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DIEGO Y 'LAS BODAS DE ISABEL'

’Los Amantes de Teruel’ de Jorge Gay.

[Anoche, en compañía de Olga Bernad, el grupo Deep in Blue y Luis Felipe Alegre (que leyó dos poemas: ‘Vida de poeta’, dedicado a Mariano Esquillor, y ‘Una casa en venta’ de ‘El paseo en bicicleta’, que vi ayer unos minutos antes de empezar la lectura) participé en una lectura de poemas en La Campana de Los Perdidos. Mi gratitud a Fernando Sarría, Miguel Ángel Yusta, Manuel Forega y José Ángel Rodicio, entre otros, y a los asistentes. Quería haber leído este texto de ‘Vivir del aire’ en homenaje a ‘Las Bodas de Isabel’, pero al final se quedó en el tintero. Ayer, Miguel Mena realizó un estupendo programa desde Teruel en ‘A vivir Aragón’. Traigo aquí el texto que pongo en boca de un imaginario Diego de Marcilla. Hoy en mi sección ‘Cuentos de domingo’ de HERALDO le dedico otro texto a Isabel de Segura, otra Isabel imaginaria. Teruel ha sido muy importante en mi vida: he vivido más de una década en tierras turolenses y tengo dos hijos nacidos en el Bajo Aragón y el Maestrazgo]

 

 

LOS AMANTES DE TERUEL / 2

 

Ni yo mismo sé si he existido alguna vez en el siglo XIII o si he sido un milagro de la literatura. En cualquier caso me gusta mi nombre, Diego de Marcilla, amplificado en la leyenda del tiempo, modelo de amante loco de amor, caballero esforzado en pos de una quimera por aquí y por allá, en batallas y tareas, a lomos del caballo. He soñado, más allá de la muerte, con Isabel de Segura: la he visto en sueños y pesadillas, la he deseado, he sentido su piel de cereza, la he percibido junto a mí transformada en piedra y olvido. Año a año, siglo tras siglo, he visto cómo nuestra aciaga historia pasaba a los libros, a las corrientes de aire, escalaba las torres mudéjares como un gran pájaro de pena. Decir Teruel era decir Isabel y Diego, decir Teruel era pensar en nuestra pasión imposible, decir Teruel era como refundar una ciudad mudéjar para el amor nuevo e inmortal. Desde hace unos años, soy una sombra feliz, un ardoroso espectro: resucito, adquiero distintas formas, asumo cuerpos ajenos y jóvenes, y avanzo por la ciudad, entre estandartes y la multitud dichosa. Al final de la algazara, cierro los ojos y noto el aliento de tantas mujeres que amo y he amado, esas mujeres que han sido y serán Isabel hasta el fin de los tiempos. Cierro los ojos y espero esa boca, ese beso definitivo que justifica cada una de mis metamorfosis.

 

De ‘Vivir del aire’ (Olifante, La Casa del Poeta, 2010).

’Los Amantes de Teruel’ de Muñoz Degrain.

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antoncastro

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