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LA ZARAGOZA QUE DESAPARECIÓ

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LA ZARAGOZA DESAPARECIDA

[marisa Soler y Joaquín Merchán me envían el dossier y algunas fotos de la exposición, en el Centro de Historias, 'Zaragoza desaparecida'.] 

Organiza: Sociedad Municipal Zaragoza Cultural

Comisariado: Trazacultura.es (María Uriol y Sergio Artiaga)

Producción: Centro de Historias

Diseño gráfico: Víctor Gomollón

Montaje: Brigadas municipales de arquitectura

Seguro: AON–Gil y Carvajal

Colaboradores: Rafael Castillejo, Mª José Moreno, Juan Martín,

Jesús Gimeno, Agustín Muñoz y Amparo Martínez

Centro de Historias de Zaragoza

Plaza de San Agustín, 2

50002 Zaragoza

www.zaragoza.es

 

Horario:

De martes a sábados de 10 a 14 h y de 17 a 21 h

Domingos y festivos de 10 a 14 h

CONTACTO para mayor información y entrevistas:

Centro de Historias de Zaragoza

Tel: 976 721 885

Comisariado: Trazacultura (Sergio Artiaga)

 

Esta exposición, producida por el Centro de Historias de Zaragoza, pretende recuperar los lugares desaparecidos relacionados con el ocio en la ciudad entre la sociedad de posguerra y la sociedad expectante de la llegada de la democracia. Gracias a una intensa labor de documentación y búsqueda de materiales, además del apoyo prestado por una larga nómina de colaboradores y personas vinculadas al ocio de estas décadas en Zaragoza se va a poder mostrar un mosaico de recuerdos que permitan reconstruir la memoria sentimental del pasado inmediato de la ciudad y su gente.

Durante el siglo pasado la ciudad y sus ciudadanos cambiaron de forma radical en su forma de ser, de estar y de hacer; ocupando su tiempo en actividades y lugares de los cuales hoy sólo quedan recuerdos. Unos recuerdos que no son tan lejanos, que muchos zaragozanos tienen en mente, y que volverán a recordar a través de las paredes de esta muestra. Pero, además, se mostrará una ciudad desaparecida, nueva para varias generaciones de zaragozanos que permitirá crear un diálogo entre ambas.

 

BLOQUES TEMÁTICOS DE LA EXPOSICIÓN

Aquella Zaragoza

Antes de que las paredes de la exposición pasen a evocar los lugares del ocio desaparecidos de la ciudad, de un solo vistazo, se presenta cómo es la Zaragoza de la que se está hablando. Una ciudad que se va a modernizar en estas décadas, que va a crecer con nuevos paseos expandiéndose más allá de los límites que había tenido durante siglos y que incluso se va a atrever a cruzar la otra orilla del Ebro, para dar cobijo a sus ciudadanos, creando el barrio conocido como el Actur. Para llegar al centro, donde se concentraban los lugares de ocio, desde los barrios y viceversa los zaragozanos pagaban gustosamente el billete del tranvía, del trolebús, del autobús o, si había prisas, se cogía un taxi o uno de subía a lomos de las modernas Vespas.

 

 

En Zaragoza también había playa

Todos los zaragozanos saben que el verano en la ciudad, a veces, es imposible y que tierra adentro se sueña con la playa. Para solucionar esta situación ha estado ahí el Ebro —la mayor calle de la ciudad— cuyas orillas y cuyo cauce han sido durante años lugar predilecto de entretenimiento de la ciudad. Todo empezó en 1928 con la construcción del conocido popularmente como Balneario del Ebro. Un simpático pabellón de madera, pintado en blanco y azul, ante cuyo arenal se desplegaban los bañistas, al igual que en otros puntos del río como eran la Playa de los Ángeles y la Playa de las Hojalatas.

En 1965 estos entrañables Baños fueron derribados. ¿Los culpables? Los tiempos modernos, los modos nuevos y los gustos nuevos, es decir, el Club Náutico, las primeras piscinas y el Club Helios. Éste último, un lugar pionero en ofrecer a la ciudad pistas de frontón, de tenis, de baloncesto e, incluso, pistas de bolos, antes de la llegada de los americanos.

Su piscina se abarrotaba año tras año y sus actividades se trasladaban a las aguas del Ebro. La diversión unas veces tomaba forma de trampolines flotantes y otras veces eran las piragüas y los remos los que arañaban las aguas del río.

 

 

El Paseo de la Independencia: bares,

cafeterías y restaurantes

Este paseo era, y es, el ombligo de Zaragoza y el lugar que ha concentrado a lo largo del siglo XX los sitios de ocio de la ciudad: cines, teatros y, por supuesto, cafeterías y bares.

A mediados del siglo XX los cafés abiertos en el siglo XIX van a cerrar sus puertas para dar paso a otro tipo de hostelería. La vida moderna ya no se ve pasar desde una mesa sino que la gente se agolpará en las barras para tomarse un café Express mientras suena el murmullo de la música, la

radio o la recién llegada televisión. Para ilustrar estos lugares desaparecidos se han localizado fotografías, dibujos, vajillas, posavasos, menús o cerilleros de un buen número bares abiertos en estas fechas tales como el Café Salduba,

la Cervecería Abdón, el Café Alaska, Antiguos Espumosos, La Nueva Maravilla, La Maravilla, el Café Avenida, el restaurante Bienvenido, el Café París o Las Vegas, un local que supuso toda una revolución en 1955 en la ciudad por su espectacular decoración por parte de la empresa zaragozana Simón Loscertales Bona, lo que supuso que fuera bautizada como la mejor cafetería de España.

 

Las salas de fiesta: el embrujo de la noche zaragozana

Salir de noche, bailar, «alternar» no son cosas inventadas hoy. Si ahora en Zaragoza hay ambiente nocturno de jueves a sábado, hace cinco décadas era posible ir de sala en sala todos los días de la semana.

El color gris de otros aspectos de la sociedad era borrado por el colorido de las salas de fiesta que ofrecían espectáculos y atracciones en directo para todos los gustos: orquestas, cómicos, rockeros, vedettes, cuadros de baile o flamenco, artistas de primera fila y chicas en la barra con las que beber e intentar «algo más». También Zaragoza va a tener las mejores Salas de Fiestas del país, solo superadas por alguna de Madrid y Barcelona:

Cosmos, Rumbo, Pigalle, Venus, Capri, Cancela, Río Club, Corinto o Aída, la última sala de este tipo abierta en la ciudad, en 1975.

 

 

Los lugares desaparecidos

de la música

Estas décadas del siglo XX van a estar acompañadas por la banda sonora de una multitud de solistas y grupos de música —profesionales y aficionados— que surgían en la ciudad bajo la influencia de las estrellas nacionales e internacionales: The Beatles, Los Brincos, The Shadows, Adriano Celentano, etc. Más de cien grupos verán la luz estos años, y podrán actuar en casi otros tantos escenarios: salas de fiestas, el Jardín de Invierno del Parque Grande, las verbenas de los barrios como los de Montañana o Santa Isabel, los teatros e, incluso, en los cines. Y es que en cines como el Pax, Dux o el Madrid de las Delicias se celebraban las famosas matinales donde, los domingos por la mañana, la juventud acudía a animar a su grupo de música favorito y ver a los nuevos talentos.

 

Futbolines, billares y boleras

Muchos locales en el Coso, el Tubo, o la Calle San Miguel, ofrecían en Zaragoza tacos y bolas para jugar al billar de carambolas o francés, no al billar americano que es el que es habitual hoy en día. Aunque este otro tipo de billar se fue implantando en bares y pubs para que los americanos de la Base Aérea se sintiesen como en casa. «Culpa» también de los americanos es que Zaragoza sea una ciudad pionera en bowling.

Hasta cuatro boleras llegaron a funcionar en la ciudad en los años setenta.

La mejora: el Bowling Club de la Calle San Juan de la Cruz con dieciséis pistas abiertas.

 

Zaragoza: ciudad de cines

Zaragoza ha sido una ciudad liga - da al cine, desde sus orígenes. Si en la actualidad no llegan a diez los lugares donde disfrutar de una película, a mediados del siglo pasado habría más de cincuenta. Para ver las películas de estreno se debía ir al centro de la ciudad a las confortables y modernas instalaciones del cine Rex, Avenida, Coliseo o Actualidades, pero en cada barrio —Las Delicias, Oliver, Torrero, San José, etc.— había una sala donde ver películas de reestreno, una detrás de otra, mientras pasaban las horas de la tarde. En los años setenta, la expansión de la televisión hizo que muchos cines cerraran o acabaran siendo bingos por lo que esta sala de la exposición pretende descubrir y recordar mediante abundantes imágenes y curiosidades una larga lista de estos cines desaparecidos.

 

El cine de los cines

Tan importante como las salas de cine era la cartelera. Junto a fotografías de los cines desaparecidos se muestra una selección de carteles de películas que han sido fundamentales en las pantallas de la ciudad: desde la novedad de La Túnica Sagrada (1953) que fue la primera película proyectada en Cinemascope hasta el éxito de películas tan dispares como El Último Cuplé (1957) protagonizado por Sara Montiel o lo prohibido de El último tango en París (1972).

 

Los teatros

Los cines no eran los únicos escenarios para pasar una buena tarde o noche. La ciudad contaba con tres magníficos teatros, hoy ya desaparecidos: el Teatro Circo en la Calle San Miguel, el Teatro Argensola en el Paseo Independencia y el Teatro Fleta del cual aún se puede ver su «esqueleto» en la Avenida César Augusto, un verdadero icono de la arquitectura moderna en la ciudad.

Hoy en día un teatro es para obras de teatro, hace unas décadas un teatro acogía los espectáculos más variopintos que se pueda imaginar: circo, shows con fieras, revistas, zarzuelas, óperas, conciertos de música culta, festivales de música pop, proyecciones de cine, concursos de belleza, variedades, comedias, etc.

 

Fotografías de estos teatros y de los artistas que se pudieron ver desde sus butacas y antiguos affiches y programas de mano de sus actuaciones permitirán mostrar la intensa actividad de estos tres escenarios.

 

La eclosión del Teatro Independiente

En paralelo y mezclándose con el resto de programación teatral, Zaragoza va a ver como surgen con fuerza una generación de Grupos de Teatro Independiente que también tendrán ocasión de desplegar sus escenografías y fuerza dramática sobre los escenarios del Teatro Principal, del Teatro Argensola o de los aforos de los colegios de El Salvador y Marianistas o

el Casino Mercantil. Estos grupos aunarán el objetivo de divertir con sus montajes con la finalidad última de invitar a la reflexión, e incluso a la rebelión.

El Teatro Universitario de Zaragoza, uno de los más sobresaliente del país, marca el resurgimiento de una larga y heterogénea lista de agrupaciones: Teatro de Cámara (1963) —prolongado en el Teatro Estable—, Grupo 29 (1964), Teatro de Hoy (1965), Morfeo (1967), Teatro Club (1968), Tántalo (1969), Teatro Escuela, convertido luego en La Taguara (1970), Teatro

de La Ribera (1974), Mosca Teatro (1977), Talía (1979) o Tabanque-Imagen 3 (1980).

Todas ellas tenían en común la fuerza de voluntad de abrirse paso hacia la libertad creativa y la profesionalización de su trabajo en Zaragoza y Aragón; les diferenció casi todo lo demás.

 

El Plata

En 1943, en «el Tubo», el ombligo de Zaragoza, los oscenses hermanos Trallero abrieron un local que bautizaron como Bar Café Cantante Plata

que tras el paso de los años resistirá como el último café-cantante de Europa.

Espectáculos de lo más variopintos brillarán en su pequeño escenario hasta su primer cierre en 1992. Espectáculos que pretendían donar un rato de alegría a los espectadores, siempre con el acompañamiento musical del piano, la batería y el saxo. Sus artistas trabajaban en sesiones de noche, en sesiones de vermut en fiestas y también en la sesión del café pensada para que la gente de los pueblos que habían bajado a la capital pudieran gozar del espectáculo.

Para sentarse en sus sencillas mesas y sillas de formica no se pagaba entrada, el único importe era el de la consumición. Una vez que las luces se encendían empezaba un tira y afloja entre el público y los artistas: se les jaleaba, se les hacían comentarios jocosos a gritos y se les pedía determinados números a lo que los protagonistas del espectáculo contestaban con gracias, elegancia o grosería.

 

Un «Oasis» en la ciudad

Mientras en el resto de Europa los cafés cantantes, las variedades y el music-hall se iban desvaneciendo, en Zaragoza El Plata y El Oasis acompañaron a la ciudad en todas las décadas del siglo XX ofreciendo un heterogéneo panorama de actuaciones donde cabían la comedia, la música popular, el flamenco, la revista, el baile y el teatro, e incluso, aunque bajo el atento ojo de la censura, la sensualidad y el acercamiento a lo prohibido.

Este reducto de la Calle Boggiero fue bautizado como tal en 1942 tras un concurso convocado por Heraldo de Aragón aunque había abierto sus puertas muchos años antes, concretamente en 1909 como Royal Concert, nombre que se castellanizó en 1927 y que se cambió con La República y pasó a convertirse en Salón Variedades.

Su escenario se llenó de vida durante estas décadas gracias a su propietario Celestino Moreno, llamado por alguno «Catedrático de Estrellas». Celestino controlaba todo: desde los aspectos más burocráticos a las contrataciones y, por supuesto, el lado artístico del negocio llegando a hacer canciones, coreografías, carteles y decorados. La Historia de El Oasis y de Celestino Moreno, es la Historia del espectáculo español del siglo XX.

 

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