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ZAPA, DOBLAS Y ANDER EN LA NOCHE DE 'EL LARGUERO'

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Anohe volví a casa hacia las 12.30 de la madrugaba. ‘El Larguero’ se transmitía desde Zaragoza. Oí, con un poco de ironía y buen rollo, a Marcelino García Toral. Dijo que él no había dicho a nadie que se necesitaban doce o trece jugadores para la próxima temporada. ¡Vaya alivio! Estuvo simpático, próximo y apuntó algunos enigmas: dijo que había bastantes cosas que cambiar en el club y reconoció que no tiene tiempo para seguir a todas las categorías inferiores. Para eso ya está el gallego Ernesto Bello, a quien no conozco aún. Dijo también que cuando tiene un problema habla con Agapito, aunque no menospreció en ningún instante a Eduardo Bandrés.

 

Oí, y me reí mucho, con Zapater –Zapa para los amigos por lo que se ve-, con el simpatiquísimo Toni Doblas, que debe ser el circo del vestuario, y con Ander Herrera, que estuvo sembrado. Zapater es un enfermo del fútbol, ya se sabía, y un enamorado de su preciosa novia, a la que ha hecho dormir en un camping en Alemania por aquello del fútbol, y no se olvida ni de Ejea ni de sus amigos de infancia. Esa forma de hablar, tan aragonesa y espontánea, ahora que se ha quitado de un plumazo la inseguridad, le confiere mucha gracia. De la Morena le testimonió su inmenso afecto. Y lo mismo hizo con Doblas, que tuvo dos gestos buenos, muy buenos: lloró cuando el Betis bajó a Segunda y reconoció que entró en el equipo seis meses después, cuando empezaba a desesperarse, entre otras cosas porque Javi (López Vallejo) lo estaba haciendo muy bien. Y con el benjamín Ander. Ander hizo algunas concesiones sobre la relación con su padre: si suspendía, éste le amenazaba con sacarlo del fútbol, y eso daba resultado; y dijo con sinceridad que no sabía que Marcelino y Herrera se llevaban mal. Demostró tener los pies en la tierra, se vio que se sentía muy integrado en la plantilla y dijo que le habían hecho un corte de pelo horrible, algo menos horrible que el de Goni. Eso sí recordaba que había iniciado estudios de periodismo, su gran pasión después del fútbol, y si no me he confundido de voz, después de alguna chica…

 

Los tres, como antes Marcelino, dieron una sensación de buen rollo, de compañerismo, de complicidad de equipo. Di dos o tres vueltas en el coche, bajo la tormenta, entre los canales de riego y las calzadas secundarias de Garrapinillos, y entré en casa. ¡Qué haría yo en mis desvelos sin la radio! Habíamos grabado dos programas de ‘Borradores’ y había estado un rato con el gran Jesús Berdún, uno de mis seres predilectos de ‘Heraldo’, ese hombre bueno y sigiloso que lo dice todo con sus silencios iluminados…

 

Abrazos, más allá de las estrellas, al gran Feito, el único que sabía leer la endemoniada caligrafía de De la Morena. (La foto es de un cuadro de Van Gogh.)

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