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FÉLIX J. PALMA: CUENTOS DEL ABSURDO

Félix J. Palma incorpora el absurdo

a los malabarismos de la realidad

 

El autor de ‘El mapa del tiempo’ publica ‘El menor espectáculo del mundo’ (Páginas de Espuma), nueve cuentos de poesía, excentricidad y sorpresa

 

A Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, 1968), autor de un libro de relatos de culto como ‘El vigilante de la salamandra’ (Pre-Textos, 1998), le ha cambiado la vida la novela ‘El mapa del tiempo’ (Algaida, 2008. XL Premio Ateneo de Sevilla). Ha tenido un importante éxito en distintos países del mundo y será vertida a 25 lenguas del planeta. Además, Félix ha dejado las tierras del sur -Cádiz, Sanlúcar y Sevilla-, y se ha trasladado a las afueras de Madrid. Lo hace con un libro distinto, de nueve cuentos, ‘El menor espectáculo del mundo’ (Páginas de Espuma, 2010), en el que regresa un poco a sus orígenes: a una prosa muy elaborada, salpicada de hallazgos expresivos y de imágenes deslumbrantes.

Félix J. Palma advierte: “Una novela y un libro de cuentos son proyectos muy distintos. La novela exige una trama, unos personajes, un desarrollo, una acción que arrastre al lector; el cuento es distinto, tiene un fogonazo de poesía, de sorpresa, de perplejidad. A mí me interesa mucho suministrar el asombro. En el cuento me siento heredero de Julio Cortázar”.

Había publicado hasta ahora cuatro libros de relatos. Este es el único en que el conjunto no toma el título de una de las piezas. Señala: “Si hasta ahora me había movido en el terreno de lo fantástico, aquí he dado un giro hacia el absurdo en la vida cotidiana y hacia los malabarismos de la realidad”. Recuerda una frase de Óscar Wilde: “El hombre no podría creer en lo inverosímil, pero sí en lo imposible si se lo cuentan bien”, y se la aplica: es lo que él hace. Su libro está poblado de fantasmas, de personajes extravagantes, de rarezas, “eso sí, en un escenario lo más real posible, donde irrumpe el absurdo, lo maravilloso, lo inesperado”. Vuelve un instante a Julio Cortázar y se reafirma en una idea: “Estoy en contra de eso que se llama el estilo invisible del narrador, a la manera de Raymond Carver o de otros norteamericanos. Yo quiero que se note el narrador, que se perciban la prosa y sus giros, las imágenes, el esfuerzo por transmitir la belleza y la emoción de una determinada manera. Quiero que cada párrafo sea estilísticamente una unidad dentro del conjunto, que cada línea tenga un valor en sí misma. No pretendo ser original, pero sí intento crear una fascinación especial. El estilo es el perfume de la literatura, y más aún del cuento”. Félix J. Palma insiste en que le gustan las asociaciones de palabras, los juegos léxicos. “Quiero contar situaciones y acciones, sentimientos y reflexiones, y eso exige una escritura concreta, una complicidad: el lector las percibe aunque a veces no sepa cómo explicarlas”, indica.

Félix J. Palma, que presentó su libro en Cálamo y ha estado de invitado en la Feria del Libro, narra historias de gatas que se enamoran de su vecino; de un vendedor de enciclopedias que finge ser el hijo de una de sus clientas; de una niña más o menos increíble, soñada por Kafka, que recibe cartas de una muñeca que ha perdido; de un hombre corriente que le deja mensajes a un fantasma en la puerta de servicio de una cafetería. Como casi siempre, Félix J. Palma llena sus libros de intensidad, humor, ingenio, inquietud y poesía. Concluye: “Y reivindico el cuento, que para muchos es un género menor. Nada más lejos”. Desde luego: el cuento podría ser el soneto de la prosa.

 

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