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LECTURA DE 'LOS DOMADORES DEL BALÓN'

Hace unos días, en andalán.es. Salvador Romero –seudónimo del catedrático de Historia Contemporánea Carmelo Romero, cronista de fútbol y biógrafo del Numancia- publicaba estas notas sobre mi libro ‘Los domadores del balón. Un diario del Mundial de Fútbol de 2006’, publicado por Nacho Escuín en el sello Eclipsados. Le agradezco mucho a Carmelo Romero su mirada y su generosidad

 

DOMADORES DEL BALÓN:

ACRÓBATAS DE PALABRAS

 

Por Salvador ROMERO. Andalán.es

 

Habremos de convenir que, sin Homero, Troya sería mucha menos Troya o que el Cid, sin su Cantar de Gesta, “Campearía” bastante poco. La literatura, entre otras cosas, agranda mitos y construye leyendas.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la literatura española referida a los espectáculos de masas prácticamente se limitó a los toros. La épica –y lo táurico la desparrama-  siempre ha sido fuente generosa para la lírica. Y así, mientras los toreros levitaban en coplas, cuartetas y redondillas, el fútbol malvivía en crónicas del partido, con referencias tan sólo a tiros “lamiendo el poste”, a “paradones antológicos” y a los goles, con su minuto y hasta segundo correspondiente. Nada más antiliterario, en verdad, que aquellos cronicones en serie de incidencias puntuales y cronómetro en mano.

Al fútbol le costó mucho menos conquistar masas que ganarse literatos. O dicho de otro modo, atrapó mucho antes la historia que la leyenda. Claro está que a quien se hace dueño de la realidad, tarde o temprano se le terminan colocando cimientos para el mito. Todo es cuestión de tiempo. En este caso el necesario para que ciertas elites terminaran reconociendo, en lo que consideraban los garbanzos de la masa, sus propios manjares cotidianos. Y es que si las caídas de caballo, a lo San Pablo, suelen ser actos individuales, las “salidas del armario” acostumbran a ser acciones colectivas. De ahí que la lista de reconocidos escritores que han dedicado una parte de su trabajo e inspiración al fútbol sea hoy ya larga. Entre ellos, y por lo que aquí hace, Antón Castro, quien acaba de publicar (Editorial Eclipsados, 2010) “Los domadores del balón. Un diario del mundial de fútbol de 2006”. Se trata de una sucesión de textos que, como indica en el prólogo, publicó en Heraldo de Aragón durante el anterior mundial, jugado en Alemania.

En las vísperas del enfrentamiento de “la Roja” contra Alemania –el fútbol, como la vida, siempre ofrece nuevas oportunidades- he disfrutado, y mucho, leyendo esos viejos textos y este nuevo libro de Antón Castro. Entre otras cosas, porque, como en mi caso, el fútbol forma parte de sus sueños no de la infancia, sino desde la infancia. Y los sueños son un buen paso para la literatura, para la buena literatura.

Por este libro de Antón desfilan cientos de nombres: de Bobby Charlton a Gerrard; de Beckenbauer y Uwe Seeler a Klose y Ballack; de Kopa a Platini y de éste a Zidane; de Eusebio, Colunna y Torres, a Futre, Figo y Cristiano Ronaldo; de Zagallo, Garrincha, Rivellino y Pelé a Sócrates, Zico, Romario y Ronaldo; de Cruyff y Van Basten a Robben y Sneijder; de Meazza, Mazola, Riva y Rivera a Fachetti, Maldini, Cannavaro y del Piero; de Ardiles a Kempes; de Maradona a Messi; de Zamora a Casillas; de Luis Suárez a Xavi; de Del Sol a Lapetra; de Gainza, Basora, Puchades y Campanal a Di Stéfano; de Zarra a Marcelino y de éste a Raúl y luego a Villa….. Cientos de nombres y alguna que otra decena de animales –colibrís, ardillas, chacarés, leones, gacelas, guepardos, arañas, tigres, galgos, gamos, perros de presa, panteras, cobras…-, pues nada más habitual en las metáforas futbolísticas, ni quizás mejor, que la variedad de actitudes, movimientos y estrategias que la gran república del mundo animal ofrece.

Centenares de nombres, decena larga de animales, múltiples episodios ensartados, con primor de buena costurera, como cuentas de collar… Pero, por encima de todo, este libro de Antón Castro no deja de ser una continuidad de aquel niño gallego al que un tal Manín, que iba para figura del Deportivo, le empezaba a llenar la cabeza de sueños. De sueños de domadores del balón, con esperanzas, sin duda, de llegar también a serlo.

A ciertas alturas de la vida no sólo sabemos lo que no hemos sido, sino también lo que no seremos y es entonces cuando, antes que renegar de los sueños eternos, intentamos recurrir a la acrobacia de las palabras para, al recordar historias, acrecentar leyendas. El fútbol sigue siendo de los domadores del balón; su leyenda, afortunadamente, está ya en manos de los acróbatas de las palabras.

Para quien guste del fútbol y de la buena literatura, “Los domadores del balón” le resultarán, tanto si esta tarde se gana como si se pierde con Alemania, un buen manjar.

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