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DE LAS 'CARTAS EINSTEIN-BORN'

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Así presentó Javier Cinca, director del sello STI, el libro 'Cartas Albert Einstein-Born (Y algunos aledaño), 1916-1955' que ha preparado Javier Turrión, experto en Albert Einstein y en Gustavo Freudenthal, entre otros. 

Por Javier CINCA. Editor y escritor.

 

Buenas tardes:

Debo hacerles antes que nada una confesión: suspendí la Reválida de 4º, y ello fue a causa de su 3er. Apartado, el de Matemáticas, Física y Química y Ciencias Naturales. Siempre fui un hombre de Letras. Este suspenso hizo que abandonara el internado religioso en el que había cursado los 4 primeros años del bachillerato –cosa que ya tenía decidida de antemano– y fuera a parar a una Academia –la Burbano, curiosamente fundada por el autor de uno de los manuales de Física más populares durante muchos años– que representaba entonces justo lo contrario del colegio del que procedía: allí las chicas, el alcohol, la música y la amistad eran las asignaturas troncales, sin desmerecer para nada los méritos del profesorado, que hacían lo que podían. De esta forma, abandoné el camino recto –o simplemente El Camino, como diría Monseñor– para adentrarme y recorrer los retorcidos senderos, vericuetos y algún que otro callejón sin salida de mi recorrido personal, para ir a desembocar a mi dedicación actual: regentar una Librería de Viejo (C/ Bretón nº 14) y una modestísima editorial –modesta por su repercusión comercial, no por la calidad de los autores–, actividades con las que me siento moderadamente feliz, que es la única forma que, según los mayores moralistas, uno puede disfrutar de esa condición.

Pero, por supuesto, no estoy aquí para contarles mi vida –cosa a la que, como los narradores no muy imaginativos, tiendo  cada vez que se me presenta una oportunidad– y si les cuento esto es solamente como preámbulo a la explicación de por qué, una editorial más bien literaria como la mía, ha asumido la tarea de publicar el libro de Javier Turrión. Y empezaré por la última de las razones, pero quizás la más importante. Esta razón es que considero a Javier un buen amigo, y me siento muy orgulloso del aprecio y de la confianza que me ha demostrado en repetidas ocasiones. Más es así porque siento una profunda admiración por su persona y por su trabajo. Admiro su tesón y su enorme capacidad de trabajo, de trabajo ‘imaginario’ (haciendo un guiño al nombre de mi editorial, SINDICATO...), imaginario en el sentido de puro, movido por la pura voluntad, sin remuneraciones ni obligaciones de ningún tipo. Admiro su polifacetismo, su astucia intelectual, el sentido de la ironía que destilan sus notas y puntualizaciones. Y admiro sin paliativos su actitud de independencia absoluta, su individualismo tan aragonés, que le lleva a evitar los clientelismos, las meritoriajes y adulaciones de todo tipo que tan a menudo lleva aparejado el triunfo o la consecución de objetivos en los ámbitos académicos y también, por supuesto, en los editoriales. Consecuencia directa de esta actitud es que sea mi editorial la que haya tenido el honor de publicar sus dos últimos, y excelentes, libros.

Porque, señores, ésta mi admiración y afecto por su persona, no es razón suficiente para que tomara la decisión de publicar este libro tan alejado de mis intereses habituales. Confidencialmente les diré que si fuera así tendría que crear una colección exclusiva para él, la colección Javier Turrión (cosa nada descabellada, por otra parte), donde dar salida a su prolífica producción, entre otras cosas a su poesía y a su prosa literaria –barrocas, sensuales y de gran originalidad– amén de a dos o tres libros más sobre Einstein que tiene preparados o a punto de terminar.

No, si me decidí a editar esta Correspondencia entre Einstein y Born es porque me pareció un libro de un gran interés, más allá de las dificultades que atañen a cuestiones específicamente técnicas y científicas. Existía una edición mejicana de este libro, hoy prácticamente inencontrable, pero cuya traducción no le pareció satisfactoria al profesor Turrión, que asumió la tarea de traducirlas él personalmente contrastando las dos primeras ediciones: la inglesa y la alemana, y añadiendo sus siempre pertinentes notas y observaciones, además de más de cien páginas de apéndices con traducciones de artículos y documentos de todo tipo que contribuyen a enriquecer el tema. Todo ello precedido de una Introducción, titulada Pavana para dos infantes difuntos, con la brillantez, la agudeza intelectual y el espíritu inquisitorial –que siempre se interesa más por las preguntas que por las respuestas– a los que nos tiene acostumbrados el profesor Turrión.

Un libro, pues, a cuatro voces. Las de los dos eminentes científicos, la del profesor Turrión, y el toque femenino que aporta Hedwig, la esposa de Max Born, a la que Javier ha concedido un papel especial, traduciendo incluso algunos de sus poemas, y de la que ocupa en su intervención la profesora Carmen Magallón.

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