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EL TALENTO Y LA VOZ DE JOSÉ OTO

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Una de las secciones más seguidas del suplemento ‘Artes & Letras’ de Heraldo de Aragón de los jueves son los artículos de José Luis Melero. Recibe siempre muchas felicitaciones y llamadas, muchas atenciones y cariño por doquier. De esas columnas, ‘Fábulas con libro’, ha nacido el volumen ‘La vida de los libros’ (Xordica). Publico aquí el último artículo, este recordatorio del cantante de jota José Oto.

 

JOSÉ OTO

Por José Luis Melero Rivas. De ’Fábulas con libro’ / Heraldo de Aragón

El próximo mes de abril se cumple el cincuentenario de la muerte de José Oto. Oto despierta interés por muchas cosas. En primer lugar, y sobre todo, porque ha sido el más grande cantador de jotas de la historia. Nadie cantó con su delicadeza, con su gusto extraordinario, con su fuerza y su bravura, que no eran nunca un valor en sí mismas, sino que él las ponía solo al servicio de las tonadas más valientes, de las más arriesgadas y comprometidas, de las que precisan ser cantadas de ese modo para llegar al corazón de todos. Por eso su interpretación de la fiera antigua, de la fiera zaragozana, no ha sido superada por nadie. Pero es que, además de haber sido el mejor, Oto es todo un personaje literario, un personaje de leyenda: murió a los 54 años, pobre, alcoholizado, en la Casa de Socorro, a donde lo había trasladado el doctor Ricardo Malumbres, que lo encontró casi agonizante en una humilde pensión de la calle San Blas. En realidad, bebió y se dejó morir por amor. Desde que su novia, la gran cantadora Felisa Galé, murió en 1948, Oto parece que fuera buscando la muerte. Ya no quería vivir y Oliván Bayle, que lo conoció casi desde niño, desde que Oto iba a aprender bandurria a la academia de música de don José Calabia, en la desaparecida calle de Escuelas Pías, escribió “que se dejó morir, que se quiso morir”. Lo amortajaron con traje aragonés y le pusieron “un pañuelo por la cara”, en recuerdo de la copla que tantas veces cantó. Su entierro ha sido tal vez el más multitudinario de los que se recuerdan en Zaragoza. Dicen que más de cien mil personas acompañaron el féretro hasta Torrero y en la Plaza de España, en medio de un silencio estremecedor, se escucharon tres de sus estilos más característicos, entre ellos, desde luego, su fiera incomparable. Yo tengo una preciosa foto suya en el mejor rincón de mi casa y lo saludo con afecto todos los días. 

 

*Arriba un retrato de Felisa Galé y José Oto, el más conocido, reproducido aquí y allá (lo he tomado de la página de Rafael Castillejo), y un retrato de José Oto que tomo del blog de José Luis Cortés que reproduce, muy gentilmente, un extenso artículo que le dediqué en Heraldo a Oto y a su amada.

El blog es: http://madalenazaragoza.blogspot.com/2008/05/jos-oto.html 

                                                                                                        

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antoncastro

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