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ENRIQUE VILLAGRASA: UN POEMA A LA TIERRA HERIDA

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[Estoy casi todo el día fuera de casa, hasta las nueve. Regreso, abro el correo y veo que tengo algunas cosillas. Entre ellas, esta nota y este poema del poeta de Burbáguena: Enrique Villagrasa.]

 

[Antón: he leído tu texto sobre Antonio Gamoneda, qué maravilla -cuando le conocí con Siles, cuánto aprendí- y me he acordado que tenía yo este poemilla por ahí, que te dedico a ti. Es para ti, sin más pretensiones. Ya sé que es un poema infantil, pero tu escritura sobre Gamoneda me ha llevado y me he dejado ir. La foto es de Gerald Bloncourt y está fechada en 1955 en París.]



CANTO A LA TIERRA HERIDA

A Antón Castro

Este canto que yo canto quiere denunciar
el día a día de nuestra desidia,
de nuestro olvido por ti, tierra herida,
casa común de todos querida tierra
y amada agua que nos das vida.
Qué sed de vergüenza que por nosotros
estás herida y por nosotros
estás por estar que ardes.
Contaminas aguas dulces y saladas, qué más da;
toda tú manchada por nuestros desperdicios
y basuras. Qué bien, aumentamos nuestros residuos
y tú te fastidias, que para eso eres de todos.
Incrementamos la desertización. Talamos bosques y tú, ¡te fastidias!,
que para eso sigues siendo de todos, mientras dures.
¡Qué más da! Seguro que vives mis años y algunos más.
Que sí, que te entiendo, que a más ricos más basura
y qué, tú lo aguantas todo hasta que te canses;
pero, vivirás más que nosotros. Los que vengan
atrás que se fastidien con "j". Que sí, que estás
hasta las narices, que ni ilusiones ni sueños.
Que no te queda nada tierra, ni bosque ni agua siquiera limpia:
cristalina agua con la que refrescar tus labios sedientos.
Y nos gritas y no callas, y no nos damos cuenta:
si sobrevivimos moriremos, paradoja tremenda ¿no?
O logramos el equilibrio ecológico o nos vamos al desierto.
Allí nos devoraremos con los restos de tus restos.
Restos que no explicarán que de vergel pasaste a erial,
que de ribera a secano, que de río a cauce seco,
y de viña a era. Era todo tan verde... Tan verde,
decían nuestros padres. Y los niños aprenderán,
entre polvo, piedras y dudas, que un día
fue la tierra y el agua, quien con su vida dio la vida
y fue nuestra muerte.
Pero llegó el petróleo y su gestión
trajo contaminación del cielo,
de las aguas, del subsuelo,
y las especies se perdieron y sus casas con ellas.
Y no podrán saber el qué de un climático cambio.
Ni podrán saber el qué de urbes tráfico.
Ni de urbes basura, ni de urbes neón a tope.
Sólo sabrán de desertización y sequía;
pero nosotros ya no viviremos. Tu tierra aguantarás
un poco más que nosotros. Y nuestros hijos,
¡ah, nuestros hijos!, qué nos importan ellos
si nosotros ya no vivimos. ¡Allá ellos!
Este canto que yo canto. Es un canto
a la tierra y al agua para gritar
que ya no nos queda nada,
y que la protección de la tierra y de sus recursos
es de incumbencia de todos, no sólo
de los políticos y su gestión.
Que no queremos desierto, que no.
Este canto que yo canto
es un canto de lucha
por la tierra y su mar.
Pues, tu vida que yo sepa
es límite de amor:
es habitar en la lucha
a la luz de tu dolor.
                        Enrique Villagrasa

 

 

 

 

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