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ENTREVISTA CON RAÚL ARTIGOT*

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RAÚL ARTIGOT (Zaragoza, 1936). Director de cine, guionista, iluminador, productor, autor teatral y fotógrafo. Ha trabajado mucho en TVE, y ha dirigido tres películas: “El monte de las brujas” (1972), “Cabo de vara” (1977) y 1984, “Bajo en nicotina” (1984). Esta tarde, a las 18 horas, con José Antonio Labordeta y otros presenta la película Réquiem por un campesino español en Chodes. 

 

 

-Señor Artigot, no crea que sabemos demasiadas cosas de usted.

-Nací en Zaragoza en febrero de 1936. En realidad, yo tenía que haber nacido en Cantabria. Mi madre era asturiana y mi padre aragonés de pura cepa, y él se empeñó en que yo naciese en Zaragoza. Mi madre tenía una vértebra rota, pues fue igual. Vinieron por aquellas carreteras estrechas, llenas de curvas, y con aquellos coches. O sea que el parto debió ser algo terrible.

 

-¿Y fue un niño de cines como Borau, Castellón o Artero?

-Sí, claro. Fui al cine todo lo que pude. Al Fuenclara, al Frontón Cinema, al Iris Park. Nos daban una peseta y te las arreglabas. Mi infancia transcurrió en Zaragoza, pero luego me fui a Asturias y me decanté por la fotografía porque mi padre tenía un laboratorio fotográfico. Colgué mis estudios de Ciencias Físicas.

 

-No sería por mucho tiempo esa dedicación. En 1960 ingresó en la Escuela de Cine...

-Entonces se llamaba Instituto de Experiencias Cinematográficas. Estaban ya allí José Luis Borau y Saura como profesores. Y Berlanga y José Aguayo, que fue mi profesor de fotografía y me enseñó muchas cosas.

 

-En 1964 acabó y empezó a fotografiar.

-En realidad no acabé entonces, pero yo tenía unas ganas de trabajar enormes. Tras hacer una película de prácticas con Santiago Sanmiguel, me salió un trabajo para un película infantil. Como aún no tenía el título –me lo dieron al año siguiente-, me firmó un policía, Fernando Ruiz del Rio, y pude hacer mi primera película. Ya tenía mucha experiencia en foto fija, me apetecía hacer fotografía en movimiento, que es el cine. Eso era lo que me interesaba.

 

-Le interesaba tanto que hizo usted, entre mil cosas, porno.

-Porno duro y porno blando, con Jesús Franco y con realizadores italianos. Y le diré que me gustaba más el de antes. Estaba mejor hecho: había por lo menos un guión.

 

-Pero también hizo muchas películas del destape español, y en concreto con Mariano Ozores: “El liguero mágico”, “El erótico enamorado”, “Yo inventé a Roque III...”, “Todos al suelo”...

-Hice películas con todo el mundo casi. Ahora estoy escribiendo una revisión sobre ese tipo de cine. Aquí ha ocurrido una cosa verdaderamente trágica: la crítica española. Aquellas eran películas coyunturales. Mariano Ozores, por ejemplo, leía las noticias del periódico y se le ocurrían películas. Y en tres meses las hacía, sin más. Luego venía la crítica y las destrozaba sin compasión. Ferozmente. Incluso a los actores, que eran cojonudos. Los ponían a parir, y luego esa misma crítica se comportaba de modo lacayo con espantosas películas norteamericanas.

 

-¿De qué críticos habla, por ejemplo?

-Pues de Pedro Crespo. Siempre recuerdo una anécdota muy curiosa: a Alfredo Landa, que es el mejor actor español y ya lo era entonces, siempre lo ponía fatal y solía decir: “¿Quién es el crítico ése? En cuanto me lo presentan le voy a dar dos leches bien dadas”. La crítica española me ha parecido siempre nefasta.

 

-También ha trabajado con aragoneses: con Artero, con Alejo Lorén.

-Con Antonio Artero me llevaba estupendamente, estábamos siempre juntos. Y con Alejo Lorén hice en 1979 “Esta tierra”, un documental extenso. Es un buen muchacho, le tengo mucho cariño y lamento que no haya hecho más cine.

 

-También ha participado usted en series de éxito como “La plaza del diamante” (1982) en TVE.

-Esa serie tiene una curiosa historia. Participé en ella casi de milagro. Eran ya los tiempos de las autonomías. Gracias a una estratagema de Francesc Betriu, que hizo creer a todos que yo era catalán, pude hacerla. Fue una serie muy preparada: realicé el “story board”, participé en las localizaciones durante varios meses. Todo estaba muy planificado, Betriu odia las cosas mecánicas, y me encomendó todo ese trabajo mientras él se preocupaba de la puesta en escena y de la dirección de actores. Tuvo una gran intuición con la actriz, Silvia Munt, una bailarina, que lo bordó.

 

-También hizo otra serie que no tuvo tanto éxito: “El mayorazgo de Labraz”.
–Sí, estaba basada en la novela de Pío Baroja y la dirigió su sobrino Pío Caro Baroja. La hicimos a conciencia y elegimos paisajes aragoneses: rodamos durante tres meses en Albarracín; y bastante tiempo en Borja, en Tarazona y en Veruela. Pero era una novela bastante difícil, poco atractiva en el fondo.

 

-Bueno, y volvió a rodar con su amigo Francesc Betriu “Réquien por un campesino español” (1985) de Sender.

-Era una novela que quería hacer todo el mundo. Un día Betriu recibió la llamada de alguien que le dijo que tenía los derechos. Me llamó y le dije que fuese de inmediato a un abogado a ver si era verdad y que le diese una señal. Así la compramos. Yo fui guionista con Betriu y productor. E hice la adaptación a imágenes y me encargué de las localizaciones. Fuimos a Chalamera y Alcolea de Cinca, pero acabamos viendo que se ajustaban mejor los paisajes de Arándiga y Chodes.

 

-¿Cómo valora la película?

-Creo que es una película digna, seria, bien hecha. Pero con ella pasó lo que suele ocurrir en España: los críticos extranjeros la pusieron bien, le dedicaron críticas en Estados Unidos, pero en España nada. Recuerdo que tuvimos un lío con ella. Quisimos titularla tan sólo “Réquiem por un campesino”, pero Pilar Miró se puso hecha una fiera. Nos acusó de catalanistas y hubo que titularla como la había titulado Sender: “Réquiem por un campesino español”. Esa película es de TV-3 y lo que ha hecho con ella es infame. Tenía una luz muy bonita y sale completamente oscura.

 

-¿Cómo nos explicaría su manera de entender la fotografía en el cine?

-La verdad, no lo sé. He intentado hacer las cosas bien...

 

-¿Cómo bien? Manuel Rotellar decía que la suya era “una luz lujuriosa, una luz erótica”, y varias actrices le han dicho: “Artigot: es usted el fotógrafo que siempre saca a las actrices guapas”.

-Rotellar me quería mucho. Desde que él se murió nadie me había entrevistado en Aragón.

 

--Hablemos de las películas que dirigió. Por ejemplo, de la primera: “El monte de las brujas”.

-Tuve muy mala suerte con el productor y con la censura. A raíz de un desagradable incidente por un desnudo no se llegó a estrenar en España, aunque sí se estrenó en Estados Unidos.

 

-¿Y “Cabo de vara” (1977), que acaba de pasarse en la muestra “Travesía”?

-Es una obra basada en la novela homónima de Tomás Salvador. Fui a verlo a Barcelona, hablamos, conducía endiabladamente y estaba sordo. Logramos entendernos y rodé la historia de unos presos en Ceuta a finales del siglo XIX. La cautividad de los hombres es algo que me preocupa mucho. Y conté con un actor estupendo que empezaba, Santiago Ramos, con Ramiro Oliveros y con muchos famosos del cine español.

 

-¿Qué nos dice de “Bajo en nicotina” (1984), a la que algunos han asociado a la nueva comedia madrileña?

-Qué disparate. Es una película trágica basada en la novela de Pérez Marinero. Es una novela despiadada, que carece de moral, una exhibición de cinismo. Yo había pensado para los papeles principales en José Sacristán y Charo López. Sacristán no estaba de acuerdo con el guión, con ese personaje frío, desmedidamente egoísta que acaba matando a los vecinos que le molestan. Yo creo que va por una línea próxima a Fassbinder de cine cruel y despiadado.

 

-¿Qué le parece eso de que repongan sus películas?

-Me parece estupendo. Aragón es la comunidad española con más cineastas, desde los Jimeno y Segundo de Chomón hasta nuestros días. ¿No le parece? Ahora ya estoy retirado: preparo mis memorias y escribo novela negra. Ando a la busca de editor.

 

 

 

11/05/2008 15:20 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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