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CECILIA DE VAL: LA IDENTIDAD, EL DOLOR Y LA MAGIA

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[Cecilia de Val (Zaragoza) expone sus autorretratos, en forma de cuento de hadas con fantasía y terror, en la Casa de la Mujer y acaba de ganar el Premio Isabel de Portugal. Además, ha grabado un disco con su grupo de folk country. A la vez, la muestra de las obras premiadas y seleccionadas en el concurso Isabel de Portugal se exponen en las salas del IV Espacio, en la Diputación de Zaragoza.]

 

 “Mis fotos tienen el contraste de la vida”

 

-¿Cómo llegó a la fotografía?

-A mí siempre me han interesado mucho la literatura, la música y el cine, y sin embargo estudié Económicas. ¡Qué mala decisión tomé ese día! Lo que me hubiera gustado estudiar era Arquitectura, pero aquí no había y yo no quería irme de Zaragoza de ninguna manera. Siempre buscaba desarrollar una faceta más artística, y un día me encontré con la fotografía. Me encantó. Trabajé un tiempo en un estudio donde se hacía reportaje social. Tomé la cámara analógica de mi padre, una Pentax, y empecé a disparar.

-¿Ya era, desde esos inicios, la protagonista de sus fotos?

-Sí. Siempre quise ser la materia fundamental de mis fotos. Empecé a hacer autorretratos, con pequeños montajes y manipulaciones técnicas.

-¿Cuál es la razón de que sea usted el centro de sus obras?

Creo que tiene mucho que ver con el tema de la identidad. Toda mi obra está muy influenciada por la literatura. Me interesan mucho, desde siempre, los cuentos y los ámbitos inquietantes de Edgar Allan Poe, de Borges y de Kafka. Ellos crean atmósferas que siempre me han atraído.

-Sus fotos exigen bastante preparación, tienen carga cinematográfica…

-Son, antes de nada, fotos muy pensadas, fotos que nacen en mi cabeza: tomo notas previas, hago dibujos e incluso maquetas. Elijo un escenario, busco localizaciones, una naturaleza determinada y luego voy allí con mis ropas, llevo siempre más vestuario del que voy a usar. A veces cuento con un ayudante, mi compañero el pintor y artista Yann Leto, o yo sola. Me gusta salir a hacer fotos con otros compañeros, aunque cuando ven cómo actuó, la puesta en escena, alucinan un poco; suelo aprovechar para hacerles fotos a ellos. Compongo, y uso temporizador y mando a distancia. Luego, en casa, casi obsesivamente, completo el trabajo con el photoshop.

-En sus fotos casi siempre hay implícita una historia, ¿no?

-Supongo que hay una mezcla de narración, creación de atmósferas y de búsqueda de mí misma. Mis fotos quieren ser un poco de todo, tienen algo de simbólico.

-Por cierto, evocan los cuentos de hadas pero también aparecen la fatalidad, el terror e incluso el dolor…

-Siempre me han gustado los cuentos de hadas, las narraciones infantiles, lo onírico, pero la fatalidad, la muerte, la sangre, el dolor y el miedo están en la vida en general. E incluso en los cuentos maravillosos. Me gusta utilizar la fantasía y también ese estilo oscuro, perturbador, esa especie de crudeza. Mis fotos tienen el contraste de la vida. No busco el dolor, pero me sale.

-Acaba de ganar el premio Isabel de Portugal de Fotografía. ¿Cómo le ha sentado?

Estupendamente. Ha sido toda una sorpresa, y lo vivo como un reconocimiento importante, como un impulso.

-El galardón coincide con su exposición “Nunca te prometí un jardín de rosas” en la Casa de la Mujer.

-Le estoy muy agradecida a Maite Solanilla, responsable de la sala. Le mandé mi dossier de fotos y me ha concedido ese espacio para estos meses de verano coincidiendo con la Expo. Ha sido un gran apoyo, y luego ha venido el premio. Me están ocurriendo cosas muy bonitas.

-¿Por ejemplo?

-Julio Álvarez me ha invitado a hacer una exposición en la galería Spectrum, han contactado conmigo desde Madrid de la galería que lleva a la fotógrafa holandesa Ellen Kooi, que me gusta mucho, la descubrí hace un año en Internet, igual que me interesa la obra de Gregory Crewdson y Jeff Wall, entre otros. Eso sí, por ahora no hay nada más. Mario de Ayguavives, que ha dado un avance a la fotografía digital entre nosotros, me ha seleccionado para la colectiva “El elixir de la vida” que se hará en diciembre en Caja Madrid, junto a Peyrotau & Sediles, María Ángeles Cuartero y Cristina Silván.

Hay otra faceta muy interesante en usted: la de cantante de un grupo folk country.

-El grupo se llama Gery Geld and the Dead Monegros. Hacemos música en inglés, y mi compañero Yann Leto hace las canciones, toca la guitarra y canta, escribe letras basadas en hechos reales o inventados, pero siempre con un toque de humor. El disco ya está grabado y saldrá hacia finales de año.

-¿Qué se siente más, cantante o fotógrafa?

Fotógrafa, sin duda. Soy mejor fotógrafa que cantante. Canto por diversión, lo hago, intento mejorar y ya está. Pero la foto me la tomo más en serio: soy yo misma en las imágenes, en la intención y en la búsqueda. Ahora trabajo en dos nuevos proyectos: en uno incorporo animales en las fotos y en el otro empleo el dolor, cuerdas que aprisionan, un poco en la línea de Araki.

*Esta son de las fotos de Cecilia de Val que se exponen en la Casa de la Mujer, cuyo catálogo redactó Félix Romeo. Las he tomado del excelente blog de Mamen Pradel.

 

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