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ALFREDO CASTELLÓN EVOCA UNA CITA CON JUAN CARLOS ONETTI

 

JUAN CARLOS ONETTI

(Una anécdota sin importancia)

 

Por Alfredo CASTELLÓN MOLINA

 

 

 

De chico era muy mentiroso y hacia literatura oral con los amigos: cuentos de casas hechizadas, gente que no existía y yo contaba que había visto...porque aunque lo que cuento haya sucedido, realmente tengo la sensación de que lo estoy creando si no, no podría escribir.

 

J.C. Onetti



Una tarde llamé al escritor uruguayo Juan Carlos Onetti a su casa de Madrid. Me citó para dos días después en su domicilio de la Avda. de América. Allí estaba tumbado en la cama, como era su costumbre, con el cigarrillo encendido, en este caso ya colilla, y dispuesto a tener una charla conmigo sobre el tema que había motivado la visita: me interesaba por su novela titulada, “Para esta noche”. Tenía intención de adaptarla al cine. Yo sabía que aunque Onetti había situado la acción en una ciudad latinoamericana, en realidad los sucesos, el “fatto cronaca” como lo llaman los italianos, habían tenido lugar en una pequeña ciudad de la costa valenciana el último o quizá penúltimo día de la Guerra Civil Española. Se lo contó un anarquista en el año 1942 ya en Motevideo.

Le hablé de la novela y sobre todo de la adaptación que pensaba situarla en la ciudad valenciana de Alicante donde, posiblemente, tuvieron lugar los acontecimientos reales. El no me puso ninguna pega, todo lo contrario. Me marche contento de aquella entrevista porque la novela era muy buena, la descripción de lugares, aún situados en Sudamérica, podían reflejarse con facilidad en una ciudad española. El dibujo de los personajes, el dialogo, las situaciones, estaban descritos con tal precisión que podría haberse rodado desde el mismo libro.

Cuando tuve terminada la sinopsis lo llamé para dejarle una copia. Y así lo hice. Días después me llamó para darme algunos datos que yo le había pedido y decirme que estaba de acuerdo con la adaptación. Yo inicié algunas gestiones con una o dos productoras cinematográficas con resultados esperanzadores.

Por esos días hice un viaje a Roma invitado por mi amigo y antiguo compañero del Centro Sperimentale de Cine, Silvio Maestranzi. La primera noche de charla le hablé de mis proyectos y entre ellos, naturalmente, el de Onetti. El argumento le sonaba y casi podía asegurarme que en Italia ya habían estrenado una película con ese tema. Me quedé callado unos minutos pero no profundicé más en el asunto por la vaguedad e imprecisión con que mi amigo me había dado la noticia. Al día siguiente visite la productora de unos amigos de Silvio que me confirmaron las sospechas, incluso me dieron el nombre de la distribuidora. Efectivamente, la película era aquella, sin duda y ambientada, como la novela, en Sudamérica. Regresé a España desmoralizado, lo llamé desde el primer teléfono que encontré en el aeropuerto. Me citó en su casa, con su pitillo-colilla, sus gafas desencuadradas de su cara y me pidió disculpas de forma reiterada. Yo las acepté aunque, en el fondo, mi dolor me impedía perdonar su... digámoslo con toda crudeza: su gran putada.

Todavía lo oigo repetir una y otra vez sus disculpas basadas, principalmente, en que la película italiana era una porquería, que no habían entendido nada, que intentara convencer a los productores españoles para que se hiciera en Alicante, que el renunciaba a los derechos económicos, etc., etc. Yo, ingenuo de mi, lo consulté con el productor catalán que se había interesado por el proyecto pero, como me temía, lo único que hizo fue confirmar la putada que el uruguayo me había hecho. No obstante, ahora, y entonces también yo perdoné a Onetti e incluso comprendí la actitud del que siempre será un grandísimo novelista.



Alfredo Castellón

 

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antoncastro

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