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Antón Castro

TRES PARTIDOS FELICES DE VÍCTOR Y GUILLERMO

TRES PARTIDOS FELICES DE VÍCTOR Y GUILLERMO

[Víctor Juan Borroy, pedagogo y profesor, es un apasionado del Real Zaragoza. Le ha contagiado su entusiasmo a su hijo Guillermo, que tiene una portería en el jardín. Y ahora ambos se contagian y se ilusionan  en un diálogo recíproco de fervor por el Real Zaragoza. Anoche, Guillermo y Víctor fueron al partido contra el Racing de Santander y contaron con José Luis Melero, el consejero de Peñas y de la afición en general, como anfitrión. Víctor ha escrito un cuento sobre su vivencia del Real Zaragoza, y ayer decidió trasvasar esa vivencia también al candor de su hijo Guillermo, emocionado como tan bellamente se cuenta aquí. El propio Víctor Juan, imagino, haría de fotógrafo; ya se sabe que este zaragozano recriado en Caspe vale para todo: para investigar sobre pedagogos republicanos, recuperar la caja de música de Ramón Acín, escribir de amor con un fondo de metaficción, coordinar la revista “Rolde” o dirigir el Museo Pedagógico de Aragón. He aquí el texto que puede leerse en su espléndido blog, en su espléndida  página web. Es bonito tener padres (y grandes amigos: Melero es un viejo maestro de la amistad) que te contagien esta ilusión que se expande. Qué pena luego que los jugadores no respondan... Eso sí, Guillermo, viene a sugerir aquello de “una mala noche la tiene cualquiera”. Algo muy especial debe tener el fútbol para conmover así, como conmueve al niño Guillermo...]  

Tres veces felices 

Cada uno vive su vida como puede y disfruta o padece a su manera, tal y como le enseñaron a hacerlo o del modo que supo conquistar. Cada uno interpreta las situaciones como sabe, como le conviene o como le parece. Eso me ocurrió el jueves pasado en Castellón, en la ceremonia previa a la incineración de Palmira Plá. El cura -un gran profesional- citaba al padre Martín Descalzo, a Santa Teresa e incluso a Unamuno, al Unamuno que le pareció bien citar. Mientras el cura hacía su trabajo yo pensaba que ya no recibiría más correos de doña Palmira, pero que tuve el enorme privilegio de recibirlos alguna vez. Mientras el cura se enredaba en la vida eterna, yo me repetía ¡¡Víva Paco Ponzán!!, ¡¡Viva Paco Ponzán!! y me imaginaba a Palmira Plá en la pista de coches chocantes, a la niña que salió de Teruel en un tren de mercancías y que se enamoró en Caspe de un hombre que no le convenía nada. Solemos enamorarnos de quienes menos nos convienen, pero si ahora escribiera de amores me alejaría de lo que hoy quiero contar.

Hoy solo quería decir que ayer los abonados Guillermo y Víctor fueron por primera vez a la vieja Romareda ["Si me quieres escribir -canta La ronda de Boltaña en Avispas en el viento- ya sabes mi paradero, en la vieja Romareda, primera línea de fuego"]. Fuimos muy felices, tres veces felices en los tres partidos que vivimos en una noche ideal de luna llena. Durante el primer partido, el consejero José Luis Melero nos llevó al palco, pisamos el césped de la Romareda, saludamos a Matuzalem, nos cruzamos con Miguel Pardeza y Pedro Herrera. Salimos por el túnel de vestuarios. "Mira, Guillermo, por aquí salieron antes que tú el gran José Luis Violeta, el portero Yarza, Arrúa o Nayim. Pepe sentó a Guillermo en el banquillo del Zaragoza: "Desde aquí dirigirá Víctor Fernández al equipo". Luego nos dijeron que si queríamos que Guillermo se hiciera una fotografía con los jugadores que volviéramos minutos antes de empezar el partido. Pepe nos acompañó a nuestras localidades. Nos despedimos. "Anda, Guiller, dame un beso". Esperamos a que se hicieran las 21:45 para volver al túnel de vestuarios. Mientras Guillermo se hacía la foto en el campo, vi salir a todo el equipo: Juan Morgado, que no se sentó en el banquillo, pero parecía absolutamente recuperado, Oliveira, Aimar, Zapater, Ayala, Diogo, Milito...

El segundo partido fue el partido íntimo, personal, cómplice, de mi hijo y yo. Los bocadillos de tortilla de patata, los prismáticos, los botellines de agua, los nervios porque no marcábamos, el verle gritar "fuera, fuera", cuando todo el mundo gritaba, que Guillermo se pusiera de pie, que se le arrasaran los ojicos cuando el Santander metió un gol bobo, o cómo me abrazó cuando Oliveira empató el partido...

El tercer partido es el del 1-1 que ustedes vieron. Al final Guillermo hacía una lectura favorable y generosa con el Zaragoza: si el árbitro no hubiera sido tan malo, si el portero no hubiera tenido tanta suerte, si nos hubiera favorecido algún rechace... "Me ha gustado mucho el partido". Ese fue su resumen antes de que cambiara la camiseta del Zaragoza por el pijama y se desplomara en su cama.  

*El forofo Guillermo Juan y el consejero de Peñas y de la afición en general  Pepe Melero. Los sueños se cumplen.

2 comentarios

Blanca Bk -

Estupendo reportaje, estupendo escritor, estupendo padrazo. ;)

Rafa -

Aúpa Víctor, aúpa Guillermo, aúpa el consejero Melero y aúpa Zaragoza.