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'LA ITALIANA DE ARGEL' EN LOS 150 AÑOS DE LA MUERTE DE ROSSINI

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Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

“La música de Rossini me da ganas de vivir,

es fresca, divertida y ahuyenta la tristeza”

 

Se cumplen 150 años de la muerte de Rossini

 

El director de escena Joan Anton Rechi monta ‘La italiana de Argel’, compuesta en 18 días de 1813, en la Quincena Musical Donostiarra.

 

 

 

Antón CASTRO 

SAN SEBASTIÁN. Gioachino Antonio Rossini (Pésaro 1792-PassyParís1868) es uno de los grandes compositores de ópera de todos los tiempos. Ocupó la cima a principios del siglo XIX, en la estética del ‘bel canto’, con Verdi y Puccini, entre otros; de extrema dificultad vocal, cayó luego en el olvido y sería recuperado años después por la barcelonesa Conchita Supervía y por Maria Callas. Se cumplen ahora 150 años de su muerte, y su obra sigue recuperándose: ahí está ‘La italiana de Argel’ (1813), que acaba de representarse en el Kursaal de San Sebastián, dentro de la Quincena Musical Donostiarra, con dirección de escena de Joan Anton Rechi (Andorra la Vieja, 1968), que ya había montado, en 2011, ‘El barbero de Sevilla’, la obra maestra un músico que estaba fascinado por España sin haber estado nunca en nuestro país. La dirección musical es de Paolo Arrivabeni; el reparto lo encabezan Mariana Pizzolato, Nahuel di Pierro, Santiago Ballerini, Joan Marín Royo, Sebastià Peris, Arantza Ezenarro y Alejandro Acuña. Colaboran la Orquesta Sinfónica de Euskadi, dirigida por Oriol Rolch, y el coro Easo.  

“A mí me gusta hacer Rossini de manera trepidante y fresca, divertida. La música de Rossini me da ganas de vivir, te sube la energía, ahuyenta la tristeza. Me gusta darle un punto de locura, que ya tiene el original, con ecos de la comedia del arte. Escribió ‘La italiana de Argel’ en 18 días para Venecia porque se frustró otra representación. La noche del estreno el público se reía a carcajadas. Rossini lo comentó luego en una de sus cartas. ‘Yo estaba pensando que estos venecianos estaban más locos que yo’. Cuando vamos a la ópera pensamos que solo puede ser solemne, y nos olvidamos de que algunas de las piezas han sido concebidas como divertimento para entretener al público”, dice Rechi, que pasó de ser actor a director de escena de ópera, donde se siente absolutamente feliz.

“La ópera es un inmenso trabajo de equipo, un empeño coral. La ópera se acerca al arte total. Lo tiene todo: música, canto, danza, teatro, escenografía, estilismo, vestuario. Y poner todo eso en marcha es complejo y apasionante. A veces oyendo un aria te emocionas hasta las lágrimas. Cada vez más la gente agradece que los cantantes hagan bien su canto, desde luego, y que actúen también. Y aquí sucede”, agrega Rechi.

De reminiscencias cervantinas, de entrada, ‘La italiana de Argel’ es una producción en la que han intervenido el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se han hecho seis funciones, el Festival de verano de San Lorenzo del Escorial y la Quincena Donostiarra. Patrick Alfaya, su director, dice que un montaje así puede rondar los 250.000 euros; logró el lleno absoluto en sus dos representaciones.

“Cuando te hacen el encargo te pones a trabajar. Lo primero es documentarse bien. Conocer al compositor, su época y las circunstancias de la pieza. Para mí fueron claves dos elementos: Argelia era para Rossini un territorio exótico, como algo muy mítico que no estaba muy lejos, pero que era como el lejano Oriente. Él tampoco estuvo allí como tampoco Bizet estuvo en España. Y otro aspecto fue la composición misma de la pieza: es una de sus primeras obras cumbres, tenía 21 años y la compuso como un mecanismo de relojería. Fue probando cosas, cambiando y probando números, y afinando en los ensayos. Cuando empezaron a ensayar, la pieza no estaba acabada”. A Rechi le daba la sensación de ‘La italiana de Argel’, con sus mudanzas y su aspecto bufo, que tenía “el aire de esas películas musicales de los años 40 y 50 de Broadway y de las compañías itinerantes que estrenaban en provincias o en diversas giras. Y a la vez tiene un punto de la película ‘Casablanca’ y de ese período de entreguerras en que casi todo el norte de África se convirtió en un paraíso de expatriados, de gente que hacía negocios oscuros; había casinos, historias de amor románticas. Entonces había una serie de teatros y algunos de ellos pertenecían al estado español, como el Teatro Cervantes de Tánger”.

Con todo ello, con la idea de la revista española también en la cabeza, la evocación de los pintores Delacroix y Klimt, Rechi se dijo: “¿Y si fuéramos una compañía de revista que representa ‘La italiana de Argel’, con un vestuario que recuerda esa época de ‘Casablanca’, donde los hombres van con esmoquin y creamos una función de teatro dentro del teatro, con muchas cortinas?”, dice. Así creó una escenografía que fuera fácil de llevar, que se doblara, se metiera en un baúl de mimbre. “Y de ahí esta idea del decorado que sube y baja, el telón de lana dorado, con mucho brillo, con elementos evocadores y que tuviera ese aire árabe falso?”, matiza.

El espíritu de Rossini, burlesco a menudo, está muy presente incluso en los anacronismos. Suena la música de Vangelis de ‘Carros de fuego’. “Es una pequeña gamberrada. Él también hacía referencia a otros compositores: a ‘La flauta mágica’ de Mozart o a ‘El viaje de Reims’ de Beethoven’. Esos guiños son un modo de acercamiento a su poética”, insiste Rechi, que montó hace poco ‘El trovador’ de Verdi, que sucede en la Aljafería de Zaragoza, con los ‘Desastres de la Guerra’ de Goya como elemento escenográfico; estableció un paralelismo entre la historia cruel del poeta Manrique y la terrible atmósfera de la Guerra de la Independencia captada por el pintor.

“Yo creo que existe una conexión entre Rossini, Puccini y Verdi. Hacían la música contemporánea de su tiempo. Eran italianos, fueran más o menos exóticos, hablaban de la sociedad de su momento. Y los tenemos muy presentes, y a Rossini muy especialmente por su efemérides”, dice Joan Anton Rechi, que montará en breve una nueva ‘Madame Butterfly’ de Giacomo Puccini.

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