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Antón Castro

LAS CAMPEONAS DEL SALTO DE ALTURA

Dos retratos de Tia Hellebaut: en Pekín, y otro más artístico.

Una de las pruebas más interesantes de los europeos se dirime hoy: la final del salto de altura donde hay dos claras favoritas, Tia Hellebau, la belga campeona de Europa en 2006 y campeona olímpica en Pekín, y Blanka Vlasic, la croata que persigue desde hace tiempos títulos y el récord de Stefka Kostadinova, de 2.09. Ruth Beitia también tiene algo que decir pero por ahora está algunos centímetros por debajo de ambas. Tia Hellebaut, la mujer de 32 años que siempre salta con gafas, se retiró parcialmente de la competición tras su gran triunfo en Pekín para ser madre. La otra gran candidata es la alemana Ariane Friedrich, que se presenta en Barcelona en mejor forma que la campeona olímpica. Parece claramente una de las favoritas a la plata o al bronce.

Dos fotos de Blanka Vlasic.

 

Ruth Beitia en Pekín y en un aeropuerto.

 

NICOLÁS MELINI: 'MALESTAR'

NICOLÁS MELINI: 'MALESTAR'

El escritor Nicolás Melini (Santa Cruz de la Palma, 1969), a quien conocí en Casablanca, guionista de cine, narrador, novelista y crítico de cine, publicará próximamente, en el elegante sello KRK, un nuevo libro de relatos: ‘Pulsión del amigo’. Nicolás me envía este estupendo relato que forma parte del volumen. Y además me envía esta foto del gran fotógrafo Alexis W.

 

 

 

MALESTAR

Nicolás Melini

 

 

Tenía trece años y había pasado el día jugando al ping-pong, tomando el sol y bañándome en la piscina natural del Aeroclub. Estaba solo, pero siempre alguien necesitaba un contrincante en el salón, y, si no, estaban las hamacas, la cafetería donde pedir un bocadillo o un refresco, o el mar. Era pleno verano, y uno se acercaba al agua caminando sobre las pequeñas almohadillas de cemento dispuestas sobre las rocas de malpaís. La sal y el sol en la piel podían resultar muy agradables pasadas unas horas. Pero ya eran las tres de la tarde y decidí irme. No tenía con quien volver a casa y no me apetecía buscar vehículo, andar preguntando quién regresaba a la ciudad, esperarlo hasta que se fuese y mantener una conversación de circunstancia con esa persona. Así que, sencillamente, me puse los pantalones cortos sobre el bañador, los tenis, dispuse mi camiseta entre el cordón de la mochila y mi cintura y salí a la carretera del aeropuerto. Debía andar varios kilómetros, pero no me importaba. Recorrí el primer tramo, siempre caminando por el arcén lleno de gravilla, y atravesé el túnel bajo la pista de aterrizaje. Hacía unos años, tras la ampliación del aeropuerto, solíamos ir en coche con mi padre y, si veíamos que un avión se disponía a aterrizar o a despegar, él aceleraba para nuestro alborozo –mi hermano y yo éramos unos niños— y hacía coincidir el coche en el túnel con el estruendo del avión justo allí arriba. No recuerdo si esta vez despegó algún avión mientras me encontraba en el interior del túnel. Enseguida salí al otro lado de la pista y empecé a ascender por la carretera, dejándola atrás y allá abajo, rodeada por un cerco de inmensas rocas y por las plataneras que se confundían con el mar. No había alcanzado la cima, antes de continuar carretera adelante hacia la ciudad, cuando sentí a mi espalda un claxon escueto, dirigido a mí, me volví y comprendí que se trataba de un hombre al que conocía vagamente, de vista (como solemos decir nosotros), porque a veces iba a los entrenamientos del equipo de fútbol en el que yo jugaba, pero también porque vivía en el barrio, por encima de mi casa, e incluso unos amigos míos debían de ser sobrinos suyos, si no me equivocaba, y mi madre debía de conocer a su mujer, y sus hijos, aún pequeños, debían de coincidir en el colegio con mis hermanos menores. Le hice un gesto de que siguiera, pero insistió y detuvo el coche junto a mí. Miré adelante. Tenía razón, quedaba mucho camino y hacía mucho calor. Denegar su ayuda sería una actitud incomprensible. Y yo no quería parecer el chico más raro de la tierra. Así que accedí a que me llevara, abrí la puerta y me senté. Él me saludó y me preguntó que si iba para casa y yo le dije que sí. “Ponte el cinturón”, propuso. Pero cuando me fui a girar para alcanzarlo ya él había pasado su brazo por delante de mí y me lo ofrecía. En cuanto lo tome inició el gesto de regresar al volante, y sin embargo, con un ademán preciso y premeditado, me tocó el pene y pasó su mano por la cara interior de mi muslo. Fue un segundo. Por un momento dudé de si realmente lo había hecho, porque él embragó y manipuló la caja de cambios y me miró como si nada. Sin embargo yo estaba rojo como un tomate, completamente confundido. Pensé que tal vez la culpa había sido mía; vestir aquellos pantalones cortos. Pero enseguida traté de reaccionar y concluí que no. Yo no había hecho nada malo. Yo ni siquiera quería subirme a aquel coche. Es más, quería bajarme cuanto antes. Él conducía alerta, pendiente de mí, y en algún momento trató de aligerar la tensión con alguna pregunta sobre el equipo de fútbol. Pero yo estaba petrificado en el asiento. En algún momento le contesté, con un tono que en absoluto denotaba mi estado de confusión. Mientras me encontrase en el coche con él no quería hacer ni decir nada que denotase que lo que había sucedido, realmente había sucedido. Trataba de actuar como si no hubiese pasado nada, cuando en realidad me encontraba absolutamente estremecido, y si no temblaba como un flan, podría hacerlo en cualquier momento. De hecho, le dije que me dejara en una playa cercana. “¿No ibas para tu casa?”. Le dije que sí y le di una explicación poco convincente para mi cambio de plantes. Lo que quería era que el trayecto fuese más corto, y, tal vez, no llevar aquella vergüenza hasta casa. No llegar con aquella vergüenza hasta la puerta de mi casa y que alguien me pudiera ver. Quería tener algo de tiempo antes de ver a mis padres y hermanos. Él me dijo que no, que no me preocupase, que él me llevaba a casa, si además le pillaba de paso, el iba tan sólo un poco más arriba. Así, el trayecto fue eterno. Con toda aquella violencia interior, mi confusión, culpabilidad y rabia que yo no permitía que escapasen por ningún sitio, quieto muy quieto y expectante en el asiento. Cuando por fin llegamos, me bajé del coche, me despedí educadamente y cerré le puerta para que siguiese camino. Subí las escaleras y el primero que me vio, mi padre, me preguntó que qué me pasaba. Nada, respondí, por supuesto. Y esta vez sí fui lo suficientemente convincente como para que me creyera, o por lo menos para que se diese cuenta de que no debía volver a preguntar, que no iba a decírselo por mucho que insistiera. Me fui a mi cuarto y traté de drenar todo aquel malestar. Lo peor era que sabía que me lo encontraría. Estaba demasiado cerca. Allí era raro no encontrarse muchas veces con la gente. Como en efecto sucedió a lo largo de los años que siguieron. Lo veía pasar en el coche, de su casa al trabajo, del trabajo a casa. Rara vez con su familia. Y sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo y comprendí que no tenía ningún poder sobre mí, que todo lo que me podía hacer ya estaba hecho, fui soltando mi rabia. Un día me encontré su coche –el coche de aquel pederasta— junto a una carpintería. Cogí un palo fino y busqué la válvula de una de las gomas. Sabía que estaba siendo infantil, y sin embargo… Desinflé una, con la intención de seguir con el resto. Pero el sonido de la goma desinflándose no me produjo la menor satisfacción. No me resarcía de nada. Así que lo dejé con un gesto de hastío. Años después me lo encontré de frente en la calle. Yo ya era un adulto, y, al verme, trastabilló con un adoquín y a punto estuvo de darse de bruces contra el suelo. Sonreí con malicia. Estaba seguro de que él lo estaba pasando mucho peor que yo.

LA CARRERA PERFECTA DE A. CASADO

LA CARRERA PERFECTA DE A. CASADO

El pasado viernes, en una preciosa y estupenda carrera, Arturo Casado, madrileño de 27 años, lograba un antiguo y buscado sueño: se coronaba campeón de Europa de 1.500. Fue una carrera espléndida con tres protagonistas españoles: Reyes Estévez, que corrió muy bien, estuvo en los puestos de cabeza y le faltó un poco, poquísimo, de velocidad final; Manuel Olmedo, que realizó una vibrante carrera con un increíble final que le permitió corregir su mala ubicación durante la carrera y obtener la medalla de bronce, se quedó en un tris, en dos centésimas, de la plata; y el citado Arturo Casado, un corredor cuya estampa evoca la de Sebastián Coe: rápido, de correr elegante y capaz de realizar los últimos 100 o 200 a un ritmo estupendo. El esprint final, poderoso y limpio, también nos hizo pensar en el gran triunfo de Fermín Cacho en la final olímpica de 1992. Cuelgo aquí la crónica de Carlos Arribas, de ‘El País’, un gran periodista de ciclismo también, autor de libros y de maravillosos artículos. El texto habla de Casado, de la carrera, de los entrenamientos del nuevo campeón y del clima de cariño y de superación que lo envuelve.

 

LA FE CORONA A ARTURO CASADO

 

Crónica de Carlos ARRIBAS / El País

Arturo Casado levantó los brazos después de la recta soñada y el bodoquismo rompió a llorar. El bodoquismo, por Bodoque, el masajista de Casado, de España, de Berlanas, de Juan Carlos Higuero, de otros buenos atletas, es la religión atlética de la fe y del compromiso, del trabajo, del sueño.El triunfo de su chico lo justificaba, claro. También que el estadio de Montjuïc se viniera abajo del éxtasis de los espectadores que, tras la frustración de Marta Domínguez, tras las expectativas de la explosión de Cáceres en la longitud, contemplaban al fin la primera victoria española de los campeonatos. También que el secretario de Estado, Jaime Lissavetzky, saltara a la pista como un aficionado feliz para abrazar al campeón.

Levantó los brazos Casado y rompió a llorar él mismo, tan grande, tan incontenible, tan liberado como en su última curva, cuando arrancó a 200 metros, el punto de los campeones, el punto exacto en el que otros años, en otros campeonatos, encallaba su carrera, el punto del miedo en el que su ambición se frustraba por perseguir a Baala, a otros campeones a los que quería superar, cuando corrió, el primero, por delante de todos, persiguiendo la victoria, como un potro fuerte y ancho, como un caballo desbocado. Poderoso. A punto de alcanzar el orgasmo, toda la adrenalina agolpándosele en el cerebro."Hay que creer, hay que creer", repetía la víspera Casado. "Este año, sí, este año, sí, estoy seguro", añadía. "Ya creo en mí". Fue el final de un año en el que apenas se prodigó en invierno, en el que renunció a la pista cubierta, en el que, desde el 1 de enero, solo pensaba en un día, 30 de julio, en una ciudad, Barcelona.

Por detrás de él, hombre de tanta fe tras tantos años en que solo se le recordaban las expectativas no cumplidas, la jauría lanzaba sus dentelladas, inalcanzable. Por detrás, Reyes Estévez, el veterano en su última carrera, trataba de defender la tercera plaza, el lugar máximo en el que le `podían dejar sus piernas, tan batalladas, tan poco frescas finalmente, después de una carrera que él mismo había conducido al tran-tran, lenta, lentísima (2m 37s, el 1.000; 3m 42,74s el tiempo de la victoria de Casado), confiado en su antiguo poder explosivo, ahora de más corto alcance que en sus tiempos de gloria cuando, elegante, en los últimos 300 metros era capaz de tres, de cuatro cambios de ritmo. Por detrás de Casado, tan enorme, tan feliz ya, Manuel Olmedo, el sevillano recién trasplantado del 800, hacía valer su punta de velocidad magnífica para, desde atrás, por fuera, remontar hasta, con el último aliento, arrancarle de las manos a Estévez por 13 centésimas el bronce. "Me falló la táctica", dijo Olmedo. "No esperaba una carrera tan lenta, pero he podido responder al final".

Cuando está bien, a Casado, de Santa Eugenia, un barrio de Madrid, de 27 años, licenciado en Ciencias del Deporte, con admiración le dicen: no hay quien te pase en la curva, eres tan ancho, controlas tan bien tu calle que para adelantarte hay que dar un rodeo tan grande que cuando queremos llegar ya has pasado. A Casado, seguro, en la curva, en la que con casi imperceptibles cambios de ritmo mantenía a raya los intentos de superarle del inglés Baddeley, le llegarían a la memoria esas palabras, y certificaría su verdad en la jungla del 1.500. Por fin. "Ha sido la carrera perfecta", dijo Casado. "Después de muchos años de quedarme con la miel en los labios, al final he conseguido todo por lo que lucha un atleta".

De Casado, hasta ayer, se recordaba su irrupción en el Europeo de Madrid en pista cubierta 2005, su trabajo como libre para su compañero de entrenamiento Alberto García, su quinto puesto en el Mundial de Helsinki, que tantas ilusiones levantó, por su irreprochable ética de trabajo, su seriedad... Desde ayer, ya se le recordará como el tercer atleta español campeón de Europa de 1.500 -Cacho, 1994, Estévez, 1998, pasaron antes que él-, como otro de los grandes del mediofondo español, como un chico con mucho futuro aún. Y mucha fe, claro.

 

*En la foto Arturo Casado y Manuel Olmedo. La foto es de la agencia AFP y ha sido publicada por 'El País'.

JOSÉ ANTONIO DUCE. RETRATOS / 1

JOSÉ ANTONIO DUCE. RETRATOS / 1

Dentro de unos días, José Antonio Duce vendrá al programa ‘Borradores’ para hablar de su libro sobre la Aljafería. Le pedí una colección de retratos de diversas épocas. Inicio aquí la publicación de una pequeña serie suya. Me ha encantado el único retrato a color que me ha enviado, el único de una mujer, creo: este de Margarita García Buñuel. Fotógrafa.

 

Margarita fue Nuevo Talento FNAC.

LABORDETA, POR DANIEL GASCÓN

Olifante publica el libro Mar de amor. Canciones de José Antonio Labordeta, una selección de unas cuarenta canciones del compositor e intérprete. No son la totalidad porque ese es un empeño mayor en el que andan metidos desde hace años Luis Ballabriga y Antonio Pérez Lasheras. El escritor, traductor y guionista Daniel Gascón ha redactado la solapa del volumen, todo de color azul. La foto es de Heraldo: José Antonio firma un ejemplar de sus memorias ’Regular, gracias a Dios’ (Ediciones B).

 

 RETRATO DE LABORDETA

Por Daniel GASCÓN

José Antonio Labordeta no sonríe mucho en las fotos. Sin embargo, yo lo he visto sonreír muchas veces, y en esos momentos tiene la expresión de un niño que acaba de romper un escaparate.

            Cantante, poeta, narrador, político y profesor, Labordeta es el aragonés más importante de las últimas décadas. Encarna como pocos los valores de una izquierda democrática, del amor hacia la cultura, Aragón y la libertad, de la memoria de Zaragoza y el mundo rural, de la atención a lo local y a lo universal, de la pasión por la poesía y la belleza y por las pequeñas cosas y la gente pequeña. Es un ilustrado y el  hombre con el que todos querrían tomar una caña. Pero además ha conservado siempre una rabiosa independencia, una gran curiosidad por el mundo y los jóvenes, y un sentido del humor salvaje. Esas virtudes también están en sus canciones. Tienen una ironía brassensiana, frases inolvidables, imágenes cinematográficas y una autenticidad excepcional: Labordeta es el único artista que conozco que no parece un impostor cuando emplea la primera persona del plural. Algunas de sus canciones más hermosas hablan de amor, y revelan otra característica esencial: una ternura pudorosa y emocionante. Otras canciones de Labordeta tienen un paisaje de perdedores: pueblos sin gente, banderas rotas y santos que se quedan sin cabeza. Pero –por usar sin impostura la primera persona del plural- sus palabras, su humanidad y su talento han hecho que ganemos todos.

 

CON LABORDETA, EN VERUELA

Hoy gran homenaje a José Antonio Labordeta en el monasterio de Veruela.

He aquí, de nuevo el programa:

 

31 de julio, Monasterio de Veruela

  • Todo el día: Book Crossing en el Monasterio 

11.00 h :: Museo  del Vino

 16.00 h :: Claustro. Sala Capitular

  • Lectura de los poetas: Almudena Vidorreta, Carlos Vitale, Elena Medel, Moshen Emadi, Nacho Escuín, Nuria Ruiz de Viñaspre y Yuri Talvet.
  • Intervenciones y lectura de poemas de José Antonio Labordeta a cargo de Emilio Gastón, Pepe Melero, Félix Romeo, Emilio Lacambra, Antón Castro, Teresa Agustín, Ángel Guinda, Miguel Mena, Chesús Yuste, Túa Blesa, Elena Pallarés, Fernando Ferreró, Marta Navarro, Mariví Nicolás, José Luis Rodríguez, Alfredo Saldaña, Manuel M. Forega, Miguel Ángel Yusta y Antonio Pérez Lasheras.
  • Presentación de Mar de amor. Canciones de José Antonio Labordeta, editada en Olifante por Antón Castro y patrocinada por la Diputación Provincial de Zaragoza. 
  • Speakers: Mª José Moreno, Carmen Ruiz Fleta y Alfonso Desentre.

 

 19.00 h :: Iglesia

  • Actuación musical de: Amaral, Elena Rubio, Franco Deterioro, Gold Night Jazz, Javier Ruibal, Joaquín Pardinilla, Louisiana, Ludmila Mercerón, Luigi Maráez & Âlime Hüma, María José Hernández, Marina Rossell, Mr. Pendejo, Moncho Otero, Angi Ruiz, Daniel Zueras, Pablo Guerrero y Paco Ibáñez
  • Danza: Ingrid Magriñá
  • Acción de Ricardo Calero: Habrá un día en que todos...
  • Colaboración artística: Helena Santolaya, Mariángeles Cuartero y Javier Lapuente
  • Poesía en la calle: Victoria Puig
  • BookCrossing en el Monasterio

 

JOSÉ VERÓN GORMAZ / 2

JOSÉ VERÓN GORMAZ / 2

 Lugar sin voz

 

 

Cruza el día por el páramo exhausto

 

como un viento de luz desesperada.

 

Sin alma y sin latido,

 

abrasada y baldía,

 

sola queda la tierra.

 

Sin huellas ni horizonte,

 

su voz a lo indecible se abandona.

 

Duerme,

 

pero no tiene nada que soñar.

 

 

 

Capital prisionera

 

Desde el suburbio

                             la visión herida:

la ciudad se ha cerrado

                                            y se consume.

 

Imagino el rumor,

                             siento los días,

quedan, acaso,

                  lejanos resplandores,

   luz cautiva

que proclama la burla de la noche,

la oscura incertidumbre de la sombra. 

 

 

Sombras en el mar

 

Nubes viajeras sobre el infinito.

Los rumores marinos abrazan al silencio

y siembran de presagios las distancias.

 

Sola queda la mar.                                                                                                                                                        No se lamenta,

mas deja que las olas se acompasen

al latido del tiempo,

que sea el horizonte

más lejano que el día.

 

No hay salvación.

El firmamento asoma entre las llamas

de un reflejo, que a punto de morir

tiembla en las aguas.

 

*Estos tres poemas de José Verón Gormaz pertenecen a su libro ‘En las orillas del cielo’. La foto corresponde al pueblo del Maestrazgo, Villarluengo, que se abre hacia el abismo y a la vez se alarga hacia el cielo con su imponente iglesia.

 

 

EL GRUPO PÓRTICO Y EL GRUPO ZARAGOZA SE PRESENTAN EN BARCELONA

 

 

Obra de Santiago Lagunas.

 

IBERCAJA PRESENTA LA EXPOSICIÓN ‘LA PUERTA ABIERTA: EL INICIO DE LA ABSTRACCIÓN’, UN RECORRIDO POR LA OBRA DEL GRUPO PÓRTICO Y GRUPO ZARAGOZA

 

  • La sede de la Fundación Fran Daurel recoge hasta el 30 de septiembre la recuperación de la obra de dos grupos que protagonizaron la renovación del panorama pictórico español tras la parálisis de la Guerra Civil.
  • La muestra presenta 30 óleos, cinco de cada artista de los que formaron parte del Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza, y dos dibujos. La exposición también se completa con diversa documentación sobre la actividad de ambos Grupos.

 

 

La Obra Social y Cultural de Ibercaja inauguraba el pasado 15 de julio la exposición ‘La puerta abierta: el inicio de la abstracción’, un recorrido por la obra del Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza.  La muestra podrá visitarse hasta el 30 de septiembre de 2010 en la sede de la Fundación Fran Daurel, (Avinguda Marquès de Comillas, s/n de Barcelona).

 

Esta exposición permite realizar un recorrido por la obra del Grupo Pórtico (1947-1952) – formado por Fermín Aguayo, Santiago Lagunas y Eloy G. Laguardia – pioneros en el nacimiento de una pintura española de vanguardia en la postguerra, y del Grupo Zaragoza (1963-1967) que continúan el impulso renovador de Pórtico y del que formaron parte Daniel Sahún, Ricardo Santamaría y Juan José Vera.

 

Obra de Fermín Aguayo.

La exposición supone un recorrido por una etapa marcada por la Guerra Civil, que supuso un antes y un después en las manifestaciones artísticas españolas. La dictadura supuso el exilio forzoso de los artistas españoles a puntos neurálgicos de la cultura como París. Mientras tanto, en España se mantuvo un panorama yermo en el caso de la pintura, marcado por el aislacionismo y la parálisis.

 

Con muchas dificultades se va filtrando información de las vanguardias que, tanto en Europa como en Estados Unidos, estaban entonces marcando la línea a seguir del arte contemporáneo. Así, parte de la juventud que se quedó observaba, sin duda con atención, noticias de un cierto informalismo o de un expresionismo arraigado, que llegaban con cuenta gotas a nuestro territorio.

 

Serigrafía de Juan José Vera.

En ese contexto, un grupo de intelectuales daría forma, desde el extrarradio que suponía entonces Zaragoza, a la renovación del arte español, protagonizando  lo que sería la primera manifestación grupal abstracta a la que seguirían más tarde grupos como Dau al Set (1948),  Parpalló (1956), El Paso (1957) o el Equipo 57 (1957). 

 

Nace así en Zaragoza en 1947 el Grupo  Pórtico, formado por Fermín Aguayo, Eloy G. Laguardia y Santiago Lagunas. Tres artistas que, en la posguerra, fueron pioneros absolutos en el nacimiento de una pintura española de vanguardia de signo abstracto.

 

Con influencias de Paul Klee, Joan Miró y del uruguayo Joaquín Torres García, crean una pintura constructiva pero no exenta de gesto, de emoción, de lirismo. Sus composiciones son estructuradas y simples; el cromatismo austero – negros, grises, blancos, pardos, ocres-  como la oscura situación política y social que se vivía.

 

Durante el periodo de vigencia del Grupo (1947-1952), presentan diversas exposiciones, dentro y fuera de Aragón: Galería Buchholz, Madrid, 1948 y 1949; Galería Palma, Madrid, 1949; Saloncillo de Alerta, Santander, 1949; Sala Estudio, Bilbao, 1948 y 1950. Frente a la incomprensión del público y la crítica tradicionales, obtuvieron el apoyo  de críticos, artistas e intelectuales de más anchas miras como Jean Cassou, Ricardo Gullón, José Castro Arines o Mathias Goeritz.

 

 Continuador de los esfuerzos renovadores iniciados por Pórtico, del que es heredero moral, nace el Grupo Zaragoza (1963-1967), formado por distintos artistas a lo largo de sus casi cinco años de recorrido, siendo los principales los presentes en esta exposición: Daniel Sahún, Ricardo Santamaría y Juan José Vera. Si el primero carecía de un apoyo teórico, una carga programática, éste sin embargo fue prolijo en publicaciones como el Cuaderno de orientación artística que salió a la luz en 1964 o los diferentes estudios teóricos distribuidos en ciclostil tales como El arte abstracto formal, El informalismo y la nueva figuración o Arte popular, aparecidos entre 1963 y 1964. Por su importancia destaca también el Manifiesto de Riglos, fruto de los Encuentros de Riglos en el verano de 1965.

 

Esta exposición, La Puerta abierta: el inicio de la abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza, presenta 30 óleos, cinco de cada artista de los que formaron parte del Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza, y dos dibujos. La muestra se completa con diversa documentación sobre la actividad de ambos Grupos.

 

Las obras proceden del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Fundación Santillana del Mar, Patrimonio de Ibercaja, Cortes de Aragón, Colección De Pictura, Galería Aroya, Galería Carlos Gil de la Parra, Antonio Gajón Anticuario y coleccionistas privados, así como de los propios artistas o sus herederos.

 

Con motivo de la exposición, se ha editado un catálogo en el que aparecen reproducidas en color todas las obras que componen la muestra. Los textos son de Juan Manuel Bonet, escritor y crítico de arte, y de Dolores Durán Úcar, comisaria de la exposición. Incluye también una selección bibliográfica y las biografías de los artistas: Santiago Lagunas y Juan José Vera, por Manuel Val Lerín; Eloy G. Laguardia y Ricardo Santamaría, por Ignacio Bernués Sanz; Fermín Aguayo, por Antón Castro, y Daniel Sahún, por Manuel Sánchez Oms.

 

EXPOSICIÓN: ‘La puerta abierta: el inicio de la abstracción. Grupo Pórtico y Grupo Zaragoza’.

LUGAR: Fundación Fran Daurel, Avinguda Marquès de Comillas, s/n
de Barcelona

 FECHA: Hasta el 30 de septiembre de 2010

 COMISARIA: Dolores Durán Úcar (Ella nos ha remitido este dossier, elaborado con Ibercaja). Las obras son de referencia, no son las que figuran en la muestra.