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MIGUEL MENA: UN RETRATO DE FÉLIX

Ayer, en la librería Antígona, José Luis Melero y Víctor Juan presentaban el número doble de la revista Rolde dedicada a Félix Romeo. Miguel Mena también participó en la presentación y lo hizo como él sabe hacerlo: con ternura, talento, ingenio y un inmenso hacia Félix y su órbita. Cogió una frase de los autores de los textos y armó un nuevo texto: esta biografía fragmentada de Félix, este retrato impresionista).

 

(PALABRAS PARA FÉLIX)

Por MIGUEL MENA

 

Le conocí un domingo de fútbol al salir del estadio, gracias a  mi padre que me dijo que tenía que conocer a este tipo extraordinario.

Los cromos de fútbol fueron el primer afán nominalista que recuerdo de Félix. Recordaba el nombre de todos los jugadores y nos hacía descubrir cómo los uniformes de los últimos fichajes eran un montaje fotográfico.

Soñaba un Zaragoza que implicara a toda la ciudad, un Zaragoza orgulloso de su historia, pero moderno, un club grande que perteneciera a su gente, que fuera lo que los zaragocistas quisieran.

Nunca dejó de soñar con una ciudad mejor.

A Félix entonces le dolía su tierra unamunianamente. Quería arreglarlo todo y lo más rápidamente posible.

Fue el ejemplo a seguir en la conciliación de lo próximo y lo universal.

Fue, además de amigo y fabulador de historias, compañero de viajes, de comidas y de altas horas de la noche junto a muchos de los escritores que participaron en Invitación a la lectura.

Disfrutaba de la vida con la convicción de un búfalo.

Siempre insistía en que era la certeza de que iba a morir lo que le hacía exprimir la vida.

Le hacía rabiosamente feliz la música de Battiato. Ponía un disco y cuando se iba de casa lo dejaba sonando.

Se inventaba también chistes del tipo “Se abre el telón”. Se abre el telón y está Carmen París en una residencia de ancianos, que la abuchean, ¿cómo se llama la película? No es París para viejos.

Recuerdo que el año 2007 celebró su cumpleaños en su casa, en la calle Conde de Aranda. Le regalamos un abrigo entre todos. Ese abrigo era una metáfora. Porque él era quien más nos abrigaba.

Félix siempre estaba allí, en Madrid o en Zaragoza, escudado tras su ordenador, dispuesto a leer y a orientarme sobre todos los originales que le enviaba por vía electrónica. Su opinión me resultaba vital.

El final de Dientes de Leche está directamente inspirado en lo que nos contó esa tarde en casa de José Luis, y quiero pensar que de algún modo refleja el inmenso amor que Félix sentía por sus padres.

Amaba el amor y la familia. La suya, sobre todo, pero también las de los amigos. Creía en la amistad como otros creen en la vida eterna.

Tenía el vicio de empujar a los demás hacia sus anhelos y destinos, insuflándoles la seguridad en sí mismos que les faltaba.

Veía mucho más lejos de lo que vemos los demás.

He visto pocas veces a alguien tan ávido de saberlo todo, de apretujarlo todo.

Le gustaban las mesas redondas porque era más fácil hablar.

Era actitud de verdad, era Morrissey soñando canciones para las chicas de Las Fuentes.

Para Félix no había que pedir permiso para hablar y escribir de las cosas.

Conjugaba vida y cultura porque para él la vida sin cultura no era vida y la cultura sin vida no era cultura.

Echaré en falta al hombre vulnerable, leal, con una capacidad de amor todavía superior a su asombrosa digestión de los mil sabores de la cultura.

Siempre te veo como una sonrisa, un abrazo, una conversación y una biblioteca andantes.

Siempre era una alegría recibir tus postales, divertidas, ingeniosas y siempre animadas con dibujos del Romeo en la playa, del Romeo dibujado en ciudades de todo el mundo y, absurdamente, en 1995, del Romeo preso en la cárcel.

El último día conseguiste encontrar el mejor helado de sabor Liquiriza, el favorito de Lina; qué maravilla saber cuidar a la mujer que tanto amas.

Si fueras un país, serías México: intenso, desproporcionado, con olor a chile y a pólvora, lleno de colores, músicas, sabores y afectos desmedidos.

Dicen que tres nueces al día son buenas para el corazón. Ahora las comemos lentamente, nosotros, con algo de pudor, como si fueran tuyas, llevándote bien dentro de la boca, con el amargor justo.

La desaparición de Félix es la extinción de una gran supernova. El campo gravitatorio que ha generado, un infinito y desgarrador agujero negro, nos va a atraer durante el resto de nuestras vidas.

Hay hombres como Félix que hicieron de cada día una fiesta en la tierra.

Uno de los consuelos que tengo es que la noche anterior a su muerte estuviera cenando y hablando de cine, de literatura, de política y de la vida con algunos de sus mejores amigos.

Amiguito: has evitado el colapso, la agonía, el espanto que nos asedia.

Todas las puertas de la tierra van a llenarse con tu corazón.

 

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antoncastro

gravatar.comAutor: santi

Regreso de Córdoba. Leo el hermoso texto de Miguel y me consuelo un poco por haberme perdido algo que debió de ser estupendo. ¡Viva Félix!

Fecha: 28/12/2011 21:33.


gravatar.comAutor: Elías

Quien deja amigos así detrás de él, es que era grande de verdad.
Yo me siento amigo suyo después de leer sus libros; y también a través de vosotros, que lo tuvisteis tan cerca del corazón.

Abrazos.

Fecha: 29/12/2011 02:37.


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