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ESTELLA & FANDOS Y E. LABORDA

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[Recupero esta entrevista a Javier Estella y José Manuel Fandos por su documental ‘Naturaleza muerta’, centrado en la trayectoria de Eduardo Laborda, que recibió el premio del público del Festival de cine de Daroca y encantó a los presos.]

Javier Estella y José Manuel Fandos forman la productora Nanuk. En la última semana de la muestra de Eduardo Laborda (Zaragoza, 1952), ‘Retrospectiva, 1971-2013’, que se exhibió en la Lonja y que fue visitada por 62.400 personas, presentaban el documental de 42 minutos que le han dedicado: ‘Naturaleza muerta’, que inicia ahora su itinerario por festivales y televisiones. Realizador alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio, y han rodado unos 35 años de material bruto en las calles, en el estudio del pintor, en algunas terrazas que permiten ver Zaragoza y en Belchite.

-¿Por qué han elegido a Eduardo Laborda para su película documental?

Por amistad y porque nos parece un pintor extraordinario. En realidad, nosotros conocimos a Eduardo como cineasta antes que como pintor. Hace más de 20 años, en las muestras de cine independiente, cuando todavía se rodaba en super8. Después hemos sido su equipo técnico en alguno de sus documentales más recientes. Eduardo, como cineasta, entiende lo que es un rodaje, así que la cosa no tenía porque salir mal. Y, sobre todo, Eduardo se halla en la plenitud de su carrera, como ha demostrado la exposición retrospectiva de la Lonja. Era el momento.

 

-¿Qué querían hacer al principio? Han seguido la ejecución de tres obras: ‘Mediterráneo’, ‘Iris del Coso Alto’ y ‘Belchite’, ¿no?

La idea, en principio, era seguir la ejecución de tres obras en diferentes fases de trabajo: el final del cuadro de ‘Iris del Coso Alto’; desde la mitad hasta el final de ‘Mediterráneo’, y el proceso completo de ‘Belchite’. Se llegó a hablar de rodar alguno más, pero desde un primer momento nos gustaba la idea de tríptico, de que se mostraran tres cuadros en el documental. El resto de secuencias no son estrictamente de Eduardo pintando, sino que han nacido durante la elaboración de la película, un proceso muy vivo en el que el rodaje se alternaba con el montaje. Aunque partíamos sin un guion previo, se puede decir que ‘Naturaleza muerta’ es nuestra película más “construida”: hay un proceso de vaciado, de dejar sólo lo esencial. Todas las secuencias que aparecen en el documental tienen sentido por sí mismas, pero mantienen un diálogo interno con el resto. 

 

-¿Cuántas horas, cuántos días han grabado?

Hemos realizado alrededor de 50 sesiones de grabación a lo largo de año y medio. ¿Horas de material bruto? Más o menos 35.

 

¿Qué sensaciones han tenido? ¿Qué pintor era o es Eduardo?

A lo largo de cuarenta años, Eduardo ha tenido muchas etapas diferentes, y en todas resulta brillante. Está claro que es un pintor minucioso, con una técnica impecable, que ha evolucionado del abstracto al figurativo con solvencia. Pero nosotros no queríamos hacer un análisis de su obra, ni sacar expertos que la analizarán ni nada de eso. Sólo queríamos acompañarlo con nuestra cámara en el proceso completo de la creación de un cuadro y ver qué iba sucediendo. Aunque habíamos estado muchas veces en su estudio, nunca lo habíamos visto pintar, y nos sorprendió, porque es muy difícil filmar avances rápidos en la ejecución de uno de sus  cuadros. Es todo una  suma de capas: el dibujo casi imperceptible con el lápiz blanco, la grisalla, las sombras, las luces, los difuminados, el salpicado... Todo ello se va sumando en un lento proceso hasta al resultado final.

 

 

¿Qué les ha llamado la atención de su personalidad? ¿De sus pasiones?

Eduardo tiene un carácter muy afable, y acoge de maravilla a la gente va llegando a su vida. También es generoso, porque sabe de todo y no tiene ningún problema en compartir sus conocimientos. En cuanto a sus pasiones, son innumerables: el arte, el cine, los juguetes antiguos....

 

¿Cómo les ha marcado la casa de Eduardo Laborda, que es casi un escenario?

La casa de Eduardo e Iris es muy especial, llena de detalles, pero lo interesante en el planteamiento del documental estaba en cómo capturar esa luz que llega a la casa, una luz que a veces es directa y otra viene rebotada de las fachadas de otros edificios. Podemos decir que el 70 % de la película está rodada con luz natural.

 

 

Al final se inclinaron por contar un cuadro, ‘Belchite’. ¿Por qué?

Desde el inicio del proyecto, sabíamos que el cuadro de Belchite iba a ser el eje del documental, y que era el que iba a estructurar el resto de la película. La idea era contar toda la historia que hay alrededor del cuadro, y para ello nos planteamos una estructura clásica, en  tres actos, donde vemos cómo a Eduardo le encargan el cuadro de Belchite, el modo en que afronta el encargo, sus dudas, sus decisiones y, finalmente, descubrimos la obra terminada.  

 

¿Cómo definís el resultado final, cómo la veis vosotros?

Estamos contentos porque creemos que hemos reflejado la forma de trabajar y de ser de Eduardo. La gente que lo conoce lo reconoce en el documental. Creemos que es un documental sincero  sobre  Eduardo y su mundo pictórico.

 

Impresiona Belchite, pero no impresionan menos las vistas de Zaragoza... ¿Cuál es la relación del pintor y la ciudad?

Si uno camina por Zaragoza, no cabe duda de que se va a encontrar a Eduardo, bien relajándose de la extrema concentración que requiere su forma de pintar, bien comprando el periódico en la Quiteria o yendo a la Filmoteca a ver un ciclo de Buñuel. Eduardo recorre Zaragoza, la pinta desde las azoteas o escribe sobre su historia, más o menos secreta en libros como La ciudad sumergida. Imaginamos que hay que cosas que no le gustan de la ciudad, pero está claro que la conoce y la ama como pocos.

 

¿Por qué habéis incorporado al artista y diseñador Oscar Sanmartín?

Óscar y Eduardo son amigos. Pueden estar horas hablando de los temas más diversos, pero especialmente de arte. A veces discrepan y otras están de acuerdo, pero en todo caso son conversaciones muy amenas y naturales. Por eso decidimos incorporar alguna de estas conversaciones al documental. También queríamos contraponer la técnica pictórica clásica de Eduardo con la de un ilustrador que se apoya en el ordenador para colorear  sus dibujos y componer las portadas de los libros. Además, Óscar nos ha hecho el diseño gráfico y nos ha acompañado casi todos los días de rodaje, dándonos algunos consejos vitales para encauzar el documental.

 

Hay algo muy bello en la película también: el clima de creación de Iris y Eduardo. ¿Cómo lo han reflejado?

Iris y Eduardo son pareja. Que dos de los pintores aragoneses en activo más importantes estén creando a la vez, tan sólo separados por unos metros, nos parecía algo que no podía dejarse pasar por alto. Queríamos mostrar cómo  se aconsejan sobre el color, la perspectiva o los elementos que deben aparecer en el cuadro, cómo se ayudan a mover y colgar los cuadros de gran formato y también cómo se sientan un día cualquiera a comer en la mesa de la cocina.

 

Podríamos decir que es una película cálida, amorosa, elegante, una exaltación de la pintura. ¿Era eso lo que buscabais?

Sí, de la pintura o de la pintura como forma de vida. Hemos tratado de reflejar cómo vive Eduardo la pintura o cómo la vive en este momento de plenitud creativa, que seguramente es distinto a otros momentos de su carrera. Pero, lo que es indudable, es que la pintura es la forma de vida que eligió desde que era niño.

 

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