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MARIANO GISTAÍN: PALABRAS QUE ALEGRAN EL MUNDO*

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Palabras que alegran el mundo

 

Hacía días que quería dedicarle un artículo a Mariano Gistaín (Barbastro, 1958), ese periodista y escritor que alegraba las mañanas del mundo con su columna “La ciudad de las gaviotas” en “El Periódico de Aragón”, antes lo había hecho en “El día de Aragón”. Se ha tomado un período de descanso tras 25 años de oficio ininterrumpido, por necesidad de renovarse, no por enfermedad ni cosa parecida. O si acaso por el reverso del dolor: el amor. Día tras día, con su mirada entre lúdica, tierna y satírica, Mariano Gistaín observaba este territorio de otro modo, sin odio alguno, sin resentimiento, lanzaba el dardo donde dolía por la vía del humor, y siempre proponía soluciones más o menos divertidas, poco ceremoniosas, anticonvencionales. Lo hacía, y seguirá haciéndolo, con un lenguaje que se renovaba a diario, un lenguaje que se reinventaba y se ensanchaba como una puesta de sol, con palabras-maleta, con audacia, con desparpajo.

Mariano Gistaín ha sido probablemente el mejor creador de palabras que ha tenido el periodismo de Aragón desde Mariano de Cavia: el más libre y heterodoxo, el heredero de Umbral, Gómez de la Serna y Ruano, el hombre campechano y sonriente que respira el alma y la exactitud del idioma. Premio Blasillo del Congreso de Periodismo Digital de Huesca, creo que es ése su único galardón, Mariano Gistaín es y ha sido un periodista fundamental: atrapa las noticias al vuelo aunque no haga información, y las cuenta y las desmenuza con somardería, con ingenio, con inteligencia y con un asombroso conocimiento del alma humana. A Mariano Gistaín, además de los grandes empeños de este pequeño país de polvo, viento, niebla y sol (el trasvase, Gran Scala, la Expo, la modernidad...), siempre le han interesado las pequeñas cosas: los ciudadanos anónimos, el mobiliario urbano, el atardecer con nubes camino de Babastro o sobre Montearagón, las historias menudas de la vida, el vértigo del Vero que suena cerca de su casa familiar y del cuarto de la sastrería donde jugaba al fútbol con su padre y escribía poemas a los Argensola.

Jamás nadie le ha visto enfurruñado ni dejarse envenenar por cualquier variedad del odio, del rencor o de la malasangre: el ciudadano Gistaín, el columnista Gistaín, sin darse ninguna importancia, nos ha contado la vida, la ha analizado, se ha fijado en los pequeños gestos de lo ínfimo, y a todo le ha dado la vuelta como un calcetín con un inefable poso de ternura y de alegría. En un tiempo en que algunos periodistas quieren ser más influyentes y poderosos, casi como un poder paralelo y maniqueísta en la sombra, Mariano Gistaín abrazó el periodismo humilde: el de tantos y tantos profesionales que se sienten amanuenses de lo que ocurre, un puente de reflexión y creación, de lucidez y de pasión entre la noticia y el lector.

Mariano Gistaín ha sido, y lo es a diario en su nuevo proyecto zaragozame.com, un pionero de las nuevas tecnologías. Lo fue en “El Día”, cuando llegaban los ordenadores McIntosh: se le veía embrujado por los nuevos sistemas y teclados, pensando en multiplicar la información y en mejorar diseños. Se le veía feliz, casi lujurioso ante el porvenir que se abría ante sus ojos. Siempre ha amado la noticia con absoluto fervor, y ha acabado creando un periódico digital de actualización compulsiva de noticias. Ha sido un precursor de los portales de internet, un creador de páginas web, ha publicado una novela en la red y ha creado una de las páginas más visitadas: Texto casi diario (www.gistain.net). Mariano Gistaín acude todos los años al Congreso de Periodismo Digital de Huesca, y lo hace siempre con nuevos sueños, con un torrente de ideas, con su humor surrealista y zumbón, desternillante y genial. Es tan poco afectado o presuntuoso que podría sentir aquí que se está hablando de otro, de un homónimo al que no conoce de nada. El columnista está convencido de que, aunque solo sea por una vez, se ha quedado corto.

*Este artículo ha aparecido publicado hoy en las páginas de opinión de Heraldo de Huesca. La foto es de Fernando García Mongay y está tomada en el café del Arte, al lado del Casino de Huesca.

          

16/05/2008 22:20 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.comAutor: Antonio

¡No exageras nada!
¡Abrazos!

Fecha: 17/05/2008 01:57.


gravatar.comAutor: carmelo

La putada es que en ese lugar de la foto en que Mariano posa con un cigarrillo, ya no se puede fumar.

Fecha: 17/05/2008 19:53.


gravatar.comAutor: xavi

más me interesan las fotos que hace

Fecha: 18/05/2008 06:21.


gravatar.comAutor: Carol

hablas de un hombre que prácticamente no existe, creo yo.

Fecha: 25/10/2008 20:54.


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