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Antón Castro

SANCHO GRACIA HA MUERTO: MEMORIA DE UNA VIDA APASIONADA

SANCHO GRACIA HA MUERTO: MEMORIA DE UNA VIDA APASIONADA

Hace algunos años, tras el estreno de ‘800 balas’ en Zaragoza, en compañía de Luis Alegre y de Alex de la Iglesia, entrevisté a  Sancho Gracia para ‘Heraldo domingo’. Fue una doble página: me pareció un personaje arrollador, con mucho bagaje, mucha pasión por la vida, entereza y sentido del humor. Anoche fallecía en Madrid, a los 75 años, el actor. Recupero la entrevista que tiene algo de memoria sentimental de nuestra infancia y adolescencia. Veíamos a Sancho Gracia en series como 'Los camioneros', 'Los tres mosqueteros' o 'Curro Jiménez'. En los últimos tiempos, entre otras películas, hizo 'El crimen del padre Amaro'.

 

 

Entrevista con Sancho Gracia (Madrid, 1936)

 


-Usted nació en Madrid pero pasó su infancia en Uruguay.
-Sí, allí viví mi infancia y fui a la Escuela Municipal de Arte Dramático que lo dirigía la gran actriz española, republicana, Margarita Xirgu. La conocí, claro, y trabajé con ella. Hice el convidado sexto o séptimo del novio en ‘Bordas de sangre’, y trabajé también en “Sueño de una noche de verano”, donde hacía el alabardero 48, pero bueno, de alguna manera hay que empezar, y sí estudié con ella.

-¿Por qué se dedicó al teatro?
-Tenía vocación: siempre tuve vocación de actor. Permanecí en Montevideo quince años seguidos, luego iba y venía bastante. A mi padre se lo llevaron de aquí para trabajar en la embajada; mejor dicho, mi padre fue emigrante, primero a Brasil, y luego a Uruguay, y allí trabajó y murió enseguida.



-Entonces regresó a España, supongo. Y casi le pasa lo que cuenta en “800 balas” de Alex de la Iglesia.
-No, no. Eso será luego. Le cuento: volví a España en el año 1962; en realidad me iba para Estados Unidos, porque mi madre y mi hermana vivían a Nueva York. Y un día acompañé a un amigo mío uruguayo que estaba ensayando con don José Tamayo una obra de teatro, “Calígula” de Albert Camus. Y entonces, fíjate, le faltaba, el Escipión. José María Rodero hacía Calígula. Me presentaron a Tamayo; tuvo gracia lo que me dijo porque yo hablaba con la ese, con acento criollo puro, no, y me dijo: “¿Usted puede hablar en español?”. “Hombre, ¿en que hablo yo? Creo que sí”. En definitiva, que me contrataron para hacer Escipión y debuté en el Teatro Romano de Mérida haciendo “Calígula”, y no sólo “Calígula” sino que ya a partir de ahí me dio una serie de personajes maravillosos.

-¿Cuáles?
-Yo hacía un personaje de “Divinas palabras” de Valle-Inclán, Don Fernando en “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega, y el Leandro de “Los intereses creados” de Jacinto Benavente, que siempre lo hacía una mujer o un actor de características sutiles, delicadas, débil. Y me hice una gira por toda España.

-Según algunos datos suyos, creo que su primera película fue del año 65.
-No, no. Fue del 1962. Había hecho algunas cosillas con Jesús Franco, con el cual hice una película en la que trabajaba yo de “negra”, digo bien de negra porque era una orquesta de negras, pintadas, y vestidas de mujer. Se llamaba “Vampiresas 1930”, con Micaela, una actriz famosa que ya murió. La realidad del asunto es que yo empecé a trabajar con un papel bueno en una película francesa, “La otra mujer”, en la que las actrices y los actores principales eran Annie Girardot, una actriz excepcional, Alida Valli, Francisco Rabal, un actor estupendo como era Antonio Casas, Richard Johnson y yo. Bueno, bueno, también trabajaba Ana Mariscal, Cándida Losada; y yo tenía un papel muy importante. La película se rodó en Almería. Ya ve que el cásting era magnífico: no funcionó.

-Recuérdeme a uno de los seres más hermosos y enigmáticos del cine: Alida Valli. Es imposible olvidar la última escena de “El tercer hombre”, cuando pasa, indiferente y bella, ante Joseph Cotten y no se para...
-Era guapa, guapa. ¡Guapa! Tenía una belleza en los ojos, eran violetas, yo que sé... Y Annie Girardot, una gran actriz.

-Demos un pequeño salto. Algunos años después empezó a hacer spaghetti western...
-Sí, sí. Hicimos “El oro maldito” con Giulio Questi, buen director, “La furia de los siete magníficos”, “Marco Antonio y Cleopatra” con Charlton Heston también. El asunto de especialista, que hago también en la película de Alex de la Iglesia, ¿sabe de dónde viene? Viene de que yo en casi la totalidad de películas de acción, casi todas las cosas de acción las hacía yo. Las sé hacer y me gustan. Realizaba cosas de especialista, no trabajé nunca, pero sabía hacerlas.

-Sé que estos días se ha vuelto a hablar de su romance con Raquel Welch durante la película “Cien rifles”.

-Sale en la película. No le voy a contar nada más. Sale. Ella vino aquí a hacer esa película y luego hizo otra en otra en Canarias. Era una chica encantadora, bellísima, ahora está haciendo teatro. Tengo un recuerdo estupendo de ella.

-Todos le recordamos por “Los tres mosqueteros”. Pertenezco a esa generación de niños que salían de colegio con el entusiasmo de ver aquella serie. ¿Qué le queda de D’Artagnan?
-Eso ya fue hacia 1970. Tengo recuerdos muy bonitos. Lo único que ocurría era que el trabajo era agotador. Al mismo tiempo estaba en Barcelona haciendo una función de teatro que se llamaba “La mamma”, que está sacada de una novela de un francés André Roussin, actuaba con Mary Carrillo. Al mismo tiempo, me levantaba a las cinco o a las seis de la mañana para hacer “Los tres mosqueteros”. Y el recuerdo es bonito: fue, tal vez, la primera serie de acción real que se hizo en Televisión Española. Y todo lo hacía yo. Nunca he tenido suplantador. Tiraba, y tiro, me peleaba, montaba, saltaba, y de ahí viene en cierto modo el rollo del “especialista”.

-Le seguíamos por la prensa del corazón: “Hola”, “Semana”, creo recordar que se casó usted por entonces por una periodista.
-¿Cree usted, sí, que salía mucho en la prensa del corazón? Me casé con una periodista y sigo casada con la misma, uruguaya.

-Ya entonces daba una sensación aplastante de seguridad, de que se comía el mundo, rozando casi la altanería. ¿O no?
-¿Sensación de seguridad, en cuánto a qué, a la vida o a la interpretación?

-A ambas cosas, me temo.
-Yo creo que había una especie de defensa. Pero el ser humano tiene momentos de seguridad y de fragilidad como cualquier vecino. Lo que pasa es que muchas veces la apariencia física, al espectador o al personaje que te ve, le da la impresión de que eres un tipo seguro, y yo tengo mis ratos de dudas. No soy ni una máquina ni un tío hecho en un laboratorio. He tenido, y tengo, mis momentos de inseguridad.

-Luego hizo “Los camioneros”.
-Sí. Era una serie preciosa y estaba dirigida por Mario Camus. Fue la primera serie que se hizo en televisión, que se filmó en 35 mm. Y a partir de ahí yo no hice nunca una serie que no fuese filmada, por eso yo no extrañaba mucho el cine. Y yo además era el productor. Y después de ésa, creo que ya hice “Curro Jiménez”. Empezamos el día de la República, el catorce de abril de 1975, aún no se había muerto Franco.

-Le hemos identificado mucho con ese personaje. Le venía que ni anillo al dedo. Era un personaje con un pasado borrascoso, decidido y con un sentido moral de la justicia tremendo...
-Tenía un sentido moral porque no había más remedio que ponerle una moralidad, pero era un perdedor total. Curro era un hombre al que se le muere el padre, le quitaban la barca, habían violado a su novia y le echan de los pueblos. No le quedaba más camino que matar a los hijos del alcalde y echarse al monte. El tipo se convierte en bandolero, pero sí tenía sentido de justicia. No hubo más remedio que poner a los franceses, porque en aquel momento no nos dejaban poner a los alcaldes. Vivía “el santo” todavía y existía la censura. Este personaje había vivido cien años antes de la Guerra de la Independencia.



-He leído que fue una idea suya hacer una serie sobre este personaje real conocido como “El barquero de Cantillana”.
-Sí. Había una biografía de Fernández y González, y otra de Bernaldo de Quirós. Pero fue una serie que me inventé yo: me leí los personajes, elegí al guionista Taco Larreta, escribimos juntos el primer guión, y yo lo presenté a televisión. Y luego ya, aparte de eso, los primeros trece episodios los produjo TVE y el resto los produje con TVE. Hombre, creo que puedo sentir un poco de orgullo. Creo que la serie estaba bien hecha. Estaban los mejores directores: Mario Camus, Pilar Miró, Antonio Drove, Giménez Rico, Romero Marchén, Emilio Martínez Lázaro...

-Lo que le envidiábamos casi todos es que se llevaba a las chicas más bonitas que había en España: Blanca Estrada, Teresa Rabal, Pilar Velázquez... Usted era casi un fauno o un sátiro.
-Total, total. Ja, ja, ja. Es cierto. Trabajaron en la serie las chicas más guapas y buenas actrices todas del momento. No faltó casi ninguna ni tampoco ilustres veteranas como Irene Gutiérrez Caba, Lola Lemos, Cándida Losada, y actores importantes.

-En cualquier caso, para usted, en caso de todavía lo necesitase, era una formidable escuela de actor.
-Para mí esa serie fue definitiva en todos los sentidos, pero aún lo es hoy porque después de 27 años usted me la recuerda, la gente me la recuerda y me dice al pasar: “Curro”. Y eso quiere decir que ha funcionado en el público y también entre los profesionales. Voy por los pueblos y aún me dicen: “Sancho, éste caballo negro es el caballo de Curro Jiménez”. Todo el mundo tiene el orgullo de tener el caballo que yo montaba, y se puede suponer que Curro no podía tener 40 caballos. Además, después de 27 años, el pobre demonio de caballo, ¿dónde demonios estará?

-Creo recordar que usted apoyó públicamente no sé si a UCD o Adolfo Suárez.
-A Adolfo Suárez. Lo hice sobre todo por amistad. Era amigo mío, es amigo mío, nos habíamos conocido cuando él trabajaba en televisión. Y aparte de eso, cuando no estaba en televisión, fue padrino de un hijo mío, de Rodolfo. Y apoyé a Adolfo Suárez.

-¿Se ha arrepentido alguna vez?
-Para nada. Pero yo siempre estuve a la izquierda, no de ahora. Adolfo lo sabía, yo no tenía ningún empacho en decirlo. Lo único es que son cosas que, a mi entender, en ese momento no se pegaban de tortas. Lo que está claro es que yo no he sido nunca del PCE, nunca, no por nada, sino porque no lo era. Era un hombre de izquierdas, socialista, pero apoyé a Adolfo Suárez porque me parecía que era la mejor opción. Y de hecho se ha demostrado que ha sido un hombre válido.

-Hay otra faceta de su vida por la que es famoso también: la bohemia, la noche, el exceso, las tertulias.
-Siempre me han gustado sí, pero ahora ya no. Ahora salgo muy poco, pero me ha gustado la tertulia por el hecho de la tal tertulia, por cambiar ideas y hablar, y mantengo una tertulia a la que voy poco ahora a la que acude el productor Elías Querejeta, el guionista Manuel Matji, filósofos, periodista, pintores.

-Usted, se lo he leído, se mira en los espejos de Paco Rabal o Fernando Fernán Gómez.
-Siempre. Son grandes amigos míos y una representación fuerte y válida de lo que es la profesión de actor en España. Ha habido otros, que ahora están muertos; he trabajado con José María Rodero, José Bódalo, con Carlos Lemos... Hice una obra de teatro para televisión, “Doce hombres sin piedad”, en la que había actores maravillosos, Jesús Puente, Ismael Merlo, y yo creo que una de las cosas básicas que los actores deben hacer es fijarse, no tanto para copiar como para tener una referencia de las cosas que se pueden hacer o no. ¿Me permite una vuelta atrás?

-Desde luego.
-Yo creo que el reflejo de mi forma de ser, llamémosle política, está muy claro en las cosas que yo he hecho y he producido. Ahí están “Los camioneros”, que es una serie sobre el trabajo, “Curro Jiménez”, que es un tipo contra el bando establecido, un bandolero; luego he hecho la película “Gallego”, basada en la novela de Miguel Barnet, que se basa en la historia de un emigrante; después he sido el productor de “Huidos”, una historia de maquis. Es decir, que mi trayectoria ha sido bastante clara. He trabajado aquí en Zaragoza con los chicos de El Temple, donde hice Goya.

-¿Qué recuerdo tiene de eso?
-Estupendo. Muy bueno. Son unos chicos estupendos. De verdad.

-Acabemos con “800 balas”...
-Para mí esta película ha sido renacer un poco, en mi carrera y de ilusión. Para mí trabajar con Alex de la Iglesia ha sido un renacimiento, no por el cariño y el amor que le profeso, no sólo por eso, sino como director. Es una persona entrañable; no entrañable, sino serio en el trabajo, sabe lo que quiere, y te transmite confianza. Ha sido muy importante para mí este papel, que además por fortuna escribió para mí. Por eso mi agradecimiento es total.

-Sancho, usted ha padecido un cáncer, le han quitado un pulmón. Creo que ha dicho que Alex de la Iglesia le ha devuelto la vida.
-Quizá haya exagerado un poco. Je, je, je. La verdad es que ahora estoy bien, pero tengo un pulmón menos y hay ciertas cosas de acción que ya no las puedo hacer ni me las dejan hacer los directores por si acaso. Pues, bueno, aquí estamos.

1 comentario

sempi -

Gran actor y gran persona Sancho Gracia. Se le echa mucho de menos.