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BUSUTIL: EL TEMA DE LA AMISTAD

[Guillermo Busutil acude cada domingo a su cita con 'La Opinión de Málaga'. Las muertes de Tito Vilanova y Gabriel García Márquez y el Cervantes que recibió Elena Poniatowska, entre otros, le han suscitado una reflexión sobre la amistad y las relaciones humana, la complicidad y la pérdida.]

EL TEMA DE LA AMISTAD

 

Guillermo BUSUTIL. La Opinión de Málaga

La amistad es una mesa redonda en la que el afecto no exige protocolo ni etiqueta. Tampoco la estrategia del lenguaje. Una mesa donde las palabras son manos que enlazan, a izquierda, a derecha, el espíritu con el que cada comensal refleja en los otros su identidad y sus emociones. La memoria y sus fabulaciones. Sin fronteras, sin tabúes, sin exigencias, sin precauciones, silencios o vacíos en los que extraviar el afecto o despertar una sombra inquietante que amenace peligrosamente la atmósfera en la que cada uno y todos se saben a refugio y libres. Una mesa en la que se celebran y se reparan en parejas, en triángulos, en cuartetos –hasta completar el círculo– la intimidad sincera de los días luminosos, de los días vencidos, de los inestables, de los turbulentos y de los implacablemente dolorosos. Igual que las convicciones morales e ideológicas. La infancia eterna contra las heridas que envejecen. Los sueños húmedos y las pesadillas que se derraman oprimidas hacia dentro, con la misma confianza y comprensión. Una mesa en la que nada de lo que se comparta sienta mal en el estómago –donde se suelen esconder la afrenta y la duda– ni provoque la resaca en la espalda de la cabeza y en la boca –donde la culpa tiene mal aliento y el eco de la equivocación martillea la conciencia–.

Hay que comer con los amigos de vez en cuando. Sentarse sin prisas a una mesa en la que agradecer el valioso tesoro de saberse realmente unidos, respetados, queridos y vivos dentro de la mirada del otro. Del nosotros y del yo. Del tú y del ellos. Nunca hay que dejar pasar demasiado tiempo sin preguntarse por el ánimo secreto de la vida que cada uno pelea por sacar adelante. Nunca hay que dejar pasar demasiado silencio sin una palabra que abrace o confiese un sentimiento desocupado, una emoción embriagada, una idea en proyecto. Nunca hay que dejar pasar demasiado tiempo sin la importancia de una risa en la que reencontrarse confortablemente cómplices. Y tampoco hay que dejar pasar la oportunidad de enriquecerla de matices y de esos pequeños detalles en los que reside su poesía y su grandeza. Ni la posibilidad de ampliarla con la pertenencia de alguien que tendrá que ganársela.

La amistad se cultiva y se madura. Suele nacer de una chispa imprevista, sin buscarla, sin que sepamos si ese repentino relámpago emocional perdurará en el tiempo o qué significado tendrá. No se requieren demasiadas credenciales ni es necesario establecer las cláusulas ni la rúbrica del pacto que la mantendrá frente a éxitos, desacuerdos y tormentas. Sin embargo es imprescindible que se construya con desinterés, afinidades, agradecimiento, honestidad, lealtad y estabilidad. Cinco pilares para mantenerla saludable por encima de la identidad social o profesional, de las procedencias, de las debilidades, de las aptitudes. Lo mismo que de los malentendidos, las tensiones, los desencuentros y el desgaste que ponen a prueba la fuerza de su altruismo y su bienestar.

De la amistad no se debe hablar en vano como en vano no se la debe regalar a cualquiera. Y sin embargo el valor de su significado se abarata o se mercadea habitualmente con demasiada facilidad.  Muchas personas no diferencian entre ser amigo, ser simpatizante o ser conocidos. Amigos se cuentan con una mano o con un número que jamás llega a la centena. Los simpatizantes y los conocidos, que también son un estimable regalo, pueden multiplicarse y estar sujetos a las variables del tiempo, de los gustos entrecruzados, de los espacios de encuentro, de los intereses y de la sociabilidad con la que cada cual decida mostrarse sin máscaras. Independiente de la exigencia mercantilista de recibir otra cosa que no sea la cordialidad, el respeto o la admiración. Disfrutar de una buena cantidad de estos lazos es satisfactorio, expresa la condición de una persona y requiere una convivencia generosa. Pero en los conocidos y en los simpatizantes no se depositan las cicatrices más profundas, los secretos ni el futuro de lo que soñamos.

Los amigos de Perter, Cuenta conmigo, Thelma y Louise, Nos somos islas, Stand by me, La ventaja de ser un marginado, El club de los poetas muertos, Cuando Harry encontró a Sally, El cazador, Friends, son algunas de las películas y series que han reflexionado acerca de los resortes y claves de un vínculo necesario para el crecimiento personal –el hombre se afila en el trato con el hombre– y no ser una isla desierta donde la embriaguez del yo enloquece. En los últimos días la muerte de García Márquez, el Premio Cervantes otorgado a Elena Poniatowska y la pérdida precoz de Tito Vilanova, han  sacado a relucir el activo de la amistad en sus vidas y en su trabajo. La importancia de un vínculo al que también he querido convertir en el tema protagonista de este domingo para agradecer a mis amigos el que lo sean y la manera con la que cada uno me mejora y me completa. Hombres y mujeres, que unas veces cerca y otras en la lejanía, son preguntas y respuestas que me enriquecen, me explican y conforman un compromiso, el valor de un tesoro. La existencia de un libro en que cada uno es una página donde se desarrolla una historia que hay que escribir con honestidad, afecto y la buena letra de un trazo fácil.

A todos los que son los celebro hoy, los espero mañana, los confío al futuro en el que cada uno mantenga vivo el recuerdo de los otros, sentados alrededor de una mesa.

 

-La foto de Elena Poniatowska está tomada de aquí:

http://www.abc.es/Media/201404/23/elena-poniatowska-premio-cervantes--644x362.jpg

-La foto de Gabriel García Márquez la tomo de aquí:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/0f/Gabriel_Garcia_Marquez.jpg

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