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Antón Castro

ROGELIO ALLEPUZ: UNA ENTREVISTA

ROGELIO ALLEPUZ: UNA ENTREVISTA

ENTREVISTA. Rogelio Allepuz. Expone en Casa de los Morlanes

 

 

 

“Con las cámaras digitales se

piensa menos la fotografía”

 

“Julio Iglesias y Antonio Gala solo se

dejaban fotografiar por su lado bueno”

 

“Cuando miramos la fotografía nos

transporta por el camino de la memoria” 

 

Rogelio Allepuz resume más de 30 años de fotografía artística y de prensa en su retrospectiva ‘Emociones’, en la Casa de los Morlanes

 

Siempre he sido un gran aficionado al cine, sobre todo al cine en blanco y negro. Veía ciclos enteros de autores como Buñuel, Billy Wilder, Elia Kazan, Orson Welles, George Cukor, Alfred Hitchcock. Una de las primeras películas que vi de Buñuel fue ’Viridiana’. Me impresionó. Me empecé a dar cuenta de que el blanco y negro me gustaba mucho, que las imágenes llegaban a mí con más fuerza y me transmitían más sentimientos que el color. En las salas de cine empezó mi interés por la fotografía, por las escenas bien resueltas fotográficamente”. Así explica Rogelio Allepuz (Almohaja, Teruel, 1953) sus inicios. El fotorreportero –que se ha forjado en Spectrum, en la calle y en ‘Andalán’, ‘El día de Aragón’ y ‘El Periódico de Aragón’- exhibe una antológica de más de 30 años de trabajo, ’Emociones’, en la Casa de los Morlanes. Muchos compañeros de prensa lo consideran un auténtico maestro. El maestro.

 

-¿Qué fotos le atraían al principio?  

Sobre todo me atraían las fotos de temática social, pero siempre buscaba, de alguna manera, lo que no está tan a la luz, lo que está más escondido. Hay autores como Henri Cartier-Bresson, Diane Arbus, Robert Capa, Robert Doisneau, Richard Avedon, Walker Evans, Sebastiao Salgado, Ansel Adams o Cristina García Rodero, y por supuesto muchos más que me dejo que me han interesado, que me han ayudado mucho. Me emocionaba cuando veía su obra en los libros por su manera de mirar y ver. Mi deseo era y es sentir o intuir cuando la foto que acabo de realizar va a trasmitir algún tipo de sentimiento a las personas que la van a ver.

 

-¿Qué aprendió en Spectrum y qué le debe a Barcelona? 

-En Spectrum aprendí y descubrí en su biblioteca a diferentes autores. Me quedaba encantado viendo los libros e imaginando las situaciones por las que habrían pasado los autores para llegar a la foto final. Estuve como alumno en un curso básico y, después de regresar de un curso en Barcelona, entré como profesor un año. La verdad que siempre he sido bastante autodidacta y la técnica no me ha importado mucho. Me ha importado más transmitir, emocionar, aunque el resultado final no sea de una gran técnica. De Barcelona no tengo un gran recuerdo, estuve en el Centro de Enseñanza de la Imagen con Joan Fontcuberta. En esa época estaba como profesor, su especialidad era el fotomontaje y era un gran teórico e investigador de la imagen. Allí me di cuenta que lo que yo buscaba, y lo que más me atraía, era la foto documental, la foto social. Lo que sé de fotografía, y no es mucho, nació de mi interés personal por el cine, la fotografía, la pintura y la escultura.

 

-¿Cómo fueron sus inicios en ‘Andalán’, qué hacía, qué le pedían? 

Empecé como colaborador, llamaron a Spectrum diciendo que buscaban un fotógrafo para trabajar como reportero. Me vino muy bien porque en el fondo era lo que buscaba; así podía entrar en contacto con el tema social por medio de los reportajes. Hacía fotos de todo tipo: protestas, manifestaciones, entrevistas y también llegué hacer portadas, que sobre todo eran fotomontajes en los que trabajaba mucho.

 

-Poco antes de entrar en ‘El día de Aragón’ hizo una exposición de manos en Spectrum. ¿Cómo nació aquella muestra, qué buscaba? 

Tenía una buhardilla en la calle Predicadores. Allí monté mi primer laboratorio con una ampliadora de muelles que era un trasto, pero no había dinero para más. Yo bajaba con mi cámara, una Olimpus, y hacía fotos de todo tipo: de texturas, de maniquís que me encontraba por la calle y, sobre todo, de gente. En la zona del Mercado Central, los fines de semana había rastro y yo bajaba con toda mi ilusión hacer fotos de la gente, siempre buscando algo diferente y algunas veces encuadres imposibles. Un día, revisando los negativos, descubrí a un hombre trajeado con las manos atrás y esa foto me inspiró para realizar una serie que acabaría en una exposición. La dificultad que entrañaban estas fotos es que las hice sin que la gente se diera cuenta. Solo eran manos. La exposición se montó en la galería Spectrum, actualmente Spectrum Sotos.

 

-¿En qué disciplina se ha sentido más cómodo? ¿En el retrato o en el reportaje?

En las dos disciplinas me he sentido cómodo y en los daos puedes encontrar dificultades tanto físicas como sicológicas. La clave está en intentar crear una atmósfera de confianza a tu alrededor; en el caso del reportaje, no crear desconfianza en lo que vas a fotografiar. Y en el retrato, que al personaje nada más verte le transmitas confianza y seguridad, si no creo que se produce una especie de rechazo psicológico que en el resultado final de la imagen se nota.

 

-¿Cuál es para la usted la clave de una foto, qué matices quiere que tenga?

Además de una buena composición y un buen encuadre, que transmita y emocione, bien por el contenido, la luz, por lo que sea. Que cuando la mires, te llegue, te emocione de alguna manera. No sirve de nada tener una buenísima cámara, una gran técnica, si el resultado final te deja frío y no te dice nada. Por eso, con la ayuda de Plácido Díez, he titulado esta antológica ‘Emociones’.

 

¿Qué le atrapa de un rostro?

Me pueden atrapar muchas cosas. Lo primero que note que hay empatía, química, que sea expresivo. Hay rostros que quieren a la cámara y esos con poco dan buen resultado, pero también es trabajo del fotógrafo saber captar al personaje en su actitud más cómoda y natural e intentar robar un poco de su intimidad bien guardada. Como anécdota, Julio Iglesias y Antonio Gala solo se dejaban fotografiar por su lado bueno.

 

-¿Cómo se vive la foto desde un periódico, cómo la ha vivido usted?

He trabajado alrededor de 30 años en prensa. La fotografía en un periódico es todo rapidez, inmediatez, sucede algo y tienes que estar en cuestión de minutos, el llegar media hora tarde a un suceso supone no captar la imagen que reflejaría lo sucedido, aunque eso ahora ha cambiado y cualquiera te hace una foto con el móvil, y ya no se valora si la foto es de calidad o no, sino el hecho de que haya imagen de lo sucedido en el momento. Antes de la telefonía móvil con cámara, si no estaba el fotógrafo de un determinado medio de comunicación no había foto. Yo viví dos épocas…

 

¿Cuáles?

La que se fotografiaba con cámaras de carrete y la época de cámaras digitales. Son procesos muy distintos: el del negativo era como más lento, ya que tenía que pasar por el proceso de revelado químico y el posterior copiado de las fotos en papel era un proceso con más magia. Con las cámaras digitales el proceso es más cómodo sobre todo para el trabajo periodístico, ya que permite llegar a la imagen buscada más rápidamente, aunque también pienso que con las cámaras actuales y con las prestaciones que tienen el hecho de que una cámara profesional digital te pueda disparar del orden de diez imágenes por segundo, o más, el fotógrafo piensa menos la imagen porque confía que en esos disparos alguna imagen será la buena. Sobre todo en los primeros años en los periódicos, viví mi profesión con pasión.

 

-¿De qué foto conserva un recuerdo especial, inolvidable, por peligro, por sorpresa, por inverosímil?

-Guardo un recuerdo especial, por su crudeza, de las fotos que tuve que hacer, y que me impresionaron mucho, de las de los dos atentados aquí en Zaragoza: el de San Juan de los Panetes y el de la casa cuartel de la Avenida de Cataluña. También me impresionó la tragedia del camping de Biescas: son imágenes que se te quedan grabadas en la retina.

-¿En qué medida la foto es un documento contra la muerte y el olvido? Lo digo porque hay fotos que ya nunca podrán repetirse…

-Creo que la fotografía como documento histórico, al margen del soporte que se emplee, es de suma importancia. Cuando la miramos nos transporta por el camino de la memoria, que a veces es frágil, y nos gusta mirar y recordar cosas que sucedieron, y cosas y sitios que ya no están pero que existieron.

 

-Ahora está trabajando mucho el paisaje. ¿Qué le da? Parece un fotógrafo espiritual, zen…

-Estoy trabajando el paisaje, pero me siguen gustando la foto documental y el retrato. El paisaje me ha gustado de siempre, sobre todo caminar y disfrutar de sus olores a tomillo y romero que son los olores que recuerdo de pequeño en mi pueblo Almohaja (Teruel). El estar en silencio contigo mismo y disfrutar de todo lo bueno que te ofrece la naturaleza es como una sesión de meditación pero andando. Siempre me ha interesado el budismo, la filosofía zen. Intento que mis fotos de paisaje, con pocos elementos, puedan trasmitir serenidad y quietud.

 

 

 

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