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CARMEN ARDUÑA: ALGUNOS POEMAS

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Carmen Arduña es profesora y poeta. Ana Nos encontramos hace unos días en la presentación de ‘En ese cielo oscuro’ de Sol Acín. Había leído dos libros suyos y le pedí que me enviase algunos pomeas. Seleciono aquí estas piezas de ‘De tiempo de espera’ y de ‘Acariciando el sur’. La fotografía es de Weegee, 'el ojo público'.

 

 

 

De ‘Tiempo de espera’

 

Espejo de la vida

que reflejas un rostro ya surcado.

Reproduce, lejano pero próximo,

otro instante igual o quizá ya distinto

del que se alumbra ahora en esa imagen

como semilla de fruto prohibido.

Se alternan los papeles,

cambia el ritmo.

Lo que en la imagen son líneas de futuro

en el reflejo propio es ya sólo vacío de pasados.

 

 

Cabalga sobre el tiempo la existencia

sin que podamos jamás marcar su paso.

El galope de ayer se torna pronto

en trote fatigado y sin avance.

Cabalga el tiempo para sin darnos cuenta

negarle hasta su paso a la existencia.

Pasa el tiempo.

Y mientras va pasando,

se pierde en el camino la esperanza.

 

 

Rompió de sus cadenas la atadura.

Con cada paso que daba hacia adelante

ataba la del otro en su pasado.

Los ritmos que ensayamos nunca llevan

a  un punto de armonía en el encuentro.

La vida se construye sólo y siempre

de ilusión de vivir, de certeza de muerte.

 

 

En cada respirar huye la vida

como se escurre el agua que tocamos.

No deja casi rastro ni señales.

Sólo la sensación que se evapora

cuando las gotas del agua recogida

vuelven a ser del río que creímos

entre las manos tener por un momento.

 

 

De ‘Acariciando el sur’

 

Su vida era la historia de otras vidas.

Amalgama con forma y ya incolora

de vidas de colores ya apagados.

Silencio palpitar cuando, lejano,

el palpitar es grito que silencia

la vida que se muere tan cercana.

 

 

El silencio mataba las palabras.

Morían las caricias que antes eran

dulce lugar de encuentro en el abrazo.

El calor que antes unía aquellos cuerpos

se tornó fría estancia. Desencuentro.

Rendida por el llanto que ya sólo

mojaba un lecho yermo de caricias,

gritó que el tiempo al fin ya devorara

las presencias ajenas que se huían.

Mas no era nuevo engendrar aquella pena

en lo que fue para dejar de serlo.

 

 

Despertarse de un sueño hoy imposible

donde se hará posible el ya mañana.

Que el llanto silenciado sea grito

y la huida se alumbre en horizonte,

pues donde muere el Sur, nace la vida.

 

 

Y otra vez abrazar el compromiso

de saber que las derrotas propias

engendrarán ajenas las victorias.

Y que los girasoles que hoy son ciegos

 roja verán al fin la luz de amanecida.

 

 

Lo ausente era otra vez presencia que acercaba

en lejano y ausencia lo presente.

Y sólo el Sur se mostraba cobijo

donde poder dar vida a la presencia.

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gravatar.comAutor: Beatriz

He pasado por acá y no he podido resistir la tentación de robarme alguno de estos versos
tan hermosos.

Fecha: 16/06/2009 01:19.


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