Blogia
Antón Castro
Chollo del día - Ventilador de techo 39,98 € 104,98 € -62%

JULIO JOSÉ ORDOVÁS GLOSA LA PASIÓN DE ALAIN DELON Y ROMY SCHNEIDER

JULIO JOSÉ ORDOVÁS GLOSA LA PASIÓN DE ALAIN DELON Y ROMY SCHNEIDER

Este martes, Día de los Enamorados, Julio José Ordovás presenta ‘Una pequeña historia de amor’ (Isla de Siltolá, Sevilla) en Los Portadores de Sueños. Será a las 20.00; Almudena Vidorreta hará la presentación. En el libro, Ordovás alterna verso y prosa. Uno de los episodios en prosa más cautivadores es este, dedicado a la pasión de  Romy Schneider y Alain Delon.

 

 

 

TRES POLAROIDS Y CUARENTA Y TRES ROSAS ROJAS

 

De Julio José ORDOVÁS

   Finales de los años cincuenta. Aeropuerto de Orly. Un chico muy joven, muy guapo, muy serio y muy repeinado, vestido con traje y corbata, espera un vuelo procedente de Viena. No puede dejar de dar vueltas de un lado para otro. Tampoco puede parar de fumar. Lleva un ramo de rosas rojas. Le sudan las manos. Se afloja un poco el nudo de la corbata.

   El portador del ramo era Alain Delon. Su destinataria, Romy Schneider.

   Alain Delon y Romy Schneider trabajaron juntos en tres películas: Amoríos, de Pierre Gaspart-Huit (1958), La piscina, de Jacques Deray (1968), y El asesinato de Trotsky, de Joseph Losey (1972). Su relación fue apasionada y tormentosa, como corresponde a las estrellas más rutilantes del firmamento cinematográfico.

   Yo era un adolescente cuando vi por primera y única vez La piscina. Recuerdo a Romy Schneider saliendo del agua con un bañador negro y las gotas resbalando de su piel y precipitándose, juguetonamente, sobre la piel seca y dorada de Alain Delon. No podría decir cómo termina la película, pero recuerdo que el desenlace me impactó mucho, porque terminaba mal. Hasta entonces yo era tan ingenuo que creía que todas las historias se resolvían en un final feliz, así en el cine como en la vida.

   El final de la vida de Romy Schneider no pudo ser más trágico.

   Al parecer, el actor Jean Claude Brialy depositó sobre su tumba cuarenta y tres rosas rojas. Romy Schneider no llegó a cumplir los cuarenta y cuatro.

   Christian Dureau y Philippe Barbier escribieron un libro sobre la relación entre Romy Scheneider y Alain Delon. Su título: Ils se sont tant aimés (Se quisieron tanto). A raíz de la publicación del libro, en una entrevista para el diario La Provence, Alain Delon, después de tantísimos años manteniendo un silencio sepulcral,  descorrió el velo del luto y contó que en cuanto tuvo noticia del fallecimiento de Romy fue a toda prisa al lecho de muerte de la actriz para despedirse de ella, junto a sus amigos los productores Claude Berri y Alain Terzian. “Allí”, dijo Delon, “le hice tres fotos con mi Polaroid, porque quería fijar para la eternidad su imagen en el féretro”. Y dijo más: “Conservo estos retratos, que nunca he enseñado a nadie, en mi cartera, siempre cerca de mi corazón”. Al término de la entrevista, Alain Delon se sinceraba por completo: “Es difícil decir esto, pero no me habría gustado verla con setenta años. Creo que no habría envejecido bien. Es mejor que se fuera así. Murió guapísima. Era un mito y lo seguirá siendo”.

   Proust escribió que reconocemos mucho mejor a los seres que amamos en una fotografía que en nuestro recuerdo.

   La gente guarda en la cartera las cosas más extrañas. En uno de sus frecuentes viajes a Arles, donde Van Gogh se cortó parte de la oreja tras discutir con Gauguin, Picasso se propuso encontrar un periódico local que hubiera dado la noticia, y lo encontró. Recortó el breve que hacía referencia a la automutilación del pintor desequilibrado y lo guardó en su cartera hasta el día de su muerte.

   Yo no utilizo cartera desde que me la robaron a los quince o dieciséis años.

   Una vez acabada la entrevista y la presentación del libro, Alain Delon regresa solo a casa, en su coche. Un semáforo le obliga a detenerse. Aprovecha entonces para sacar la cartera del bolsillo interior de su americana y extrae las tres instantáneas. Sonríe. Le sonríe a ella. Que ha dejado caer la maleta en el suelo y corre por la terminal del aeropuerto trastabillando con sus zapatos de tacón recién estrenados. Los dos se funden en un beso y a continuación la película se funde en negro. Pero el semáforo está en ámbar; en unos instantes se pondrá verde.  

   Alain Delon ha tenido suerte: nunca le han robado la cartera.

 

1 comentario

Laura -

Bellos, hermosos, perfectos, Rommy y Alain merecían mejor suerte. En fin, Alain alcanzará a Romy para nunca más separarse. Fue un idilio de ensueño...