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EL BOTÁNICO MARIANO LAGASCA. Por V. MARTÍNEZ TEJERO

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La vida de Mariano Lagasca (1776-1839), el más universal de los botánicos aragoneses, transcurrió desde el último periodo de la Ilustración hasta los comienzos de la época romántica.

En 1795 tuvo ocasión de participar en el momento más brillante de la botánica zaragozana. Tras cursar el primer año de medicina y asistir a las clases de Echeandía, marchó a Valencia por motivos desconocidos, continuando más tarde sus estudios en Madrid, cuando ya había realizado amplias herborizaciones por Aragón, Valencia, Andalucía y La Mancha.

Encontró el liquen islándico en el Puerto de Pajares, descubrimiento que evitó la importación del mismo, muy utilizado en el tratamiento de la tuberculosis.

Disfrutó de la amistad de notables liberales aragoneses, como Isidoro de Antillón y Eusebio Bardají, político de gran cultura botánica y sobrino de Félix de Azara.

Participó en la guerra de la independencia, como médico del Ejercito español, tras no aceptar el cargo de director del jardín Botánico ofrecido por José Bonaparte.

Finalizada la contienda y reinando de nuevo Fernando VII ocupó la plaza anteriormente rechazada.

Resultó elegido diputado a Cortes por Aragón, pero pronto la política le conduciría al exilio, perdiendo la biblioteca, herbario y manuscritos durante los trágicos sucesos sevillanos de 1823.
Desarrolló en Londres y Jersey una intensa labor creadora, logrando modificar favorablemente la imagen de la ciencia española que circulaba por Europa.

Fallecido Fernando VII, regresó a Madrid, obteniendo público reconocimiento a sus méritos. En apurada situación económica y enfermo, se trasladó a Barcelona donde falleció en 1839.
Perteneció a numerosas sociedades científicas españolas y extranjeras. Sus estudios sobre selección de especies para mejorar los cultivos fueron divulgados por Hugo de Vries.
En la clasificación de los trigos utilizó un sistema, enunciado posteriormente por el ruso N. Vavivlov como ley de las series homólogas en la variación.

Veinte especies botánicas, aproximadamente, llevan su nombre como perpetuo homenaje de diferentes naturalistas. Decandolle, Hooker, Boissier, Kunth, Webb, Humboldt, Schulter, etc., se han referido elogiosamente en sus escritos al botánico aragonés que aunque no concluyó sus obras más queridas, Flora española y Ceres hispánica, logró incluir su nombre en la historia de la Biología.”
Vicente Martínez Tejero

 

[Este texto apareció en el libro Curiosidades aragonesas, publicado por Moncayo. Esta año se cumplen los 170 años de la muerte de Lagasca. De esta efemérides se hace eco en 'Cuadernos de Encinacorba' Chusé María Cebrián.]

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