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DISCURSO DE JORGE GAY, EL SÁBADO

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Excmo. Sr. Alcalde, autoridades, señoras y señores, amigos todos, buenas tardes. Y enhorabuena  a mis compañeros galardonados.

Quiero ante todo expresar  mi más sincero  y profundo agradecimiento a todos cuantos han pensado que pudiera ser yo merecedor de esta distinción. Es para mí un gran honor y motivo de alegría recibirla.

También agradezco a Carlos Pérez Anadón sus palabras, que, haciendo un recorrido por mi biografía, ha agrandado los méritos y ocultado los defectos. Gracias también muy sinceramente por recordar a Nieves sin la que poco soy y a la que en verdad adorna un hermoso olor a trigo.

También gracias a los que ya se fueron y a los que un día como hoy los hace eternamente presentes. Gracias a mis hermanos Pilar, Carmen y Luis, Ramiro, Agustín y Concha, y gracias a tantos amigos, cercanos o lejanos cuya sonrisa me afirmó su lealtad y cuya presencia ha sido y es siempre mi ánimo.

Y finalmente gracias a Zaragoza, mi ciudad, la que me hizo pintor. De la que me alejé para saber amarla.

Una vez se dijo, y es cierto, que la distancia es el alma de la bondad. Cuando me fui de Zaragoza, aunque entonces no lo supiera, fue para ir a buscarla. Uno se va para encontrarse, para en la distancia empezar a definir quién eres, a dibujar la luz que descubrieron y amaron tus primeros ojos y saber distinguirla de falsas luminarias.

 

Me hice pintor para preservar esa primera luz y ser memoria de ella. El pintor es sólo un vehículo de esa primera memoria, para reconocerla, para hacerla viva y siempre nueva. Para ordenarla y hacerla crecer.

 

 Soy pintor de Zaragoza, de la Zaragoza creativa, solidaria, la del viento que limpia y que renueva. Soy pintor de la ciudad que une, que suma y aglutina, la que no desfallece, la que tiene el arrojo de vestirse de futuro sabiendo quien era en el pasado. Soy pintor de la Zaragoza generosa, la justa, la que procura justicia, la que educa en la igualdad, la libertad, la razón y la bondad. La que mantiene encendida siempre la lámpara de la sabiduría y de la inteligencia.

 Hay otras Zaragozas pero esta es  la que amo. La de la luz inmensa y cegadora, la que se enorgullece de sí para ofrecerse, la sabia, la que supo sumar las tres culturas, la que no se aletarga ni  adormece y a la que cae la noche sólo para ser cobijo de amantes y no refugio artero de la imbecilidad, la intolerancia y la incultura. Esa es la Zaragoza que amo y a la que reclamo una vez más sagacidad, audacia, inteligencia y perseverancia.

De esa Zaragoza soy y de ella me siento simple y orgullosamente  hijo.

Muchas gracias.

*Este es uno de los murales de Jorge Gay para el Centro Aragonés de Barcelona, que acaban de inaugurarse.

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