PILAR BAYONA: PILI, CON O SIN MILI (EVOCACIÓN)

PILAR BAYONA: “EL TEATRO ES MI PASIÓN”
[Hace un instante, por puro azar, buscando a la pianista Pilar Bayona, he encontrado a la actriz Pilar Bayona, un integrante del dúo Pili y Mili, ambas de Zaragoza. La entrevisté hace unos años, este texto se incorporó a mi libro Vidas de cine (2004), pero me apetece refrescar el mito y recordar a esta mujer que siempre ha defendido el trabajo y el teatro.]
Pilar Bayona (Zaragoza 1947), la Pili del dúo de gemelas Pili y Mili, se define como una luchadora en solitario que recuperó la paz mediante el teatro, y dice que aprendió a mirar el pasado sin ira ni nostalgia.
Tiene los ojos pardos, terrosos, chispeantes, como si tuviesen vida propia al margen del rostro redondo y de la fragilidad que envuelve a Pilar Bayona. Dicen de ella que es fuerte, incluso dura; sin embargo, estamos ante una mujer con secretos, con abundantes dudas, poco habladora, malquistada con su pasado, llevada y traída por la furia del vendaval. Un detalle que parece denunciar su nerviosismo o su poca afición a las entrevistas, el cigarrillo se le caerá un par de veces de las manos, reflejadas en el espejo, el primer espectador de una intérprete que está a punto de salir al escenario para encarnar a Carviana, la amiga suicida de Cleopatra.
Viste de marrón, es fácil distinguir aún sus armoniosas facciones de antaño y reconocer su cuerpo menudo. Confiesa que no siente melancolía alguna de haber sido rica y famosa, un mito en la España de los 60: la simpática y jovial Pili del dúo PiIi y Mili. Se sobrepuso a todo aquello. a la gloria fugaz, al acoso constante, a la separación de su hermana Aurora, la gemela Mili, al duro retorno desde el anonimato, una vez que dejó de ser Pili sin Mili. Se sobrepuso a la incertidumbre de empezar de nuevo, desde cero, contra la leyenda que habían creado Nicol Blanchery, primero, y luego Benito Perojo. En el fondo, nos mira una mujer que conoce la tiniebla y el silencio, los vaivenes de una carrera de actriz no prestigiada como se merece, como lo han sido en los últimos tiempos Pilar Bardem, Terele Pávez o su admirada Berta Riaza.
-Nací en Zaragoza, pero estuve aquí solo tres años, y suelo venir de vez en cuando porque tengo una tía y primos. Apenas tengo recuerdos de la ciudad. A mí me bautizaron en la parroquia del Gancho, pero pronto nos fuimos a Barcelona, a Sevilla, etc. Mi padre, Antonio Bayona, era navarro y había estado en Cariñena como juez. Mi madre, Alicia Sarría, zaragozana, era hija del diputado a Cortes en tiempos de la República, Venancio Sarría, que fue uno de los primeros en caer, fusilado por el régimen franquista en el 36. Y fue en Barcelona -tuvimos una infancia normal, íbamos a estudiar a las monjas-, donde nos descubrió a mi hermana Aurora ya mí el empresario de revista Nicol Blanchery. Un día nos vio por la calle, nos paró, le parecimos graciosas y nos dijo si nos gustaría trabajar en un espectáculo. Teníamos catorce años...
-¿Se lo dijo así, por las buenas?
-Más o menos. Mi padre entonces había fallecido, y a mi madre siempre le había gustado este mundo. Hablaron con ella y al poco tiempo debutamos en un espectáculo de revista en el Teatro Victoria. Creo que se llamaba Ha llegado el twist. Íbamos al teatro con mi abuela y no nos dejaban quedarnos a saludar para que no nos mezclásemos con los artistas. Cuando se enteraron los compañeros de mi padre, quisieron arrebatarle a mi madre la potestad sobre nosotras, qué era eso de ver a las hijas del magistrado Bayona en un teatro de revista, no podía ser. No lo consiguieron, claro. Trabajábamos un tiempo allí, hasta que nos vio Benito Perojo, no me acuerdo bien si fue en el espectáculo mismo o en una entrevista por televisión, y nos contrató en exclusiva por seis películas.
Aún no habían cumplido los 16 años cuando las hermanas Bayona rodaron su primera cinta. Como dos gotas de agua (1963) con Amadori; luego vendrían otras como Dos chicas locas (1964) con Pedro Lazaga y Whisky y vodka (1965), la que iba a ser la última realización del aragonés Fernando Palacios. Y así hasta completar un total de nueve filmes con títulos como éstos: Dos pistolas gemelas, Un novio para dos gemelas, Dos gemelas estupendas, etc.
-A nosotras nos encantaba. Éramos el centro, las reinas. Mi madre siempre había pensado que teníamos madera para trabajar en el espectáculo; a ella le apetecía esa historia.
-Se convirtieron casi en un mito nacional...
-Sí, fuimos bastante populares. Aquello era estupendo. Todo estaba en función nuestra. Era como un juego apasionante. Aprendíamos a bailar sobre la marcha, teníamos alguna noción de baile, pero más bien poca. Trabajamos mucho, eso sí, porque en cuanto acabábamos el rodaje había que ensayar y montar los números musicales que hacía el coreógrafo Alfredo Alaria. Conservo muy buen recuerdo de todos, aunque tengo una memoria horrible para nombres y fechas. A pesar del contrato en exclusiva, no se metían en nuestra vida. Ahí estaba nuestra madre para controlarlo todo. Le pagaban a ella: mi madre cobraba y ahorraba. Tengo la casa que tengo gracias a ella.
-A todo esto, les vino encima un torrente de fama.
-Cuando salió la primera película, Como dos gotas de agua, me di cuenta de que no me gustaba nada la popularidad que teníamos, aquello me horrorizaba. Salíamos a la calle y todo el mundo nos conocía. No podíamos tener una vida al margen de Pili y Mili. Perdíamos la intimidad. Como éramos iguales, enseguida nos veían en todos lados. Hubo una época en que no queríamos salir a la calle. Aquello era bastante agresivo.
Su madre las acompañaba a todas partes. Era su ángel tutelar. Mientras, la abuela cuidaba las gemelas mayores, Lupe y Alicia. Estaba claro que antes o después iban a saltar el charco: se trasladaron a México ya Buenos Aires, donde siguieron haciendo películas y presentaron sendos programas de televisión, "una emisión semanal con sketches". Y sería allí donde se produciría la separación.
-En Latinoamérica éramos más conocidas todavía que aquí. Éramos auténticas estrellas. Hicimos varias películas y nos despedimos en 1970, a los 22 años, con Princesa y vagabunda. Profesionalmente era una historia que se repetía demasiado, siempre se estaba jugando con el equívoco y ya empezaba a ser aburrido o demasiado previsible. Teníamos ganas de cambiar de trabajo, pero yo quedé muy afectada con la separación. Mi hermana Aurora se enamoró en México y ahí se cortó bruscamente toda nuestra colaboración. Fue ella quien tomó la decisión. Para mí fue muy fuerte separarme de mi hermana. Estábamos siempre juntas para todo.
-¿Habrían tenido sus romances, sus aventuras amorosas? Imagino que su vida estaría rodeada de moscardones.
-En absoluto. Resultábamos dos chicas muy normales, sin novietes apenas, volcadas en el trabajo. Habíamos actuado para La Franca en el Teatro Monumental, aunque no comulgábamos nada con el franquismo. Viajábamos casi siempre con mi madre. Después de la separación, yo no quería hablar con nadie, estuve varios días sin hacerlo. Y de pronto, me planteo qué voy a hacer con mi vida. Recuerdo que íbamos de México a España con frecuencia, y que tras la disolución aparecí en una obra de Jaime Salom, en cuyo cartel fui presentada como Pili sin Mili. En México seguí haciendo cine y me decanté por el teatro. En cine participé en El club de los suicidas de Robert Louis Stevenson y en La hija de Morgan, creo recordar, una película que se hizo en Isla Contadora.
-Salvo una intervención hacia 1980 en Los fieles sirvientes de Francesco Betriu, toda su trayectoria se centró en el teatro.
-Estando ya en México y en Buenos Aires, comencé a trabajar en el teatro. Actué con Alejandro Jodorowsky en su montaje de El juego que todos jugamos, pieza que fue escribiendo durante los ensayos con los actores. Hacía un teatro de ruptura, muy innovador y arriesgado, de ideas muy modernas. Creo que fue ahí cuando empecé a interesarme por lo que supone crear un personaje, por un método concreto de interpretación. Comencé a valorar otras cosas, aprendí a tener claves y a incorporar un personaje, hasta ese momento yo todo lo había hecho por pura intuición. Y volví a España para empezar de cero. ¿Los fieles sirvientes? ¿Cómo puede saber usted eso? Fue una experiencia estupenda, que rodamos en la Costa Brava, con Paco Algora, entre otros. Era una película coral donde se contaba la rebelión de los criados. Betriu quiso que luego yo fuese la intérprete de La plaza del Diamante, pero no pudo ser porque no era catalana. También participé en una película en homenaje a Benito Perojo, El taxi de los conflictos, pero ya no me llamaron más.
-Recuerdo su famoso desnudo en Interviu, que la devolvió a la actualidad. Era un desnudo desafiante, como si anunciase que seguía viva.
-Eso fue en la época del destape, algo que hicimos casi todas. No tiene importancia.
-También fue un poco escandaloso un trabajo que dirigió Alfredo Castellón, Judit, creo que de Giraudoux, en el que usted vivía una relación lésbica con Victoria Vera, y donde ella salía desnuda...
-Quizá fuese un poco atrevido para la época, pero no era tan escandaloso. Victoria no estaba desnuda ni mucho menos. Con Castellón también hice La pechuga de la sardina, y también intervine con Gerardo Malla en La murga. La vida no era tan fácil: las cosas, a diferencia de los tiempos de Pili y Mili, ya no me venían regaladas. Pero también es cierto que era otra persona, y en mi evolución como actriz fue esencial José Carlos Plaza. Creo que fue en Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán Gómez, donde se me reconoció ya como una buena profesional, como una actriz seria. Con él volví a trabajar en La casa de Bernarda Alba de Lorca, encarné a Amelia, que cobraba un mayor protagonismo en el montaje; en Eloísa está debajo de un almendro de Jardiel Poncela y en Las Comedias Bárbaras de Valle-lnclán, donde me sentí muy a gusto. También hice Combate de negro y de perro con Miguel Narros. Tanto con Narros como con José Carlos Plaza me he entendido a la perfección.
-He oído por ahí que usted había pasado por un período de crisis, de depresiones...
-¿Quién le ha dicho eso? ¿Depresiones? En absoluto. La carrera de una actriz presenta altibajos, hay veces que te llaman para trabajar, y otras no, pero nada más. He pasado por momentos peores y mejores, he sido siempre una luchadora en solitario. Vivir no me ha sido fácil, pero llevo en esta profesión toda la vida y el teatro es mi pasión, me encanta.
-Se habrá dado cuenta de que no hemos hablado de amor, de que no ha aparecido ningún hombre en su vida.
-Los hubo, claro, pero yo nunca me casé. Mi hermana se casó a los 22 años y se quedó tan amarrada que yo inconscientemente he debido tender hacia el lado opuesto. Nunca he querido ligarme a ningún hombre, aunque puedo decirle que tengo una hija, Alba, de 16 años, que es bailarina clásica, lo que yo quise ser a su edad.
-No sé, por instantes tengo la sensación de que usted nunca ha superado del todo la ruptura, la disolución del dúo.
-En absoluto. No siento nostalgia de aquella época. Todo me queda muy lejano. Tengo todas las películas que hicimos porque me las han regalado pero yo no las veo jamás. No las veo: a mí no me gustan. Eran horribles. Me siento muy despegada de mi pasado. De veras.
-¿Podría definirse como actriz?
-A mí me gusta no trabajar sola, no. Yo odio a los actores que trabajan como pavos reales y sólo miran su lucimiento personal. Trabajar es intentar meterse en la piel de un personaje y hacer toda la historia de la criatura con lo que te da el autor. Cuando trabajo, procuro tener los pensamientos del personaje, y no dejo entrar pensamientos personales. Busco la verdad, la relación de ese personaje con los otros, lo que piensa, lo que siente, no es sólo lo que dice y el aspecto que tiene, sino el porqué, la raíz última de las cosas que piensa. Y así.
-¿Y cómo prepara sus creaciones?
-Más que nada pensando mucho. Yo me acuesto pensando en quién es mi personaje, lo que ha sido su vida, lo que le ha pasado, lo que quieren saber los otros personajes. Sí, más que poner codos, estoy dándole vueltas, me enamoro de mis personajes. Me gustan, los quiero, y bueno, disfruto. Más que dar un resultado, me preocupa el placer, la credibilidad, nadar dentro de una situación imaginaria como si fuera real.
-Me llama la atención esta especie de obstinación que tiene usted hacia el teatro, máxime cuando ahora parece verse más claro que nunca que el teatro está en crisis, que atrae a un público escaso a las salas...
-Todo ello obedece a que los espectáculos no conectan con el público actual, las funciones están fuera de tiempo y de lugar, no están bien hechas. Que no... y entonces el público no va. Ahora hay una función, Trainspotting, que están representando en Madrid, y ha conectado con un público de 15 ó 16 años que llena todos los días el teatro.
-Entonces, el teatro actual le parece un poco evasivo...
-(Eleva la voz, como si se enojase. Asoma su supuesta dureza.) Que es malo, que no conecta... Usted va al teatro, paga un dinero por una entrada, mucho dinero, dicho sea de paso, y luego se aburre como una ostra, pues ya no vuelve, salvo que tenga la costumbre de ir al teatro o la necesidad de ver los espectáculos. Pero si no...
-Sin embargo, siempre se habla de una emoción directa incomparable. Le estoy invitando a que haga una defensa del teatro.
-El teatro es algo que está vivo ahí, que se hace en el momento y que se transmite directamente del ejecutante al público. En un buen teatro se produce un sentimiento que el actor consigue traspasar al público. Yo todos los días me justifico en el escenario. Hay días en que no sé por qué razón las cosas no salen igual, pero contra eso se lucha. Normalmente cuando consigues creerte que eres un personaje y se lo haces creer al público, eso ya lo justifica todo, la vida de un intérprete.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: pilifan
Fecha: 13/08/2008 21:30.
Autor: pilifan
hay que ir actualizando informacion segun pasan los años.y si a pili no les gustase sus peliculas ni las viese jamas nunca habria aceptado ir a cine de barrio cuando la llamaban,alli no se cobraba,que yo sepa
Fecha: 13/08/2008 21:35.
Autor: Carlos Mauricio
Fecha: 08/06/2009 05:08.
Autor: MARGARET
Fecha: 09/09/2009 01:29.
Autor: Nacho
Fecha: 11/09/2009 14:31.
Autor: bere escalante
Fecha: 19/09/2009 01:18.
Autor: ANONIMA
Fecha: 20/08/2010 13:14.
Autor: kitharaz
Fecha: 07/10/2010 02:32.
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Fecha: 12/10/2010 02:32.
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Fecha: 26/12/2010 18:59.
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Fecha: 18/04/2011 04:28.
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Fecha: 05/06/2011 05:25.
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Fecha: 07/07/2011 20:31.
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Fecha: 13/07/2011 01:14.
Autor: Deyanira
Fecha: 01/08/2011 18:14.
Autor: C kno
Fecha: 08/10/2011 04:58.
Autor: teresa
un saludo teresa
Fecha: 13/10/2011 04:01.
Autor: Alberto
Pili y Mili: Gracias por los recuerdos, las sonrisas, la inocencia y hasta los disparates.
Y sabes que Pilar reconciliate con tus peliculas que cuando las hiciste tu tambien eras niña y esas actuaciones eran todo lo que esperabamos de ti.
Fecha: 11/11/2011 23:12.
Autor: Placido
Fecha: 22/11/2011 01:29.
Autor: lupita
Fecha: 28/11/2011 01:22.
Autor: HISPANOAMERICANO
Fecha: 10/12/2011 09:10.
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Fecha: 10/12/2011 12:28.
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Fecha: 12/01/2012 00:19.
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Fecha: 15/01/2012 17:09.
Autor: isabel
Fecha: 19/01/2012 22:29.
Autor: Patty Guzman
Fecha: 09/02/2012 14:08.
Autor: alberto diaz de leon ociedo
Fecha: 29/02/2012 17:27.
Autor: alberto diaz de leon oviedo
Fecha: 29/02/2012 17:29.
Autor: edwin
Fecha: 03/03/2012 18:08.
Autor: Raúl Díaz
Que Dios les bendiga por esos momentos de alegría de nuestra infancia y por los bellos recuerdos que vienen a mi mente al saber de Doña Pilar Bayona.
Les envío desde Guatemala a Pili Y Mili un fuerte Abrazo.
Fecha: 06/03/2012 23:54.
Autor: Candy
Podrian decirme por favor los nombres de las otras peliculas de Pili y Mili? las he buscado pero no las encuentro, y son peliculas lindas... a mi me encantan y eso q no son de mi epoca
Fecha: 29/03/2012 04:31.
Autor: Joe Stone
Fecha: 01/04/2012 06:15.
Autor: Rosita
Fecha: 12/04/2012 00:52.
Autor: Deli
Fecha: 13/04/2012 01:31.



