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MAGDALENA LASALA: UN DIÁLOGO

 

[Ayer, en el Patio de la Infanta, Magdalena Lasala presentaba su nueva novela, ‘La casa de los dioses de alabastro’ (Martínez Roca), en compañía de Encarna Samitier, María Teresa Fernández y Humberto Vadillo. Aquí explicas las claves del libro. Ayer se ofreció, en ‘Heraldo’, una versión resumida de la entrevista.]

 

 

Ya habías abordado el Renacimiento, pero ahora le toca a Zaragoza. ¿Qué es lo que te ha traído aquí, a tu ciudad y a esta época?

Hace mucho que quería dedicarle una de mis novelas a Zaragoza, aunque por ser precisamente la ciudad donde nací y donde vivo, me resultaba más difícil.  Al final, utilicé para ello una de las cosas que más fascinación me han causado: el Patio de la Casa Zaporta, hoy llamado Patio de la Infanta, que he estudiado durante casi veinte años.  La casa de los dioses de alabastro es mi homenaje personal a Zaragoza  rescatando una época de esplendor histórico que parece relegada al olvido, como fue el siglo XVI. Cuando el Justicia Juan de Lanuza fue decapitado en 1591, parece que a esta tierra le fuese cortada la memoria.


-Dices que aquella Zaragoza era como Florencia, otra Florencia, y sin embargo lo que más parece percibirse es el odio, la intolerancia inquisitorial, la difícil convivencia con los judíos conversos... ¿Era así o lo has exagerado por coherencia narrativa?

Zaragoza era apodada “la Harta”, y conocida como “la Florencia de Occidente”; se contaban en más de doscientas las casas nobles y palacios que la embellecían, reflejo de su poderío económico. Aragón miraba al Mediterráneo y Zaragoza recibía las modas de Flandes, Francia e Italia gracias al próspero comercio de sus mercaderes judeoconversos, pero además acogía las novedades intelectuales de Europa y albergaba a los pensadores más importantes e innovadores del momento. La Inquisición fue muy dura con la Corona de Aragón y especialmente con Zaragoza, su capital y cabeza. No he exagerado el maltrato que la “nueva” Inquisición de 1560 infligió a este territorio, al contrario, tuve que seleccionar las referencias para no hacer un relato exclusivamente centrado en los casos inquisitoriales, pero queda mucho por decir de lo que fue un verdadero ensañamiento contra la riqueza económica e intelectual que representaba Zaragoza en aquel momento.


-¿Has querido hacer una novela sobre una ciudad, sobre un amor imposible, sobre el odio, una novela de mujeres, sabias, de nuevo?

Todo a un tiempo, y algo más. Es una novela sobre el amor que narra la historia de muchos amores, como caras de un diamante que visto en su conjunto es una pieza total, el amor como origen de la maravilla y motor de la existencia, que además habla del esplendor olvidado de una ciudad que también amaba la vida en la expresión de su belleza como ciudad. El odio, la traición, la envidia, son los aspectos sombríos inevitables en el trayecto de lo humano, que acechan al amor como trabajos o escalones que han de superarse con valor, y que convierten en sabio a quien realiza su travesía. Las protagonistas de esta novela son sabias porque han aceptado el reto de amar y alcanzar el conocimiento a través del amor.


-Vayamos con los personajes... ¿Por qué las mujeres de los Santángel arrastran una maldición?

Los judeoconversos tuvieron que demostrar la sinceridad de su fe constantemente, y aun así fueron siempre objeto de sospecha y de recelo, como los miembros de la familia Santángel. En la novela se añade a esta desconfianza sobre su apellido la propia historia pasada de las muchas mujeres Santángel ajusticiadas por la Inquisición, por motivos que parecen más relacionados con su condición femenina que otra cosa.


-Una de las cosas que más llaman la atención del libro es la multiplicidad de voces e incluso la presentación del texto, en redonda y en cursiva... ¿Querías crear una polifonía de voces, de puntos de vista, de visiones femeninas?

Son tres voces narrativas las que cuentan una historia total, donde están entretejidas sus propias historias personales, que avanzan desde lo interior a lo exterior hasta completar todo lo que debe ser contado. La tercera voz se descubre al final. Las dos voces principales son Brianda de Santángel y la morisca Perla. He querido hacer un juego de tres voces como tres son las caras de las columnas del Patio de Venus, el patio de la Casa de la familia Zaporta, alrededor del cual transcurre la novela y he construido sus claves desveladas.


-Brianda de Santángel llega a Zaragoza en 1559 y morirá en 1570. De manera sencilla, y sin desvelar, cómo dirías que es, cómo la has querido retratar.


Brianda  es una joven de gran sensibilidad, sobrina de Sabina de Santángel, y viene desde Valencia como institutriz de la hija pequeña de su tía, la niña Leonor.  Brianda vivirá una intensa pasión con Luis Zaporta, el primogénito de su tío, que sirve de hilo conductor para desentrañar los misterios que envuelven la construcción del Patio de Venus, parte central de la mansión de los Zaporta,  y comprenderlo como un templo dedicado al amor y  los amantes. Brianda se parece mucho a la hermana de Sabina, muerta de adolescente, y eso hace que entre ellas se entable una relación especial de memoria restaurada y segundas oportunidades que nos va descubriendo el verdadero motivo de la presencia de Brianda en Zaragoza, relacionado con el destino de todas ellas.


-Es muy importante la complicidad entre las mujeres. ¿Es especial la amistad femenina?

La Casa de los Dioses de Alabastro recrea el universo femenino de las mujeres que conviven en la Casa Zaporta, Sabina, Perla, Brianda, la niña Leonor, Blanca, la pariente de Gabriel…, pero también de las otras mujeres que habitan su memoria.  No se habla de amistad femenina, sino de algo más profundo e intangible: ellas comparten un destino que las obliga a reconocerse, cada cual en su misión insoslayable en relación a lo que tiene que ocurrir.


-El amor está muy presente, al menos en tres historias. ¿Sabría Magdalena Lasala hacer una novela sin amor? ¿Qué significa para ti el amor?

Esta es una novela que parte del amor como elemento primordial para explicar la construcción de la Casa Zaporta, espejo del esplendor de la Zaragoza renacentista, y que utiliza el amor como vehículo para recrear todas las historias de amantes que giran alrededor de una trama muy intensa  que sólo al final se desvela, y que implica a la historia más íntima y primordial del simbolismo zaragozano.  Hay muchas historias de amor en La Casa de los Dioses de Alabastro, porque es una novela de amantes, esencialmente. Amantes que guardan y entienden el amor como un secreto que alumbra desde la oscuridad.  El amor es inacabable como camino de conocimiento y de experimentación,  así lo vivo y lo entiendo.


-Vayamos por partes: una de las historias  sugeridas, es la de Gabriel Zaporta y su segunda esposa Sabina: él decide hacerle un regalo maravilloso como el Patio de la Infanta.
Gabriel Zaporta  mandó construir como regalo de bodas para Sabina de Santángel una casa palaciega a la moda italiana siguiendo los cánones de la época, pero a la que añadió claves que sólo se han descubierto con el paso del tiempo: las ocho columnas de alabastro del maravilloso patio es una carta astral del día de su boda: 3 de junio de 1549.  Hay muchos otros secretos esculpidos en esa maravilla que hoy podemos admirar, rescatada de la demolición en 1903 del resto de la casa, y que se conoce como Patio de la Infanta.  Zaporta se ayudó de eruditos como Miguel Violante para contratar a artistas e inspirarse en motivos librescos de la época, demostrando su gran cultura intelectual y su osadía económica. Pero Sabina fue la gran inspiradora. Gabriel estaba profundamente enamorado de ella.


-Otra determinante y enigmática historia de amor es la de Perla y Jabir, el escultor y sabio... ¿Sería como la segunda novela del libro, capital, la más libresca también, la clave del misterio?


Jabir es un personaje que late a través de toda la novela desde el legado de sus profecías y desde su memoria proscrita, pero es el que conoce el secreto desde el principio, aunque sólo lo podemos descubrir al final.  Igual que Perla, su amante, la que es depositaria de su legado y,  a su pesar, tiene que sacarlo a la luz.  No se sabe quién fue el escultor de las maravillas que están talladas en el Patio  de Venus (o de la Infanta), por eso tuve que crear un personaje que diera explicación a esa incógnita, y es Jabir, mudéjar, nigromante y astrólogo, escultor de los símbolos de la casa Zaporta, que se negó a la conversión y fue asesinado por un complot.  Su amante, la morisca Perla, arrastra el peso de su recuerdo y vivirá su amor más allá de la muerte, descubriendo las profecías que afectan a Zaragoza, a la casa Zaporta y todos sus miembros.

 


-La parte central es la de Brianda y Luis. Una historia de amor imposible, pero no por ellos, sino por la envidia y la Inquisición ¿no?

El amor entre Luis y Brianda está marcado por el destino, igual que el fin de la estirpe de los Zaporta, e igual que la belleza de las mujeres del apellido Santángel. El amor entre Luis y Brianda  es inmortal, y para eso, a veces, tiene que ser imposible en lo terrenal.  Todo lo que ocurre alrededor de su amor, sin embargo, es intenso y muy hermoso, inevitable y motivo de la inmensa envidia de sus enemigos. Su historia es una promesa de eternidad.


En realidad, con esta novela ¿has querido hacer un gran homenaje al Patio de la Infanta y sus enigmas?

Comprendí que mi homenaje a Zaragoza tenía que ser a través de expresar los sentimientos que me produce el Patio de la Infanta. Hoy se llama así a lo que fue patio y parte central de la Casa Zaporta, construida por el mercader judeoconverso y noble de Aragón Gabriel  Zaporta, tesorero del emperador Carlos.  Se llama Patio de la Infanta porque Teresa de Vallabriga vivió en la Casa Zaporta desde 1793 hasta 1820; el pueblo zaragozano la quería mucho y ya para siempre identificó el patio con ella,  hoy lo vemos en la sede central de IberCaja.   Desde hace veinte años ese lugar ha ocupado una parte de mis obsesiones, he respirado sus misterios hasta comprender que necesitaba escribir sobre él, su origen, su memoria, su secreto recóndito…  Ese patio es llamado “espejo” del esplendor renacentista zaragozano.  Pero además lo siento algo mío, cada día me emociona más. Saturno, Apolo, Mercurio, la Luna, Venus, Marte, Júpiter, sus columnas de tres caras me susurran y yo las escucho.


Hay varios malos: Blanca Ramírez y el jurista Gaspar de Aliaga, próximo a la Inquisición. Parecen malos de película, antagonistas feroces de Brianda ella y de Luis Zaporta, él.

Sí, son muy poderosos, además. Representan a los enemigos de lo que todos desearíamos, que el amor sea el victorioso en la contienda entre la luz y la oscuridad.  Pero son muy humanos, encarnan capacidades humanas como la envidia, la ambición, la rabia o la maldad. En el Patio hay representados además de los planetas y los medallones de amantes, los vicios y virtudes que son connaturales a lo humano. El lado sombrío también forma parte de la vida, y los personajes antagónicos son necesarios para simbolizar esa lucha entre el bien y el mal.


También hay un enigma y un libro secreto... ¿Hay algo de verdad o es invención?

Lo tiene que descubrir el lector…


Por cierto, tal como se sugiere en uno de los capítulos más narrativos (el de la Inquisición con el cura y Gaspar y Gabriel), ¿podría ser el Patio de la Infanta un desafío a las convenciones de la iglesia o de la Inquisición?

Sí, sin duda. La belleza excesiva o suntuosidad se consideraba pecado de soberbia y había un edicto promulgado por el rey Felipe II contra los lujos de infanzones y mercaderes adinerados que pretendían imitar, según indicaba, lo que sólo a él le correspondía. Precisamente en Zaragoza, ese edicto fue desoído, lo que molestaba profundamente a los cargos eclesiásticos y emisarios reales. Ese capítulo al que alude tu pregunta es esencial en el desarrollo de la trama, porque plantea la relación de elementos decisivos para la conclusión final del enigma en torno al Patio de Venus y sus moradoras.  

 

*Las fotos son de Columna Villarroya y de Vicente Almazán.

 

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