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JESÚS MARCHAMALO Y JAIME SABINES

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Jesús Marchamalo, ese estudioso incansable de libros y de creadores, reedita uno de sus libros más conocidos. Abajo,

cuelgo un poema Los amorosos del escritor mexicano Jaime Sabines.

 

LOS AMOROSOS

 

Jaime Sabines (Chiapas México, 1926-1999)

 



Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre  -¡que bueno!-  han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.



 

 

 

 

 

03/05/2008 22:55 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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gravatar.comAutor: Magda

Un poema mágico de un gran poeta, querido Antón.

Fecha: 04/05/2008 00:34.


gravatar.comAutor: j. ernesto ayala-dip

Hola, Antón:

Leí tus comentarios sobre una crítica mía en Babelia. Te los agradezco mucho. Sólo tengo una duda: ¿Por qué insistes en consignar mi nacionalidad, una cuestión que no creo que a nadie interese. En una nota dices que soy uruguayo, luego ratificas y afirmas que soy argentino (tampoco te aclaras con mi nombre, hablas de José). Ejerzo la crítica literaria: Qué importancia puede tener mi lugar de nacimiento, que sí es Argentina, o mi nacionalidad, que es española. Un abrazo, E.

Fecha: 19/09/2008 23:44.


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