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Antón Castro

EL REGALO DE ILUSION DE LA EXPO

Inmensa alegría: Zaragoza –“la gran locomotora de Aragón”, según Marcelino Iglesias- será la sede de la Expo 2008, un siglo exacto después de que Basilio Paraíso trajese la modernidad a la ciudad, una modernidad que ya había empezado a llegar en 1868 y en 1885, e incluso a principios de siglo con las estructuras metálicas de Félix Navarro al Mercado Central. La Expo 2008 va a suponer un cañonazo de infraestructuras, iniciativas, una fiesta de la convivencia y la creación. Decía ayer Félix Romeo que lo importante, más que buscar el paternalismo institucional o político, es que la sociedad civil o los seres individualmente haga cosas porque le apetece, porque quiere sobrevivir, crear, ser feliz, con auténtica libertad en un territorio de mercado libre. Zaragoza ha cambiado, muda su faz de modo casi inadvertido a diario, y esta lotería de estímulos y de proyectos es como la consolidación, o un paso más de una ciudad y de una sociedad que ya estaba en el camino de la modernidad, de la solidaridad y del compromiso con la vida tal como llega. El agua es una magnífica metáfora de la esperanza: la clave estratégica para el desarrollo de cualquier pueblo del mundo, tal como señaló el alcalde Belloch para un titular oportuno. La Expo 2008 nos va a cambiar algo las vidas, porque es como si de repente pensásemos que tenemos que ser algo mejores, que hacerlo muy bien, que implicarnos, o que zambullirnos aún más en Zaragoza/Aragón con nosotros mismos, con los que llegan, con los que llegarán, con tantos pasajeros que buscarán amabilidad, hospitalidad, debate, propuestas. El apetito de perfección, la sed de alegría o el desarrollo deben vencer a la ansiedad, a las prisas, al sectarismo. Tenemos tres años y medio por delante, tenemos todo el entusiasmo de la tierra, y ese no tiene fecha, aunque a todos nos resultará un poco difícil olvidar el 16 de diciembre de 2004, en París, hacia las seis y diez.

Estoy muy feliz. Es un magnífico regalo de Reyes, o de Papá Noel, que nos llega por adelantado. Felicidades para todos. Especialmente para aquellos entusiastas de Zaragoza, y sobre todo para mi admirado y querido Pepe Melero que, en medio de una operación (está bien, nos dice Ángel Artal) con algo de fiebre, recibió ayer dos maravillosas noticias: la Expo y el empate del Zaragoza que le permite seguir navegando por Europa y aspirando a todo.

-Detalle precioso: me llama desde París uno de mis fotógrafos más amados, José Miguel Marco, y me dice que está en el estudio de José Manuel Broto con Ramón J. Campo. Zaragoza, también en París, en casa de Broto (anoche, de madrugada, vi varios de sus cuadros en casa de José Manuel Pérez Latorre), también es/era una fiesta.

2 comentarios

Cide -

Es el mejor momento, es el mejor lugar, es el mejor tema.

Espero además que sepa para superar algunos de esos complejos horribles que tenemos.

Recuerdo cuando se planteó el proyecto del "Rubiatron", que más allá de lo idoneo de su instalación o no, el argumento de algunos aragoneses -políticos incluidos- para estar en contra era que si los catalanes no se habían interesado sería por algo. Con argumentos como esos no íbamos a ser capaces de nada nunca. Entiéndeme, era un tema en el que se podía estar en contra, pero ¿con esos argumentos?.

Me alegra ver que para algo como esto se han dejado de lado esos complejos de inferioridad. Y si la Expo es un éxito -que lo será porque hay ilusión, proyecto y medios-, será un acicate para creer que somos capaces de construir una tierra con aspiraciones de dignidad.

Me salió hace diez días una flor tardía en mi terraza. Un geranio con una flor rosa enorme en pleno diciembre. Me dijo una amiga que era señal de que iba a llegar una buena noticia. Supongo que se refería a esta fiesta.

Chorche -

Antón, yo he llorado esta mañana. Ayer me emocioné, pero estaba en una biblioteca pública y no era plan, oyendo a la Nierga online y llorando de emoción. Pero esta mañana solo en casa, viendo la repetición, viendo emocionado a un alcalde que no me cae demasiado bien, viendo la ilusión en la cara de la gente, y viendo que yo estoy a 300 kilómetros y sin saber si volveré a vivir en mi ciudad, sin saber cual será mi futuro y si podré volver a mi pais, a mis recuerdos, a mi cierzo y a mi Ambar (que siempre me pone bien), dos lagrimones se me han escapado mejillas abajo. La sal se me ha metido en la boca, y me ha recordado que estoy al lado del mar, y que tenía que trabajar, pero no me ha bastado, ayer (y a pesar de reticencias de tipo especulativo sobre la EXPO), tenía que haber estado en la Plaza del Pilar, aunque brindé con Ambar en el Centro Aragonés y en la Peña Zaragocista. Gracias por galleguizar aragon y aragonesizar galicia. Desde el exilio semivoluntario.