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'EN FILA': PIEZA DE MARIANO ANÓS

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EN FILA

 

 

 

(EMIGRANTES EN FILA ANTE LA COMISARÍA)

 

 

Por Mariano ANÓS

 

- Tengo en el bolsillo una piedra del color de la última noche en que soñasteis con la selva. Cuando salgo a cazar soy el quebrantahuesos. Los reyes me señalan desde lejos y lloran sin motivo. Una vez recogí sobre las olas a doce economistas que ahora respiran con esfuerzo en los mares de plástico. La piedra no es de plástico, es de piedra, como la edad, como los ojos de los reyes.

 

.- Como los barcos, renuncio a hundirme cuando me es posible, cuando tengo bolsillos. Hay que tener bolsillos para meter las manos. Si es preciso, las manos se pueden dar o se pueden vender. Las manos sueñan, ése es su secreto. Los ojos no, por eso los ojos están siempre inquietos, hasta cuando se cierran. Los ojos están en fila, siempre, siempre en fila, sin bailar, como nosotros cuando no bailamos, como cuando  estamos muertos, como barcos sin papeles.

 

.- En la fila, unos ochenta puestos más allá, en dirección al mundo desordenado y ancho, una mujer recibe patadas en el vientre y no es la policía. No es por fuera. El sol la reconoce clemente y le da fuerzas. De noche le da sombra por dentro del vientre a la mujer. No la conozco. Cuando no estamos muertos, incluso cuando aún no hemos nacido, nos ponemos en fila y apenas nos movemos, lentos y curvos, como los girasoles.

 

.- Un girasol me dijo que el mundo andaba mal, equivocándose. Dijo que cuando sean suficientes apagarán el sol y ya nunca habrá ciegos redactando las leyes. Se mezclarán con el azul del cielo y el mundo será verde. Esa mujer lo sabe. Siempre que la interrogan dice que pregunten al sol. Alguna vez la miran unos segundos y entonces hay como una pregunta nunca dicha que echa a volar y ya no saben nada. Durante unos segundos levantan la vista, luego miran su vientre y ya no saben nada. Cuando vuelven a casa lo han olvidado todo. Esa noche no sueñan, o eso creen. Se levantan sintiendo la fatiga del mundo y vuelven al trabajo.

 

.- Yo vendo alfombras voladoras. Cuando lo digo sonríen como creyendo que tienen algo y que saben algo. Sonríen como obispos, casi siempre. Vaya una sonrisa, pienso. Algunas veces compran. Un niño dijo: ah, sí. Su madre: bueno. Subió a la alfombra y le dio igual que no volara. Dijo: me da igual. Su padre sonrió, o algo parecido. Su madre se pintó los labios. No compraron la alfombra.

 

.- Me estoy meando y pienso. Cuando me meo pienso. Estar en fila tiene inconvenientes: ganas de pensar no entran pero entran ganas de mear, casi constantemente, por qué será, y eso lleva a pensar aunque mucho mejor sería no tener que pensar, o cavilar, dar vueltas, marear lo que sea que anda por la cabeza. No sé quién manda en los pensamientos, pero no soy yo. ¿La policía? No sé. En un escaparate vi una alfombra con girasoles. Pensé: qué idea tan idiota. Ahora al acordarme me entran ganas de mear.

 

.- No es cierto que el plástico sueñe con el mar. Mi padre decía: el mar no es más que un gran hijo de puta con sardinas. Si no es por las sardinas, ya podían taparlo y sembrar coles, hierbabuena o buenos campos de fútbol. Tapar el mar, no creo que pudieran. Mi padre tenía sus ideas. Si taparan el mar, a él lo taparían. Ya lloramos por él. Mi madre dijo que el mar lo había castigado, pero yo no lo creo. Sólo pasó, como pasa tantas veces. Yo sigo comiendo sardinas, ¿por qué no? Y sigo cosechando las coles bajo el plástico. Sí, hace mucho calor. Mi padre no aguantaba el calor: se remojaba todo el tiempo. Yo he salido más fuerte. Dicen que la tierra se está calentando. A mí me cogerá preparado.

 

.- Los ojos de mi madre ya no sirven para ver. Ahora, cuando la miro soy un espía doble: del sol y del recuerdo de sus ojos. Aquí, en la fila de los papeles, cuando me mira un policía, ya sé que no es mi madre. Del tiempo no sabemos nada, ni siquiera si pasa de verdad y aún menos para qué. Cuando me miran estoy muy lejos, pero de dónde. Cualquier animal siente la mirada de las moscas. Nosotros olvidamos. Nunca he visto nacer un arroyo de montaña pero precisamente allí es donde estoy cuando me mira un policía. Mi madre casi siempre estaba en casa. Necesito una ducha. Miradme, moscas, y escribid papeles.

 

*El poeta, actor, pintor y director de teatro Mariano Anós me envía este texto, esta suerte de monólogo del que dice que no sabe si “sería representable”. La foto es de Michelle Magdalena.

 

 

 

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