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'BANDA ANCHA', MICRORRELATO DE MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

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Estos días, Miguel Ángel Muñoz está a punto de sacar un nuevo libro de relatos en la editorial Páginas de Espuma de Juan Casamayor. Esta es una de las piezas más breves. Se titula ‘Banda ancha’.

 

BANDA ANCHA

 

 

Por Miguel Ángel MUÑOZ

Primero te descargas todas las películas de Truffaut y Murnau, las que te faltaban de Hitchcock, la época mexicana de Buñuel, y la discografía completa de los Rolling y hasta los Beach Boys o Simon y Garfunkel, cosas del aburrimiento y el exceso de oferta, canciones de los sesenta y setenta, películas de asiáticos noqueándose a patadas, películas independientes, de esas que las cámaras en los cines de provincias no están preparadas para proyectar, y películas porno en versión original subtitulada. Pero pronto el disco duro se agota y tienes que llenar centenares de discos para acoger tu imparable colección. Tanto tiempo ante la pantalla del ordenador hace que llegues a preocuparte incluso por eso que los periódicos y los padres llaman la realidad, el estado de las cosas. Y se escurren las horas cliqueando enlaces, de página en página, es como salvar un río saltando de tronco en tronco, como olvidar las penas de whisky en whisky, pero te das cuenta de que no puedes olvidar nada. Al contrario, cada vez te muestras más interesado e hiperactivo, y entras en páginas alternativas, y en otras siniestras, con fondos oscuros, adornados con imágenes gore. Quisieras verlo todo, acceder a todo, y la columna de favoritos se llena de mil enlaces. Sabes ahora cosas que antes desconocías y lo de menos es la seriedad de Bergman o las canciones del último disco de Nick Cave. Eso te queda muy lejano. Te sientes como el eremita de aquella genial película de Buñuel, Simón del desierto, mirando a lo lejos desde lo alto de la columna. La verdad está de tu parte, tus pasos son conscientes, no enciendes la luz de tu habitación ni de día ni de noche, el resplandor de la pantalla es más que suficiente, no respondes a las llamadas hasta que deja de haber llamadas, ya no eres capaz de hablar en primera persona, y si todavía te quedara un rastro de la lucidez con que te diste de alta en el servicio de internet de banda ancha, avisarías a cualquier autoridad responsable para suplicarle que te impidiera entrar en esa página con la que al final has dado: la que detalla todo, la que lo explica todo, la que, ahora sí, lo dice todo.

*La foto es de Miss Aniela.

 

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