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DENNIS HOPPER, FOTÓGRAFO

El fotógrafo indomable Dennis Hopper

 

Taschen publica un volumen de gran formato con las fotos que realizó el actor y director de ‘Easy rider’ fechadas entre 1961 y 1967, y con las fotos de su propia vida

 

 

Dennis Hopper (1936-2010) ha sido una de las personas más fascinantes del mundo del cine de Hollywood. Lo fue casi todo: actor, guionista, productor y director de una película de culto, ‘Easy rider’ (Busca tu destino, 1969), una obra personalísima que tenía el sabor de una culminación de unos años muy intensos de creación –en la pintura, en el cine y en la fotografía-, de amistad, de sueños más o menos y de una existencia peligrosa, casi al límite.

En el cine, Hopper debutó en obras como ‘Rebelde sin causa’ o ‘Gigante’, donde coincidió con el espíritu atormentado de James Dean. Gran amigo suyo, algunos biógrafos han dicho que “la muerte de Dean salvó a Hopper”, le llevó a buscar su lugar en el mundo y reflexionar acerca de su propio sino. En aquellos días, Hopper era un joven rubio y atractivo que era retratado una y otra por un fotógrafo como William Claxton, el cronista visual del jazz. Hopper siguió con pie en firme en el cine: actuó en ‘Duelo de titanes’. Poco después, inició una aventura intensa y apasionante: una labor como fotógrafo que lo llevó a realizar varias exposiciones, a ser objeto de retrospectivas y catálogos. Esa tarea, gigantesca y variada, acaba de ser publicada en un libro de gran formato de Taschen: ‘Dennis Hopper. Photographs, 1961-1967’ (Madrid, 2011. 546 páginas), que aparece en España, paradojas de la edición, inicialmente en inglés, alemán y francés.

Hopper nació en un ambiente artístico, creció rodeado de jardines, de pintores, artistas y escritores, y uno de sus primeros sueños fue el de ser pintor. También recordaría con mucho cariño sus estancias en la granja de sus abuelos cerca de Dogde City. Años más tarde, recuperaría su vocación plástica con la fotografía. Poco después de su boda, su mujer Brooke Hayward le regaló una cámara Nikkon de 35 mm. que ya no dejaría. Con ella lo captaba todo con tanto fervor como curiosidad. Con clara voluntad artística, dentro de un estilo que a veces podría clasificarse documental, otras veces bruto, otras veces próximo a la abstracción.

Hopper era un fotógrafo intuitivo: inicialmente captó el mundo de la pintura y del expresionismo abstracto: las texturas, las masas, los detalles abruptos, los cristales rotos, el volumen, el arabesco de las alambradas. Da la sensación de que sus fotos descubrían en la calle o en las paredes aquello que pintaban Jaspers John’s o Ruscha. Posteriormente, en una serie que el editor Tony Shafrazi titula ‘En el camino’, con claro parentesco con Keroauc y los ‘beats’ (Hopper retrató a Timothy O’Leary, uno deellos), lo vemos en una línea distinta: próximo a fotógrafos como Elliot Erwitt, Robert Frank o Walker Evans, o incluso a Helen Levitt, cuando se pone a retratar niños en las calles. En ese período le interesan las autopistas, las calles, las valles publicitarias, la gente que camina, los escaparates y sus tipografías, y a veces podría decirse que compone con un desaliño buscado, con una estética feísta, aunque casi a la par muestra fotografías rotundas, de gran belleza. Le interesan muchos los fondos, las pintadas, los reflejos.

Pero también estuvo en los toros en México, en Durango o Tijuana. Como era de esperar se zambulló en Hollywood, en diversas películas. Y captó a numerosos actores, entre ellos a Dean Martin o John Wayne. Esa serie se completa con otra, ‘El ojo subjetivo’, donde captó a David McCallun, a Jane Fonda, a su adorada Tuesday Weld (a la que había amado siempre, confiesa), a Paul Newman, con quien coincidiría años después en ‘La leyenda del indomable’.

Hopper vivió aquellos años con intensidad. Era un maravilloso anfitrión en una casa que parecía un museo. Estaba llena de cuadros de Warhol y de arte pop. También le interesó la moda y ese mundo tan psicodélico y rebelde, de excesos y muchas chicas bonitas, el mundo de Warhol y de David Hockney, los ‘beatniks’, los expresionistas abstractos; captó las masas, los desnudos o algunas de las manifestaciones que perturbaron el país e inflamaron el verbo reivindicativo de Martin Luther King, a quien retrató. Entonces, “Nueva York era realmente el centro del arte en el mundo”. El libro se completa con entrevistas a Hopper, un extenso catálogo final de todas las obras, son más de 400, y una fotobiografía que recorre cada una de sus películas, entre ellas, ‘Apocalipsis Now’, donde hacía de fotógrafo, ‘Terciopelo azul’ o ‘Elegía’ de Isabel Coixet, en 2008. 

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antoncastro

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