, sus amores otoñales, que eran más imaginarios que reales, formas de la cortesía y del afecto que necesita el poema para sublimar el tedio de los días y ensalzar la sustancia del lenguaje. Escribió Esquillor: “El amor es la fuerza que sobrevive por encima de la muerte”. Ahí están libros como ‘Huracán de sol’, un título que quizá le defina a él en el fondo, quiso ser un huracán de luz y de brillos contra la sombra, ‘Opio’, ‘Caricaturas de un diario’, ‘Columpio autobiográfico’ (quizá el más narrativo y confesional: el testamento de una pasión intuida y desigual con una mujer, con el barrio, con la poesía misma, la expedición a su interior convulso) o ‘La cítara / La bahía de los diablos’, por citar algunos. En ellos Mariano Esquillor ofrecía grandes hallazgos expresivos, imágenes fulgurantes, obsesiones y visiones, se adentraba en los lugares sinuosos del dolor, del desgarro, de la premonición.

Lo he visitado varias veces en la Casa de Amparo, en Predicadores. O él venía a verme a ‘El Periódico de Aragón’ y a ‘Heraldo’. Nunca quería regresar tarde. Se sentía cómodo en su soledad: iba a un café, se sentaba con un libro –Alejandra Pizarnik, John Donne, el último Rosendo Tello o Ángel Guinda, William Blake, a quien se parecía tal vez en intención mística y neorromántica-, sacaba su cuadernos y escribía y escribía. Escribía y reescribía. Y no solo eso: había un momento en que, mientras aparentaba pasar páginas, oía lo que se decía. El torbellino de voces y rumores que van y vienen. Le gustaban las historias. Siempre había alguien que le contaba una aventura, un lance, una percepción, un sueño, y él lo hacía suyo, o le daba sustancia poética o estímulo o alas para viajar y extraviarse. Lo que más le gustaba eran las confidencias de las mujeres. Su proximidad, su sonrisa, su olor, su picardía, esas insinuaciones más o menos eróticas o amatorias que le hacían sentirse melancólicamente joven. Fabulaba, como si iniciase una misteriosa travesía hacia la recuperación de la juventud.

Cuando ellas querían saber más de él, de sus versos, de su inspiración, les contaba que tenía muchos poemas, bastantes libros y que le pasaba algo insólito. Su mujer, la compañera de su vida, Fuensanta (a quien dedicó muchos libros, pero especialmente ‘Elegías a Fuensanta’), lo visitaba a diario como un fantasma impreciso y le pedía que le leyera sus composiciones. Algo que quizá no había hecho en vida. Ahora, Mariano Esquillor, el poeta de los bares y de las ominosas visiones, el poeta que quiso ser “huracán de sol”, lo hacía gustosamente. Eso sí, percibía que su despaciosa lectura cautivaba a ese espectro enamorado que se había convertido en su mejor compañía: “Ponte en los ojos mi estrella, que yo en los míos pondré tu amor de diosa irrepetible”. O quizá le leyese esta declaración incontestable: “Tú, la deseada musa de los abandonados, no me envuelvas con el terror de no sentir el abrazo íntimo...”

 

*La foto pertenece a Heraldo. Este texto aparece en un monográfico dedicado a Mariano Esquillor de la revista 'Imán'.

ALVITE SE VA Y CIERRA EL SAVOY

ALVITE SE VA Y CIERRA EL SAVOY

 


José Luis Alvite (Santiago, 1949-2015) fue un periodista diferente, imaginativo, apasionado por el jazz, la novela negra, las mujeres bonitas, el boxeo, el alcohol, especialmente el whisky, o los cigarrillos. Le encantaba contar, imaginar historias (Historias del Savoy, ese refugio con humo por donde andaban o pueden andar aún Ernie Loquasto, Chester Newman, Lorraine Webster y Sony «Sweet» Sullivan ), y tenía una mirada líquida sobre la realidad: líquida, transgresora y hondamente irónica. O cínica, perlada de humor negro. 
Descendiente de una familia de periodistas, lo hizo casi todo en la profesión. Poco a poco, con su alma de poeta, como buen heredero de Cunqueiro y de Camba y de Pla, fue imponiendo su estilo. Colaboró en diversos medios (en muchos: en casi todos los gallegos, ‘El correo gallego’, ‘La voz de Galicia’, ‘El faro de Vigo’, ‘La Opinión’; en otros como ‘Diario 16’ o ‘La razón’ o en la radio, a través de Onda Cero o RNE) con secciones fijas, como ‘Áspero o sentimental’ o ‘Almas del nueve largo’. Ha recogido sus artículos en cinco libros de la editorial Ézaro. Tuvo muchos seguidores, muchos lectores que lo veneraban. Creaba adicción. Manuel Jabois, por ejemplo, siempre ha confesado su admiración y un poeta como Xosé Manuel Álvarez Cáccamo lo admiraba con locura. Me dijo que para él era un poeta mayor en los periódicos. Un estilista. Un sabio.
Falleció el pasado jueves: un día reveló en una carta en antena a Carlos Herrera que padecía un cáncer de pulmón y otro de colon. Luego, con sinceridad y sin renunciar a su personalidad, fue dando cuenta de la enfermedad. De la enfermedad y de las cosas de la vida, a su manera, como si entonase una canción de Frank Sinatra o con la indolencia calculada de un pistolero insobornable. [La foto la tomo de La Razón.]

Su carta a Carlos Herrera, anunciándole el cáncer.
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