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Antón Castro

Fotógrafos

ROBERTO KUSTERLE O LAS ALAS DEL SUEÑO

ROBERTO KUSTERLE O LAS ALAS DEL SUEÑO

 

Cuando me levanto, veo un inmenso campo de amapolas. Es como una grandiosa y plana mancha de sangre. Todas las tardes, acuden los pájaros y buscan acomodo sobre los matorrales y algunos almendros del camino. No tarda en aparecer esta mujer con alas. Son las alas del sueño.

 

*La fotografía es de Roberto Kusterle.

LA LUZ OBLICUA DEL FARO

LA LUZ OBLICUA DEL FARO

Siempre me han gustado mucho los faros. En ‘Golpes de mar’ (Destino) invento un farero de Caión, Buxán, que conoce todos los secretos del mar, de los marinos y de los naufragios. Me ha encantado esta foto del artista búlgaro Nacho Kamenov.

RUSSELL JAMES / 2: RETRATO DE HEIDI KLUM

RUSSELL JAMES / 2: RETRATO DE HEIDI KLUM

Russell James, convertido ya en un fotógrafo de éxito y en el preferido de mujeres difíciles como Victoria Beckham, dice:

“En fotografía no hay espacio para los lamentos. Pase lo que pase, dispara y aprende. En mi caso sirve eso de ‘cuando más duro trabajo, más suerte tengo’”.

*Otra de sus sugestivas foto: Heidi Klum.

LOS RETRATOS DE RUSSELL JAMES

LOS RETRATOS DE RUSSELL JAMES

El australiano Russell James es uno de los grandes fotógrafos de la actualidad: de moda y de los famosos. Un fotógrafo de puesta en escena, retratista, que se ha especializado en el cuerpo femenino, sobre todo. Ahora publica un libro de sus mejores instantáneas. ‘El Semanal’ ofrece una selección de ellas y recoge algunas de sus frases de un tipo con una gran energía que lo pasó fatal en sus inicios, que conoció el rechazo y el hambre, y que empezó a triunfar más allá de los treinta, tras haber llevado una existencia muy nómada y haber trabajado aquí y allá en un sinfín de oficios.

 

Dice Russell James: “Llegué a la fotografía bastante tarde, cuando la descubrí fue como encontrar tu media naranja: simplemente sabes que es para toda la vida (…) Sacar una foto lleva dos segundos, plantear una sesión, semanas”.

 

Parece no haber perdido la cabeza, ni se sintió intimidado, cuando retrató a Heidi Klum (en al foto), a la que captó desnuda en varias ocasiones en una de sus series más teatrales, ni a Scarlett Johansson ni a Halle Berry ni a Gisele Bündchen, de la que logró la mirada más candorosa y melancólica con una aterciopelada luz de oro de poniente.

JOSEF SUDEK: EL MUNDO PEQUEÑO. Por MARCHAMALO

JOSEF SUDEK: EL MUNDO PEQUEÑO. Por MARCHAMALO

 

Vuelvo a casa, tras atravesar la provincia nevada de Teruel y parte de Zaragoza. Me ha escrito Jesús Marchamalo, ese periodista y escritor del que aprendo siempre, el señor de las palabras y de los objetos. Me reenvía un artículo que publicó en ABC sobre el gran fotógrafo Josef Sudek y además me envía esta deliciosa foto. Aquí está todo: el texto, la foto y el cariño de Jesús Marchamalo, al que nada le es ajeno.

 

 

El mundo pequeño

Jesús Marchamalo

 

Debía resultar una figura imponente, algo irreal, fantasmagórica, en aquella Praga brumosa, nocturna, de parques y avenidas solitarias que con tanta intensidad supo captar en sus fotografías. Pelo ralo, a menudo despeinado, barba despeluchada, ojos risueños, vivarachos, solía vestir un amplio abrigo, oscuro, a veces un capote militar, y una enorme cámara cargada sobre el hombro. Una antigua Kodak de caja de madera, cuyo trípode utilizaba como contrapeso, sosteniéndolo con su único brazo.

A pesar de su aspecto inconfundible, llamativo, debió gozar de ese don que permite a los fotógrafos hacerse invisibles. No aparecen muchas personas en sus fotografías, pero cuando lo hacen, nunca nadie le mira, nadie parece reparar en él; como si no hubiera estado.

Tímido e introvertido –ni siquiera asistía a la inauguración de sus exposiciones-, minucioso y obsesivo en su trabajo, sus instantáneas, muchas de ellas positivadas como contactos, muestran una ciudad neblinosa, oscura y onírica; el poeta de Praga le llamaban.

Nacido en Kolín, Bohemia central, en 1896, huérfano de padre a muy corta edad, Joseph Sudek trabajó como encuadernador hasta que en julio de 1916, en plena Gran Guerra, fue movilizado y enviado al frente italiano, donde resultó herido. La explosión de una granada, disparada al parecer por su propio ejército, le provocó graves daños en el brazo derecho, que acabó perdiendo. De vuelta en Praga, tuvo que abandonar el taller de encuadernación, y la fotografía, que hasta ese momento había sido un mero pasatiempo, se convirtió en su nuevo trabajo.

En los primeros años veinte inició una serie de retratos en la Invaliodvna, el centro de veteranos e inválidos de guerra, al tiempo que abordaba su particular visión de la ciudad: gente caminando o esperando en una parada, estaciones oscuras, intensos contraluces, tranvías solitarios en el Puente de Carlos… Una de esas fotografías, de 1924, fue utilizada por Juan Manuel Bonet, uno de los comisarios de la exposición Una ventana en Praga, para ilustrar la cubierta de su libro La ronda de los días (Guillermo Canals, 1990). “Mi primer encuentro con la obra de Sudek debió ser a mediados de los años ochenta, cuando descubrí una monografía dedicada a él en el Centro Cultural Checo de Varsovia”, afirma. “Años después, en mi primer viaje a Praga, en 1989, compré en una galería una pequeña foto suya, un contacto de los jardines del Palacio Loblowicz”

En 1927 Sudek abrió su estudio en una especie de cobertizo de madera en un jardín en Malá Strada, el centro de la ciudad. Allí trabajó hasta su muerte, en 1976, y allí, durante la ocupación nazi, cuando las restricciones impuestas por el ejército alemán limitaban las posibilidades de salir a la calle, empezó a hacer fotografías en su estudio, que convirtió en un auténtico gabinete de curiosidades: su jardín, siempre descuidado, la rama de manzano, una nevada, el otoño… Registraba el cambio de las estaciones, la meteorología, a veces con largas exposiciones de minutos, y fotografiaba las fachadas de los edificios colindantes a través del pequeño cristal de la ventana, empañado y cubierto de vaho.

El  caminante se convirtió en un paseante interior, un observador de lo próximo. Comienza entonces a fotografiar muchas de las pequeñas cosas que tiene alrededor, haciendo composiciones que repite de forma obsesiva, desde distintos ángulos y con diferentes iluminaciones. Un mundo de objetos –vasos, floreros, platos de loza-, suyos o que pedía a sus amigos, a través de los cuales trataba de recordarlos, o explicarlos. “Son objetos cotidianos, un poco al estilo de Morandi: esponjas, botellas, una pluma de ave”, es de nuevo Bonet. “Es curioso porque hay elementos muy parecidos en sus mundos. Morandi vivía con sus dos hermanas, al igual que Sudek, cuya hermana era además su ayudante. Son entornos muy pequeños. De Sudek no se conocen fotos de acontecimientos oficiales o políticos. No se sabe mucho, casi nada, de su vida privada. No hay noticia de qué hizo más allá de lo que ha quedado de su obra: un personaje muy concentrado en vivir, pasear, y en mostrar su ciudad, como un topógrafo, casi, un notario, un poeta romántico”.

Durante años fue un paseante solitario, tolerado, extravagante. A su muerte, su estudio, descuidado y abandonado, se quemó en un incendio. Se perdió gran cantidad de papeles y documentos, nunca se supo cuántos. El fotógrafo de Praga, el de los muros, las farolas solitarias y las flores marchitas. La última rosa, se lee en una de las fotos de la exposición: un florero, una concha, dos chinchetas sobre el alfeizar de una ventana.

Un título profético.   

 

 

 

JOSEF SUDEK, EL FOTÓGRAFO DE PRAGA

JOSEF SUDEK, EL FOTÓGRAFO DE PRAGA

Josef Sudek era el poeta visual de Praga, un hombre con un brazo amputado en la I Guerra Mundial que había soñado ser impresor. Decidió captar las instantáneas desdibujadas de la hermosa ciudad de Franz Kafka. Ahora, el Círculo de Bellas Artes le dedica una exposición centrada en los años 50. Hoy, en ‘Babelia’, en su sección ‘Ida y vuelta’, Antonio Muñoz Molina le dedica un estupendo artículo, donde leo lo siguiente mientras llueve a mares en Orihuela.

 

“En las fotos de Sudek, Praga parece suspendida en el tiempo, desdibujada en las luces ambiguas de los atardeceres, deshabitada y silenciosa en noches húmedas de invierno, en noches con la fosforescencia de la niebla o la nieve atravesada por tranvías como submarinos con un faro encendido en la proa”.

*Esta foto de Zorka, la esposa de Josef Sudek, está datada en 1943.

EL 'PAÍS DE PAISAJES' DE BERNARD PLOSSU

EL 'PAÍS DE PAISAJES' DE BERNARD PLOSSU

Hace algunos meses, el pasado noviembre, escribí:

 

Las fotos de Bernard Plossu tienen una atmósfera de intemporalidad. Concentran una mirada peculiar, un detalle, un laberinto de matices, un fogonazo desdibujado de contrastes. Me ocurrió algo precioso: me hizo varias fotos, cinco o seis, casi como fotos robadas, yo hablaba y hablaba, y él buscaba. A veces, la velocidad era relativamente rápida, otras oías el clic y pensaba que esa foto saldría o movida o borrosa, como si emergiese en el papel desde una cabeza borradora. Hablamos de todo un poco: de su libro de Albarracín, realmente deslumbrante e íntimo, Plossu renuncia a toda espectacularidad, de fotógrafos a los que admira como Nacho López y Héctor García, de su colega Luis Baylón, y hablamos, sobre todo, de la gran exposición que se le va a hacer en el CDAN para abril con un libro-catálogo espectador.

 

Hoy he estado en Huesca en el CDAN, en la inauguración de la exposición ‘Bernard Plossu. País de paisajes’, que recoge un total de 370 fotos, distribuidas en dos formatos: 7 x 11 y 17 x 23, que resumen sus más de dos años de expediciones por la sierra de Guara en compañía de amigos como Antonio Ansón, Paco Grasa (ha escrito un bello e intenso poemario ‘Duerme la caliza’), alumnos de la Escuela de Arte de Huesca, etc. Plossu, en la multitudinaria apertura de la muestra, rindió homenaje a todo el mundo y rompió el protocolo para recordar que entre el público estaba su gran amigo, admirado y conocido en Europa, el fotógrafo Rafael Navarro. Antes, Bernard Plossu tuvo dos magníficos detalles: apareció con un caja llena de fotos de sus amigos oscenses y zaragozanos (a mí me regaló dos fotos nocturnas que me hizo el pasado noviembre en la calle Manifestación) y confesó que estaba enamorado de la sierra de Huesca. De Guara, en concreto.

 

Me pareció enternecedor un detalle de Plossu: casado con una española de Almería, lleva debajo de su chaqueta de pana marrón una suerte de bolsa o zurrón azul, cruzado desde el hombro a la cadera. Le dije si se la sacaba para la entrevista en ‘Borradores’ y dijo que de ninguna manera. Dijo que allí viajaban sus tesoros: usa cámaras de usar y tirar, sus documentos y las fotos de su mujer y de sus hijos. En la muestra hay un vídeo que tiene algo de grabación casera: se ve a Plossu viajando en tranvía, asoma la cabeza por la ventana una y otra vez, y saca fotos. Fotos de coches, de un paisaje de playa, de viandantes.

 

Plossu sigue fotografiando con su Nikkormatt de hace 30 años con un único objetivo de 50 mm. Mientras Yolanda Liesa y la operadora Cristina ajustaban los planos, le preguntaba si le tentaba la fotografía digital. Dijo: “No, en absoluto. Me gusta. Está muy bien, pero yo no pienso hacerla. Me gusta lo que hago: mi fotografía es un documento fiel a la realidad”.

 

HA MUERTO LA GRAN FOTÓGRAFA HELEN LEVITT

HA MUERTO LA GRAN FOTÓGRAFA HELEN LEVITT

El Universal


Helen Levitt, una gigante de la fotografía del siglo 20 cuyas escenas de la Ciudad Nueva York proveyeron una ventana a una era ya desaparecida, falleció. Tenía 95 años.

Levitt murió el domingo mientras dormía en su apartamento en Manhattan, dijo Thomas Roma, amigo cercano y director de fotografía en la Escuela de Artes de la Universidad de Columbia.

Levitt es mejor conocida por sus escenas callejeras con niños tomadas en las décadas de 1930 y 1940. Una de sus fotos más emblemáticas es la de tres niños con máscaras y encorvados antes de salir a buscar dulces por Halloween. Otra es la de cuatro niñas en una acera paradas mirando burbujas de jabón flotando en el aire.

Levitt documentó barrios como el Spanish Harlem y el lado este de Manhattan donde, en un tiempo antes de la televisión, la gente usaba las calles casi como si fueran parte de su sala.

Peter Galassi, jefe curador de fotografía del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, dijo que las fotos de Levitt son “lo mejor que nadie ha hecho para capturar la esencia de los niños en la calle”.

Esas fotos “se han convertido documentos históricos porque tenían un tipo de apertura y libertad y seguridad en las calles que dejó de existir desde hace mucho tiempo”, indicó Galassi.

Levitt nació el 31 de agosto de 1913, en Brooklyn. Luego de dejar la escuela superior aprendió fotografía por su cuenta mientras trabajaba con un fotógrafo comercial.

La revista Fortune fue de las primeras en publicar su trabajo, en su edición de julio de 1939. Al año siguiente su foto de Halloween fue incluida en la exhibición inaugural del departamento de fotografía del MoMA. En 1943 tuvo su primera muestra en solitario allí mismo.

Fue además una de las primeras en trabajar la fotografía a color y según Galassi fue pionera con su técnica en ese formato.

Libros de sus trabajos incluyen A Way of Seeing (Una forma de mirar) (1965), con un ensayo de James Agee; In the Street: Chalk Drawings and Messages, New York City, 1938 (En la calle: dibujos con tiza y mensajes, Ciudad de Nueva York, 1938) (1987); y Mexico City (Norton, 1997).

Roma llamó a Levitt “indudablemente una de entre los más grandes fotógrafos que han existido”.

A Levitt le sobreviven su hermano Bill Levitt, así como varios sobrinos.

*La noticia la tomo del diario 'El Universal'. Una de sus fotos más conocidas.