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FÉLIX TEIRA CUBEL: UN DIÁLOGO

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“EL AMOR QUE NO SE CUIDA ACABA

POR VOLVERSE MUY FRÁGIL”

 

¿Cuál es el punto de partida de ’laciega.com’ (Funambulista)?

Yo percibía un malestar difuso, incluso antes de la crisis. Cuando los ideales se desmoronan viene el «sálvese quien pueda», cada uno busca solucionar individualmente sus problemas. Los personajes reflejan esta situación de desorientación colectiva.


Parece tener un parentesco con ’Sueños de borrachos’ (Poliedro, 2005), su libro anterior...

Sí, tiene razón. Es un cuento desgajado de ’Sueños de borrachos’ que creció por su cuenta. Metiéndome en la piel de los personajes (escribir conlleva desdoblarte en otro), llegó un momento en que tomaron vida propia y así se fraguó la novela.


¿Qué ocurrió en esa pareja con niña a la que todo parecía irle bien?

Antes de la crisis, una joven burguesa occidental, bellísima y con estudios, tenía múltiples expectativas, el mundo a sus pies. ¿Cómo asumir la frustración, la privación del consumo, el desengaño sentimental?


¿En qué medida nos condicionan el azar y los malentendidos?

Ah, el póquer de la vida es impredecible. ¿Quién está a salvo de aceptar una propuesta de dinero fácil, un amor intempestivo o de traicionar secretamente sus creencias? Me interesa que el lector se plantee estos interrogantes.


La novela tiene un aroma apocalíptico y los personajes son un poco avasalladores e inhumanos.

No, no era mi intención. Pretendía que fueran profundamente humanos y por tanto normales, gente corriente. Los humanos somos un barro de diversas arcillas, con nuestra ’cara B’, a veces miserable y mezquina, y nuestra ’cara A’, generosa y altruista.


El ingeniero Ismael se queda en paro y siempre está fuera de casa. Ni se queda con la niña. ¿Qué clase de paro es el suyo?

Como dice Mariano, el psicólogo clínico de la novela, Ismael pertenece a los P. A., proletarios ascendentes, individuos que provienen de abajo, ambiciosos, que creen que si no consiguen dinero siempre serán unos parias. Ismael realiza cursos, aprovecha el paro para especializarse con la finalidad de ascender y medrar. Y su mujer, Marga, la protagonista, no quiere darse cuenta del torbellino en que se ha metido, el fular con que se tapa los ojos es una manera de no ver. Gana mucho dinero que usa para contentar a los suyos y expiar su culpa. En el fondo, se engaña a sí misma pensando que lo que está oculto no existe.


Hablemos de Chon: la amiga de Marga, el contrapunto, esa mujer un punto exuberante que siempre está en el mercado.

El dolor íntimo de Chon, pese a su aparente frivolidad y a todos sus amantes, es no haber encontrado ese hombre «inteligentemente tierno» con el que soñaba en su diario de adolescente.

¿Tenemos dificultad para cerrar bien nuestro pasado? Le sucede a casi todos los personajes.

¿Quién no reescribiría un pasaje de su biografía? Nuestra personalidad es memoria acumulada, y el pasado de alguna manera nos da sentido. Un personaje afirma: «Somos memoria, y cuando la rata del Alzheimer nos roe el pendrive dejamos de ser». Pero la vida no es el borrador de una novela que se puede retocar y retocar impunemente.


¿Cuál es el peligro: internet, el sexo inmediato, nuestra prisa?

Internet tiene tal fuerza que condiciona las relaciones sociales, y es un hecho que la palabra «sexo» es la más buscada. La red favorece el encuentro fugaz, banal, a veces oculto, y sin compromiso. Una pradera primaveral de satisfacciones inmediatas en la época de las prisas; otra cosa es el amor, un árbol de crecimiento lento. El amor que no se cuida a diario acaba por volverse muy frágil. Aquí pasa.


¿Cuál es la historia real que más le ha impresionado en su investigación del sexo por internet?

El caso de Marga, aunque parezca ilógico, no es inverosímil: una mujer que se presta a tener sexo en Internet durante unos meses y después lo deja. Si nadie la descubre todo seguirá igual.

¿Por qué hay tan poco humor?

Al menos hay ironía, creo. Mariano se burla de sí mismo y de sus actos vistos a través de su prisma de psicólogo. El nudo de la novela excluye el humor; en esas circunstancias sería cinismo.

¿Había querido hacer siempre una novela tan dialogada?

Sí. Los diálogos están trabajados como si fuera un guión cinematográfico. Los diálogos sirven para definir al personaje, pero también son una manera de aligerar la lectura, un cóctel de verano que espero que ayude al lector.


¿Cuál es lugar de Zaragoza y su microcosmos literario en el libro?

Zaragoza ocupa un lugar central en toda mi obra. Yo creo que las recreaciones literarias o cinematográficas contribuyen a crear el imaginario colectivo de una ciudad. Espero que el lector aprecie la carga emocional que encierra cada lugar: disfruto describiendo la torre de la Magdalena, recién iluminada, cuando sale a hacer la noche cargada de azulejos, el Ebro que discurre por los tajamares del puente de Piedra, la niebla fría que ahoga la plaza de Salamero, Las Fuentes, el Actur?


¿En qué ha cambiado Félix Teira?

No sé, es difícil verte a ti mismo. Creo que las canas y el colesterol son buenos compañeros de viaje para un novelista. Pienso que soy más escéptico y, quizá por ello, más equilibrado.

 

Laciega.com. Félix Teira Cúbel. Funambulista. Madrid, 2011. 420 páginas. Este texto aparecía el pasado miércoles en ’Heraldo de Aragón’

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antoncastro

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