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MINGOTE O EL HUMOR LIBRE

[Con este texto inaguraba el pasado domingo la serie 'A pleno sol' en 'Heraldo de Aragón, a propósito del libro 'Mingote reservado' que publica Edad, con edición de Isabel Vigiola, viuda del artista, y del periodista Antonio Astorga.]

 

A PLENO SOL. Aparece un libro del ilustrador y dibujante aragonés que recoge diarios, apuntes, bocetos, cartas y dibujos inéditos, censurados y prohibidos. El artista, además, recuerda sus años en Aragón.

 

Mingote

El arte de hacer el humor libre

 

Antonio Mingote fue, según dijo Paco Umbral, «el Picasso de los periódicos». Desde su ingreso en ‘ABC’ en 1953, hasta su muerte en 2012, publicó 25.000 dibujos. Realizó muchos más, para la revista ‘Blanco y negro’, para ‘La Codorniz’, en la que ingresó en 1941 cuando la dirigía Tono y permaneció con la llegada de Álvaro de la Iglesia, y en muchas otras publicaciones, sin contar sus libros o proyectos que hizo para ilustrar a Cervantes o la trilogía que firmó con José Manuel Sánchez Ron.

Mingote fue, ante todo, un trabajador incansable que pertenecía al gremio de los «trabaja idiota, no pares», tal como solía decir. En el fondo, pintar, dibujar e ilustrar eran su pasión. Solo una vez estuvo con Franco y el dictador le dijo que no acertaba a entender cómo tenía tantas ocurrencias todos los días. Muchas de sus sugerencias tenían efecto inmediato en los consejos de ministros. Franco, siguiendo la tira, conminaba a que se acelerase la construcción de los Nuevos Ministerios.

        No todo lo que dibujó, pintó y abocetó Antonio Mingote (Sitges, 1919-Madrid, 2012) se publicó, como se ve en el libro ‘Mingote reservado. El taller desconocido de un genio’ (Edaf, 2014), que han preparado su viuda Isabel Vigiola y el periodista Antonio Astorga, que conversó con él y le grabó en su estudio y captó su afán de «explicar el mundo». El volumen es un recorrido por los «apuntes, bocetos, inéditos, censurados y prohibidos». Hay muchos materiales secretos: los cuadernos que llevó durante los tres años de Guerra Civil, algunos diarios con dibujos de la posguerra, cuentos inéditos ilustrados, muchos bocetos, una carta conmovedora de su madre. Y, por supuesto, hay una importante sección de dibujos y viñetas censurados: los editores reproducen el original, a veces con la cruz roja que le ha puesto el censor o la dirección (a veces se agrega: «En consulta») e incorporan la carta de censura. Dedica una viñeta a los procuradores, donde se lee: «Y tenemos que remediar importantes omisiones. Por ejemplo, hasta ahora no hemos hablado ni una sola vez de la batalla de las Navas de Tolosa». La carta de negativa dice: «Madrid, 3 de diciembre de 1968. “Imposible. Veto máximo. Vivamente lo siento. (...) La Dirección entiende que no es oportuno publicarlo. Un cordial abrazo. Pedro de Lorenzo, director adjunto de ABC”». La censura afectaba a todo: a la religión, a la sociedad, al cine. Dos mujeres conversan y dicen: «A mí me gusta ver las películas extranjeras para darme cuenta de lo decentes que somos en España». Entres sus bocetos hay muchas mujeres desnudas: una vieja debilidad gráfica, que se repite en el apartado ‘Dibujos y apuntes’, en el que hay cuidados retratos, un autorretrato con modelo en cueros que se transforma en árbol sinuoso en el lienzo, y diversas sirenas.

         A lo largo del libro, se recuperan textos inéditos, entrevistas, pregones, álbumes fotográficos con voluntad cronológica. Así, el lector viaja por la biografía de Mingote y conoce mejor sus vínculos aragoneses. Mingote solía decir que «la amistad es la mayor riqueza del hombre». Quiso mucho a los escritores Ildefonso-Manuel Gil y Carlos Clarimón y al galerista Tomás Seral, tenía inmejorables recuerdos del guionista riojano Rafael Azcona. Su infancia en Daroca, su estancia en Calatayud y sus años de adolescencia y de primera juventud en Teruel y luego Zaragoza. A través de  la figura de su padre, «un romántico, un darocense», Ángel Mingote («Mi padre fue un músico bondadoso pero malhumorado», dice), recuerda el paraíso perdido de Daroca, donde se hizo su primera cicatriz: «El colegio estaba enclavado en dicha parte de la muralla. Forma parte de ella. Por eso lo recuerdo tan vivamente y no se borra de mi imaginación. Para mí, el castillo era de fantasía, de leyenda». Hacía teatros de cartón, dibujaba «decoraciones» y, con su hermana Mercedes, «también dibujaba películas en rollos de papel, que luego pasaba por una ventana que había construido con una caja de zapatos».

Dice que apenas tenía recuerdos bilbilitanos, pero sí muchos de Teruel. Empezó un pregón fiestas de Teruel de 1985 así: «Érase un Teruel antiguo y prodigioso. Era tan prodigioso que el cine, que era mudo, se puso a hablar como es lógico de pronto y, lo que es más sorprendente, a cantar. Una ciudad maravillosa». No fue buen estudiante, se enamoró del baile y de algunas muchachas, con las que se hacían manitas, y con el pintor turolense Ángel Novella alimentó un sueño: «Yo quería ser pintor de los buenos». Con 17 se va al frente, se hizo militar y alcanzó el grado de capitán. Un día decidió dejarlo todo por el dibujo y el humor. Resume: « Soy un hombre de suerte. Voy a la guerra y sobrevivo, vengo a Madrid y triunfo».

 

CORTE

EL ANECDOTARIO

 

Caricatura y realidad. “Es claro que no se puede hacer caricatura de lo que no existe. Sin embargo, los dibujantes españoles somos proclives al surrealismo que fue durante mucho tiempo -toda la primera época de 'La Codorniz'- la única posibilidad para el humor. Ahora, todavía el sobreentendido, la insinuación, la elipsis, la reticencia son condicionamientos obligados en la aproximación a la realidad”.

 

El humor. “Lo mío creo que no es vocación, ni carrera, ni oficio; simplemente tengo humor. El chiste da para comer. Lo que pasa es que yo tengo un oficio que, en este país, es como ser torero en Suecia. Es decir, que caes simpático, pero no te dejan torear (…) El humor sale de pronto. Uno no lo tiene, ni puede decidirlo por sí mismo. Es ajeno a la voluntad, pero surge haga lo que haga. Según Camón Aznar, hay un humor aragonés que es vivo, permanentemente vivo y actual. Congénito a la tierra y empieza, y se apoya en un espíritu crítico exacerbado, agudo y directo”.

El amigo borde. “Yo ya sabía que tú no eras gracioso -me dijo mi amigo sinceramente apenado-. Pero no comprendo ese interés tuyo en que se entere el resto de los españoles”.

 

*La foto, reproducida en el libro, la tomo de aquí:

http://www.elcultural.es/imgBd/20140711/LETRAS/img/34985_1.jpg

 

 

23/07/2014 00:09 Antón Castro Enlace permanente. sin tema

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