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Antón Castro

LA NOCHE DE LOS CAMPEONES / Cuaderno de apuntes, 2

LA NOCHE DE LOS CAMPEONES / Cuaderno de apuntes, 2

De niño, lo he contado en otro lugar, yo tenía un ejército de botones con brillo: verdosos, nacarados, con una perla de falso oro. Y con ellos, en el suelo del comedor de casa, libraba grandes partidos de fútbol. Ponía en práctica mi memoria con las alineaciones. En aquellos choques imaginarios, hice campeón de Europa (sé que es de chiste) al Racing de Ferrol de Aurre, Crespo, Bastida, Santiago Castro y Pedro Amado, entre otros. Y lo mismo hice con el Real Zaragoza de “Los Cinco Magníficos”, que vencieron al Inter de Milán de Facchetti, Jair Mazzola, Suárez y Corso.

Entonces, mi jugador favorito (luego lo serían García Castany y José Jordao) era José Luis Violeta, al que veía en la televisión a principios de los años 70, con su pundonor y su clase. Afuera, caía la lluvia. Y el campo, rodeado de plantas de mi madre, parecía de verdad. El fútbol también se jugaba con botones sobre terrazo con mucha imaginación y esa locura admitida en los adolescentes.
 

He escrito mucho en los últimos años sobre José Luis Violeta Lajusticia. Pepe Melero me ha contado sus encuentros en el ascensor cuando lo veía como lo que había sido siempre: el león de Torrero, el coloso de La Romareda. Y ayer, en vísperas de la Gala, me encontré con Violeta en La galerna. Apuraba, al arrimo de un café, su discurso, intentaba recordar que había jugado en dos etapas espléndidas, aunque se ve más con sus compañeros de “Los Zaraguayos”. Me recordó que con algunos de ellos, como Royo o Rubial, queda a merendar a veces en una magnífica bodega de Torrero. Me dio  su teléfono móvil. “Llámame cuando quieras”.

Y por allí andaba también Paco Santamaría, que tiene esa voz de actor de carácter o de locutor legendario. Durante mis años en el bingo jugaba todos los jueves a fútbol sala con su hijo Paco Santamaría, arquero y ahora encargado de una empresa de seguridad. Paco Santamaría es un hombre seguro de sí, simpático y convincente, de ésos que se ponen el mundo por montera. Y Violeta es un hombre cercano que me contó en un instante casi toda su vida, y me recordó que conservaba un par de botas de sus mejores tiempos.
 Por  la noche, ya en la Gala, resultaba muy emocionante encontrarse con tantos grandes jugadores: con clásicos como Luis Belló, Joaquín Murillo, que estaba feliz, con Canario, Lobo Diarte, Nayim, Juan Eduardo Esnaider, Rubén Sosa, Reija, Severino Reija, Paquete Higuera, Laureano Rubial, Juan Alberto Barbas, los más cercanos Láinez, Pardeza, Aragón, Garitano, Aguado, siempre tan cariñoso. La lista alcanza a más de 200 nombres, entre ellos entrenadores de gran calado como Luis Cid Carriega, Víctor Fernández, Luis Costa, Radomir Antic, el citado Luis Belló, que logró en dos meses de 1964 los dos primeros títulos, Copa del Generalísimo y Copa de Ferias, del equipo. Fue una noche de felicidad, de cariño, de reconocimiento, de identificación con el club y con su futuro. Eduardo Bandrés estaba muy feliz. Y Agapito Iglesias. Y Pepe Melero, que encarna el amor absoluto por este equipo, y José María Serrano, y Ángel Aznar, y Vicente Merino, y tanta gente, tantos compañeros, tantos políticos  (estaba Rosa Borraz, que me parece una gran pérdida para la cultura de la ciudad: ha hecho muy bien su trabajo, con elegancia, con proyectos, abriendo espitas constantemente y sin malos gestos) y tantos amigos que saben que el Real Zaragoza ocupa un lugar especial entre las cosas importantes, entre las cosas que uno decide querer porque sí, porque le da la gana y le sale de allá muy dentro. Algo así piensan y sienten los hermanos Iguácel y Jorge.

En la gala intervinieron muchas personas, bajo la dirección de Pedro Hernández y la realización de Juancho García, que contaron con un vasto equipo de profesionales de Aragón Televisión.

Hubo homenajes a “Los Alifantes” (con imágenes inéditas de La Filmoteca), a “Los Magníficos”, a “los Zaraguayos”, a la quinta de la Recopa, a los últimos héroes, al equipo que pugna por entrar en la  Champions. Víctor dijo que el Real Zaragoza entrará en Europa, pero que aún no sabe por qué puerta lo hará. 

A mí me pidieron que hablase de “Los Alifantes”.
Intenté decir esto en directo:
 

“Muchos años después y con lágrimas en los ojos, el portero Andrés Lerín recordaba la primavera lejana de 1936 en la que el Real Zaragoza ascendió a Primera División. El maestro del blocaje, abrió su álbum de fotografías, repasó con sus dedos de panadero dos o tre instantáneas y dijo: ‘Éste ha sido el equipo de mi vida. Aquí empezaba el futuro’”  

Y antes había grabado este texto...
  

En mayo de 1935, el Real Zaragoza jugaba ante el Júpiter en el Poble Nou de Barcelona. El ataque del equipo local era detenido una y otra vez por el portero Lerín y los defensas Gómez y Alonso. Tres torres. Tres gigantes. Alguien dijo: “Semblant alifants”. La frase llegó a oídos del periodista Miguel Gay y bautizó a aquel conjunto como “Los Alifantes”. La leyenda del Real Zaragoza empieza en ellos. Ascendieron a Primera División, y celebraron la gesta en el Campo de Torrero un 19 de abril de 1936. La banda municipal interpretó el primer himno del club, con música de Sapeti y letra de Abad Tárdez. La primera alineación que se aprendieron los niños y los aficionados fue: El Brozas; La Telefónica, Vacucas; Mocazos, Fraylon, Chulipandis; El señorito, Chupitos, Chipirón, Zamarras y El Zagal. Perdón, me he confundido. Era ésta: Lerín; Gómez, Alonso; Pelayo, Ortúzar, Municha; Juanito Ruiz, Amestoy, Olivares, Tomás y Primo. Hasta los suplentes eran famosos: Inchausti, Uriarte y Bilbao.
Aquel conjunto poseía personalidad, fortaleza, garra, talento y pasión por el fútbol. Y una afición entusiasta que les contagiaba la  sed de victorias. Detrás de un gran equipo siempre hay una extraordinaria afición. Estalló la Guerra Civil y el campo de Torrero se llenó de granadas, y allí se acabó el sueño de los títulos. Aquel elenco jugaba tan bien que acabó prescindiendo del entrenador. Los jugadores eran una piña. Olivares hacía de preparador físico, y Tomás, de jugador-entrenador. Se concentraban en el monasterio de Piedra de cuando en cuando, y tenían un maestro de coro, el médico Diodoro Anduiza, y un vocalista privado, el masajista y utillero Benjamín Simón, que les entonaba romanzas de zarzuela en sus viajes en el coche de Paco Po a lo largo y ancho de España. Quizá fuera ése su secreto. 

*Estas son las camisetas que usará el club desde septiembre. La foto es de Juan Carlos Arcos de Heraldo de Aragón.

3 comentarios

inde -

Haces que el fútbol, que me cae gordo, me resulte simpático...

Fernando -

Gracias Antón...siempre estás colocando las palabras en su justo termino de emoción...por cierto el otro día sólo vi un poco de Borradores, hasta el momento del pintor y su taller, me pudo el sueño de la primavera...un abrazo.

Diego de Rivas -

Hola Antón. Millones de gracias por resumir la gala de anoche y me encanta el cariño que te tiene la gente. Eso es que haces sentir bien a la gente que se cruza por tu camino.

Te veo y saludo muchas veces por la calle, la de Cádiz, y siempre cargado de libros. Y con tu sonrisa perenne.

Hoy, por cierto, me he acordado de tí al escribir mi último post en 'Zaragoza Única'.

Es una foto de mis hijos en una libreria de Irlanda, una 'public library', sentados, leyendo y devorando libros. A mí hija, creo que la conoces. Te la he presentado alguna vez.

Siempre viajando, leyendo y aprendiendo, de la gente y de la vida. A través de la historia que se cuenta en los libros.

Saludos y millones de gracias