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Antón Castro

DAVID LOZANO PRESENTA 'REQUIEM'

DAVID LOZANO PRESENTA 'REQUIEM'

Hoy jueves  día 12, a las 19,45, en el Salón del Trono del Palacio de Sástago (al que accede por la Plaza de España nº 2 y por el propio Palacio a través de la exposición taurina) tendrá lugar la presentación del libro Requiem de David Lozano que completa la trilogía “La Puerta Oscura”.

 

David Lozano (Zaragoza, 1974) es Premio Gran Angular de literatura juvenil. Requiem es la última entrega de la trilogía “La Puerta Oscura” y está publicado por la editorial SM. La trilogía presente ya en todo Latinoamérica será lanzada en 2010 en Alemania e Italia.

 

El acto contará con la presencia del autor, la escritora Care Santos y la participación del Delegado del Gobierno en Aragón D. Javier Fernández y la diputada de Cultura de la DPZ Cristina Palacín. David Lozano, por encargo de Mikel Iturbe y Esperanza Pamplona, está publicando una novela policíaca y de intriga por entregas en Heraldo de Aragón.

 

 

Réquiem cierra La Puerta Oscura en un viaje

trepidante por la historia de las civilizaciones

 

-          En la última entrega de la trilogía de terror y misterio La Puerta Oscura, su autor, David Lozano (Zaragoza, 1974), traslada al protagonista a la Colmena de Kronos, un viaje por los episodios más terribles de la historia.

 

-          De La Puerta Oscura se han vendido más de 45.000 ejemplares y se ha traducido al alemán e italiano.

 

David Lozano ha presentado el último volumen de la trilogía La Puerta Oscura, bajo el título de Réquiem. Editado por SM con una tirada inicial de 20.000 ejemplares, el protagonista, Pascal, cruzará una vez más la Puerta Oscura para intentar salvar a su amigo Jules del proceso maléfico que padece.

 

Según la encuesta Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2008 de la FGEE, las novelas de intriga o misterio son las preferidas por los jóvenes. Esta trilogía, dirigida a lectores a partir de 14 años, ha cosechado un gran éxito en España e Iberoamérica, donde se han vendido más de 45.000 ejemplares. Además, El Viajero y El Mal se han traducido al alemán e italiano.

 

Réquiem

En esta última entrega de la saga continúa la lucha entre la luz y la oscuridad poniendo en peligro el equilibrio entre las dos realidades. La sombra del Mal sigue presente en el mundo de los vivos amenazando en esta ocasión a Jules Marceaux, uno de los mejores amigos de Pascal.

 

Según explica David Lozano, en esta entrega “Pascal tendrá que enfrentarse a un nuevo desafío en el Más Allá, a donde tendrá que dirigirse para encontrar el único antídoto que puede salvar a Jules del maleficio que lo arrastra hacia las tinieblas: unas gotas de sangre de la anterior Viajera, Lena Lambert”.

 

Esta misión obligará a Pascal a adentrarse en la temible región de los condenados, “un trayecto hacia la oscuridad perpetua para el que contará, sin embargo, con una imprevisible compañía”, añade el autor.

 

El libro

 

“La Puerta Oscura es un legendario umbral que permanece oculto en un desván de París. Cada cien años, se abre un único minuto conectando la dimensión de los vivos con la de los muertos” explica Lozano. Pascal Rivas, el protagonista de la novela se encontraba en su interior en el preciso instante en que la puerta volvió a abrirse convirtiéndole en el Viajero del siglo XXI, la única persona capaz de moverse por las dos realidades.

 

En Réquiem, Pascal tiene que volver a sumergirse en las profundidades del Más Allá, y esta vez no se trata de rescatar a alguien del mundo de los muertos sino de evitar condenar a un amigo a una muerte en vida. Se trata de Jules Marceux, el amigo gótico de la pandilla en cuya casa encontraron el baúl por primera vez. La infección vampírica va destruyendo su esencia humana y llegará a ser irreversible si no encuentran el único antídoto que acabe con su transformación.

 

“La conciencia del joven gótico aún se resiste a claudicar, a rendirse frente a aquel lado oscuro que se va haciendo fuerte en sus entrañas, corrompiendo su naturaleza humana de forma irreversible”

 

Un relato histórico

 

Esta aventura llevará al protagonista a una nueva dimensión, la Colmena de Kronos, una máquina del tiempo que le trasladará a los momentos más terribles de la historia de la humanidad. La novela invita al lector a un viaje en primera persona a distintos infiernos creados por el hombre: la Roma de los gladiadores o el Crack del 29 hasta uno de los escenarios más cruentos de la II Guerra Mundial.

 

Lena Lambert pudo ser la antecesora de Pascal en el puesto de Viajero y deberán encontrarla en las celdas de La Colmena de Kronos para salvar a su biznieto, Jules. “La búsqueda se convertirá pronto en una inexorable cuenta atrás. Deben hallar el rastro de Lena Lambert, antes de que sea demasiado tarde…”, afirma Lozano.

 

Para recrear el siniestro Más Allá, Lozano se ha inspirado en la mitología clásica y en la tradición de novela gótica y en el romanticismo del siglo XIX, imaginando tenebrosos ambientes que recuerdan a Bécquer, Allan Poe, Gautier o Lovecraft.

 

Mientras tanto, los rincones más lúgubres de París sirven de marco a la trama que transcurre en el mundo de los vivos, donde entran en juego unos neófitos caza vampiros que complicarán la misión del resto de amigos de Pascal ¿conseguirán salvar a Jules?

 

 

 

Un viaje por el tiempo

 

Una vez más, Pascal llega a la Tierra de la Espera donde se reencontrará con Charles Lafayette, el Capitán Mayer, y Alexander, un espíritu errante que le guiará hasta el cementerio de Pere Lachaise para encontrarse con un viejo amigo que ha fallecido en extrañas circunstancias.

 

La Colmena se encuentra en la región de los condenados y para llegar hasta allí Pascal y su compañero deberán sortear toda clase de peligros: un seísmo que les puede arrastrar a los estratos infernales, los temibles centinelas que flanquean el Umbral de la Atalaya, el asedio de los carroñeros y las nubes negras -de apariencia inocente-, las criaturas malignas camufladas en la Colmena o la abrumadora Llanura de las Pesadillas…El único pasaporte a la vida de Pascal será su fuerza interior y sus amuletos, una daga de plata o una brújula que le sacarán de más de un apuro.

 

“Con sumo cuidado, el chico extrajo su brazalete de Viajero, que se colocó a continuación en la muñeca, justo antes de que los dos agresores enfocaran con sus gestos afanosos la puerta tras la que se parapateaba”.

 

En esta arriesgada travesía, el acompañante de Pascal aprenderá que existen tantos grados de negrura como niveles de sentencia para los seres que han sido condenados. Durante el viaje, Pascal atesora los recuerdos de Michelle para afrontar su misión y se comunica con el mundo de los vivos a través de Edouard.

 

Con la ayuda de Mathieu, un apasionado de la historia, podrán documentarse sobre las diversas épocas y estar prevenidos para saber cómo actuar. Sin embargo, se pierden en el laberinto de la Colmena y aparecen en el Extremo Oriente… todo apunta a que están en el año 1941 y se encuentran inmersos en la II Guerra Mundial…

 

“En qué monstruo puede convertirse el ser humano, un monstruo para sí mismo”

 

Jules, cuando vivir puede ser una condena

 

Tienen que actuar rápido, en dos días la situación de Jules podría ser irreversible. Se agarran al pensamiento de que Jules sigue rebelándose contra sus instintos y luchando por conservar su humanidad, ya que de lo contrario tanto Edouard como Daphne hubieran percibido su espíritu maligno. Por ese motivo, Marcel y Michelle se esfuerzan en encontrarle antes de que sea demasiado tarde.

 

Sin embargo, su búsqueda se convierte en una cuenta atrás cuando se topan con unos jóvenes caza vampiros sin escrúpulos que, rastreando las noticias de sucesos dan con la pista de Jules. Suzanne y Bernard ayudan a Justin en su caza y no son conscientes de lo que éste será capaz de hacer para salvar a Francia “de un sanguinario monstruo”, el vampiro. Daphne saldrá al paso de Jules y pronunciará hasta la extenuación el conjuro que debería paralizar su transformación:

 

“Ab exordio generi humani…

ab exordio mundi…

ab... ab exordio... vitae...”

 

Sin embargo, el joven gótico no puede evitar su instinto asesino, la alimaña que lo devora por dentro se impacienta: grita, gime, arquea su cuerpo hasta el límite. Además, también ha estado a punto de hacer daño a su querida Michelle. Jules se está dando cuenta de su lenta pero inminente transformación y nadie sabe si Pascal podrá volver con la sangre de Lena Lambert a tiempo.

 

“Mi vida se está convirtiendo en un funeral perpetuo. El mío.”

 

 

Personajes que enlazan los dos mundos

 

La amistad, el amor, la fidelidad, el sacrificio o la generosidad son algunos de los valores que transmiten los conocedores del secreto de La Puerta Oscura.

 

Así, Michelle y Pascal tendrán que desnudar sus sentimientos y decidir si su historia de amor tiene futuro y Mathieu y Edouard por fin despejan su mutua atracción, mientras Daphne, Marcel y la propia Michelle arriesgan su vida por Jules antes de que sea demasiado tarde.

 

  • Jules Marceux.- Es el amigo gótico de la pandilla. Se encuentra en pleno proceso de transformación vampírica y hay que salvarle antes de que el Mal destruya su verdadera identidad.

 

  • Lena Lambert.- Es la bisabuela de Jules. Éste piensa que fue la Viajera anterior porque hace cien años desapareció misteriosamente sin dejar rastro del desván de la casa familiar donde ya estaba situado el arcón.

 

  • Edouard.- Medium que ya jugó un importante papel en El Mal y que esta vez sirve de enlace a Pascal comunicándose con él cuando necesita ayuda a través de la Puerta Oscura

 

  •  Justin, Suzanne y Bernard.- Caza vampiros aficionados que ponen en peligro la misión de Michelle y Marcel de encontrar a Jules

 

  • Alexander.- Espíritu errante que guiará a Pascal a través de la región de los condenados.

Ficha técnica

 

 

Resumen del libro Requiem. La Puerta Oscura: Una vez más, Pascal se ve obligado a cruzar la Puerta Oscura. Con Jules a punto de sucumbir a la oscuridad a causa de la mordedura de un vampiro, encontrar a la anterior Viajera aparece como la única opción para salvarlo. Michelle sigue sin perdonar a Pascal, pero cada vez tiene más dudas. ¿Seguirá la Puerta cobrándose su tributo de sangre?

 

 

EL AUTOR

David Lozano nació en Zaragoza en 1974 y desde pequeño ha sido un apasionado de las películas de terror y el género fantástico. Licenciado en Derecho, ha ejercido como abogado aunque su afición por la literatura le llevó a estudiar parte de la carrera de Filología Hispánica.

Actualmente, Lozano se dedica a la docencia. Además, colabora como guionista para diversas productoras.

 

En 2006 fue galardonado con el XXVIII Premio Gran Angular de literatura juvenil por Donde surgen las sombras (edición). En Ediciones SM también ha publicado la trilogía La Puerta Oscura que comenzó con El Viajero, publicado en 2008, y El Mal, en marzo de 2009. Además, escribe habitualmente artículos en prensa.

 

Más de 30.000 jóvenes han seguido todas las novedades sobre la trilogía a través de la web oficial de La Puerta Oscura (www.lapuertaoscura.grupo-sm.com). Además, los fans de la trilogía han podido informarse a través del blog del autor (http://davidlozano.net), el canal de LPO en Facebook y de su propia página de fans (www.lapuertaoscurafans.com).  

*Esta foto es de Odd Nerdrum: evoca el espíritu inquietante y misterioso de los libros de David Lozano Garbala.  Se titula 'El beso'.

UN CUENTO DE 'GOLPES DE MAR'

UN CUENTO DE 'GOLPES DE MAR'

El HERMANO QUE LE INVENTÉ A MI HERMANO

 

 

De 'Golpes de mar'. Antón Castro. Destino, 2006.

Tengo un hermano. Es paleta o albañil y sale cada domingo a capturar percebes. Ese hermano fue mi primer dios: lo idolatré a él antes que a nadie, quizá antes que a mi padre, que fue emigrante, pescador de mejillones, encofrador (una de las suertes menores de la carpintería) y peón de vialidad y aguas. Yo nunca supe muy bien qué quería hacer de mi vida. He tenido sueños muy diferentes respecto a mi futuro: quise ser campesino con hacienda y rebaños, carpintero (ésta fue mi obsesión mayor: siempre llevaba el ovalado lápiz rojo en la oreja y tiraba rectas ayudado por las escuadras de metal de mi padre), ingeniero en electrónica y gaitero. Estuve a punto de comprarme una gaita, pero mi padre me disuadió, tú no tienes pulmones para tocar, antes nos dejarías huérfanos de hijo. Eso me aseguró.

         De niño ya me gustaba leer los periódicos, y no sólo el Dicen y el As color, sino los diarios de información. Me encantaba viajar a través de sus páginas: me detenía en los reportajes, en las páginas de entrevistas donde descubría un personaje que me sonaba vagamente, y en los temas atractivos, como podrían ser la historia de un pazo, el episodio novelado de un naufragio o los crímenes horrendos, que me impedían dormir. Cada semana o cada quince días, mi madre traía una caja de cartón con los periódicos atrasados. Trabajaba por horas en casa de Ucho y Elvira, que vivían una especie de apacible matrimonio de hermanos rentistas. Ella zurcía, escuchaba zarzuelas y regaba los tiestos de la terraza, y él se desvivía por algunos programas de radio y, sobre todo, por los periódicos, que amontonaba una vez que los había leído para mi madre. Yo me zambullía en ellos con mis tijeras en la mano y mis carpetas, y empezaba a recortar y a ordenar cuatro o cinco series. Van allá más de 30 años y aún conservo algunos ejemplares. Viendo mi obstinación, mi padre me dijo un día: “Ojalá fueras un buen periodista". Eso se me quedó grabado. El periodismo fue mi último sueño nítido o acaso la certidumbre de una obligación, que logré esquivar. Soy bibliotecario. No he logrado escribir una página propia en mi vida.

         No sé muy bien cómo sucedió. Pero yo sentí que tenía otro hermano: se llamaba Manuel Rivas. Sé que la revelación es chocante y brusca. Descubrí su nombre en un reportaje de ballenas. Y volví a verlo en otro sobre la Torre de Hércules, José Cornide y el caudillo Brigo: todo mezclado en un audaz amasijo de magia. Desde entonces, estaba atento a lo que iba publicando en las distintas revistas o periódicos, y tenía la sensación de que escribía como yo soñaba escribir algún día. Me gustaban sus reportajes, sus entrevistas, sus primeras columnas de opinión, aquellos fogonazos líricos que surgían de súbito en medio de una mezquina borrasca de la política. Leía sus artículos en Teima, Mancomún o A nosa terra. Él adelantaba mis sueños: era como si alguien estuviese viviendo día a día, página a página, con los mismos adjetivos, la vida literaria y periodística que yo anhelaba para mí. Era como si alguien llegase sin esfuerzo, como una aparición tranquila, al lugar donde yo había puesto mi meta. Manuel Rivas era un suplantador de mis utopías. Un día vi una de sus fotos y, en efecto, se parecía a mi hermano.

         Si algo amo en el mundo es Santiago de Compostela. En Compostela se alían la lluvia, la piedra y el fulgor de una luz desvanecida de leyenda. Fui por primera vez con trece años, y fue todo una revelación. Con una muchacha, que tenía seis tías monjas y otro tío fraile en clausura, recorrí casi todos los conventos e iglesias, los parques y las callejas, y al fin cuando se desmayaba la tarde descubrimos un tiovivo que representó la felicidad, la algazara indecible de la verbena. Presentí que en la atmósfera de la ciudad había una ligazón misteriosa con mi vida. Desde un banco de la alameda, con la catedral sumergida en una nebulosa de oro y sueño, incliné la cabeza sobre mi amiga y busqué su oreja. Sobre ella di mi primer beso de amor. Llevaba un short diminuto: la blancura de sus muslos rivalizaba con la luna que empezaba a anidar en los torreones.

         Algunos años después, llegué a Compostela muy tarde, casi a las doce de la noche, con un grupo de tres o cuatro personas que se dedicaba a la investigación teatral. Uno de los compañeros que nos dirigía, Antón Lamapereira, tenía amigos en Santiago, en concreto un joven periodista de pocos años, Manuel Rivas, que se movía entre una timidez desarbolada y una sabiduría desleída por la dulzura. De vez en cuando, construía frases que resultaban de otro mundo: era capaz de mezclar el temblor de una estrella con el cesto de mimbre de una labradora o con el plato de pulpo con cachelos que humeaba sobre la mesa. Recuerdo que se vio obligado a buscarnos un lugar donde dormir: nos llevó a casa del periodista de El país e Interviú Perfecto Conde. La casa era bellísima, de fábula medieval, y estaba repleta de periódicos derramados por todos los rincones. Aquello parecía una selva de la letra impresa y un torbellino de desórdenes. De madrugada vimos a Perfecto Conde con su guapísima y elegante novia en un bar, y nos dijimos: "Seguro que ella nunca toma café en la casa".

Aquel fue mi primer encuentro con Manuel Rivas. Por pudor, no le confesé mi admiración. En una taberna ocurrió algo que no podré olvidar jamás. Se notaba que conocía al patrón. Ambos se alegraron de verse. Hablaron. Ya sé que has acabado la carrera, te leemos de vez en cuando en la cocina, casi de madrugada. Sí, me van las cosas bien. Más que bien, Manolo, los compañeros de la partida de dominó dicen: hoy ha escrito de percebes y de muertos, ayer de Pousada, el hombre que hace más de 43 recetas con castañas, y qué bonito, sí, dijo Maceiras, el reportaje que le dedicó a Manolo Loureda, el futbolista. Ya sabes, hay que hacer de todo, hasta necrológicas, Rosende. Después, se produjo ese momento entre desabrido y sublime que no he podido olvidar nunca, repito, ese instante que define la enfermiza relación entre gallegos y alumbra el altar de la añoranza. Y la niña, ¿cómo está? Seguro que ya va en sexto o séptimo. Murió, Manolo, murió, tres o cuatro meses después de que dejaras Santiago. No superó la enfermedad. El joven periodista, como todos nosotros, se quedó traspuesto: como si recibiese un puñetazo del destino. Se le encendió la cara y miró al tabernero (su ojos refrenaban un diluvio de pena a punto de desgañitarse), con una ternura que se desmigajaba en el aire. Reaccionó de súbito y dijo: “No sabes cómo lo siento, Rosende. Pero, consuélate. Las cartas más bonitas nos llegan en sueños desde el más allá. Siempre. Las de Clara serán preciosas. Tenía una letra muy bonita”.

         A los pocos días, le leí una entrevista con Rafael Dieste. Un escritor que venero como a nadie. Me gustan sus libros, el personaje, su elegancia tocada de añoranza, su finísima inteligencia y su gusto por la magia y la filosofía, que desposaba en sus delicadas maneras y en su obra. Uno de los libros de mi vida es Historias e invenciones de Félix Muriel. Se lo recomiendo siempre a los lectores. Rivas había conversado con Dieste en Rianxo, frente al mar, y yo dialogaba con ambos a través de las confidencias. Era una página llena de profecías y aforismos en la cual sonaba el piano con melodías de gaviota que bate sus alas sobre el espigón del mar.

         Rivas era como mi sombra. Como mi doble insidioso. Alguien que sin saberlo corregía mi existencia. Cada cosa que hacía él, me obligaba a modificar mis utopías. Cuando comenzó a escribir de fútbol, creí que me iba a morir: ensalzaba el mito del Deportivo, del fútbol atlántico, y cada una de sus piezas era un cuento. No es que yo le tuviese envidia, pero sí padecía una sensación de angustia porque alguien se anticipa a la quimera que construyes y la alcanza con pasmosa naturalidad. Insisto en la idea: sé que la he dicho antes. Al fin y al cabo era mi hermano. Leía todos sus libros: sus primeros poemas, sus textos narrativos, tanto Los comedores de patatas como Un millón de vacas, leí con devoción El lápiz del carpintero (¿cómo voy a olvidarme de la carga de acordeones del barco “Palermo” o de la isla de San Simón, convertida en cárcel de prisioneros de guerra?), ¿Qué me quieres, amor? o Ella, maldita alma, esas piezas que son como suspiros de realidad y sortilegio, donde la facilidad narrativa se mezcla con el don metafórico, con el aliento lírico de  la mariposa que esparce su polvo de oro, y con la creación de personajes que se mueven en terrenos fronterizos, con un pie en la modernidad y el otro anclado en el agro, en la fantasía y la superstición que viene del corazón de la tierra, de la furia del mar. Rivas era como una mezcla alquímica de Álvaro Cunqueiro, Rafael Dieste, Albert Camus y John Berger. Para un lector profesional es fácil hacer comparaciones así.

         En una ocasión, hice algo que no he vuelto a hacer jamás. Compré su colección de poemas Costa da Morte blues y se la remití para que me la devolviese con una dedicatoria. Rivas, desde Urroa, ese paraje de Vimianzo donde el viento corre tanto como los caballos, me devolvió el ejemplar con una dedicatoria y una postal de Van Gogh. Me decía al final: “Tú ya eres mi hermano. Un hermano que tengo fuera de casa y al que algún día habré de ir a ver”. La carta la tiene mi hermano, el paleta o albañil, el percebeiro que presume de haber leído un único libro en su vida, El periodismo es un cuento, curiosamente de Manuel Rivas, su hermano. El hermano que yo le inventé a mi hermano. Y dice que cuando quiere llorar se sube al desván de su casa, orientada hacia las playas de Valcobo y Barrañán, con sus casi 50 años y su cara encendida como una cereza, y lee la historia de Eva Lavandeira, desaparecida en un bosque de caballos sueltos y de lobos. “Al principio, Eva rehuía el espejo. Miraba a la otra, a su imagen, como a una extraña y se alejaba con inquietud. Pero, poco a poco, fue reconociéndola. Un día fijó sus ojos azulísimos en los ojos azulísimos de la otra”. Con la mirada tocada por un aluvión de lágrimas, concluye mi hermano la lectura: “Un sacerdote dijo el día del funeral: ‘Eva se quedó dormida y despertó en el cielo’. Los curas, cuando hablan el lenguaje de los niños, siempre dicen la verdad. Lo que nos queda ahora es la Eva del espejo. Aquella sonrisa que le servía para saltar un muro insalvable”.

         Siempre he tenido la sensación de que Manuel Rivas era el otro, como antes lo fue mi hermano. Y al mirarlos, al pensar en ellos, yo también me veía avanzar hacia el espejo como si quisiera abrazarlo, como si quisiera, al entrar en su estancia de plata, abrazarlos a los dos.

 

 

 

*Esta tarde, a las 20 horas, en el Palacio de la Aljafería, el escritor Manuel Rivas (A Coruña, 1957) protagonizará una de las ‘Conversaciones en la Aljafería’. Será presentado por el poeta, crítico literario y ex librero David Mayor, y luego él y yo dialogaremos en torno a la literatura y algunos aspectos sociales con el autor de ‘Los libros arden mal’, ‘El lápiz del carpintero’ o ‘¿Qué me quieres, amor?’. Este texto pertenece al libro de relatos ‘Golpes de mar’ (Destino, 2006).

 

FEDERICO CONTÍN: UN RETRATO DE MUJER

FEDERICO CONTÍN: UN RETRATO DE MUJER

Federico Contín es periodista, artista y fotógrafo. Trabaja en Aragón Televisión. Siempre sorprende con obras de excelente calidad: coloristas, muy coloristas en pintura; de gran sutileza y expresividad en fotografía. Esta es una de las fotos de Federico Contín que más me gustan. Se lo dije el otro día y hace un instante me la mandó.

 

Aquí está para enamorados de la belleza: de la mujer, de la fotografía, de la composición, del antiguo arte del retrato en blanco y negro.

LA LEYENDA DE LOS DOS TORRES

LA LEYENDA DE LOS DOS TORRES

LA LEYENDA DE LAS DOS TORRES

Por Juan VILLALBA SEBASTIÁN

 

Y ella dijo:

He llegado a saber ¡Oh, rey afortunado! ¡Oh dotado de buenos modales! Que en la antigüedad del tiempo y el pasado de las edades y de los momentos, en una ciudad situada a 40º 43’ N, de cuyo nombre no me acuerdo en este instante, había –pero Alah es más sabio- dos hombres, Omar y Osama, arquitectos, que trabajaban para el constructor judío Selomo ben Gabirol, padre de la hermosa Ashira. Desde el primer día que la vieron,  se sintieron atraídos por  ella y así se lo hicieron saber a su padre.

            Selomo, poco o nada versado en humanos sentimientos, y mucho menos en las cuestiones de amor, era por encima de todo un hombre de negocios, por lo que se dispuso a resolver el conflicto como si de un problema constructivo se tratara: aquél de los dos que construyera la torre más alta y perfecta sería el elegido para casarse con su hija.

            Los dos imprimieron a sus respectivos proyectos un ritmo frenético, sus obreros trabajaron desde el primer momento a tres turnos y las torres se levantaron en poco tiempo, ambas idénticas, casi gemelas, pero el destino quiso que la de Omar se concluyera unos pocos días antes que la de Osama. Según lo convenido, Omar había ganado, él sería quien desposara a la bella Ashira.

            Algunos años después, un día entre los días, Ashira se disponía a llevar a sus hijos al colegio, cuando al encender su televisor no dio crédito a lo que estaba viendo: un Boeing 767 se incrustaba contra la torre que había elevado su marido Omar, donde él estaba en esos mismos momentos trabajando. Sin tiempo para reaccionar, conmocionada, pero sin lágrimas en los ojos, asistía incrédula a un segundo impacto: un nuevo avión de similares características al anterior se estrellaba contra la  torre que construyera Osama,  desde la que su padre dirigía todos sus negocios.

En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.

*El profesor y escritor Juan Villalba Sebastián, experto en Clemente Pamplona, acaba de publicar un libro de relatos en Eclipsados. Este es uno de los textos.

MANUEL RIVAS EN LA ALJAFERÍA, MAÑANA

MANUEL RIVAS EN LA ALJAFERÍA, MAÑANA

Mañana, dia once de noviembre, a las 20 horas, en el palacio de la Aljafería, Manuel Rivas hablará de su trayectoria literaria. La presentación correrá a cargo del poeta y crítico David Mayor, y luego el autor de ‘Los libros arden mal’ conversará con Antón Castro y con el propio poeta.

 

El acto se integra en el ciclo de ‘Conversaciones en la Aljafería’

RAQUEL MELLER, EL SOL DEL CUPLÉ

RAQUEL MELLER, EL SOL DEL CUPLÉ

Reino de Goneril reedita el libro que le dedicó a la actriz y cantante turiasonense su primer marido Enrique Gómez Carrillo

  

Raquel Meller siempre despertó grandes pasiones. En un joven marinero belga, Peter Moeller, de quien tomaría su nombre artístico; en el pintor Joaquín Sorolla, que le realizó un espléndido retrato en 1918; en el propio Charles Chaplin. Quizá el mayor acto de amor que recibió Francisca Marqués López (Tarazona, 1888-Barcelona, 1962), de artista Raquel Meller, fue el de su primer marido Enrique Gómez Carrillo (Guatemala, 1873-París, 1927), con el cual se casó en el verano de 1919 y se separó tres años después. Aquella boda civil en Biarritz tuvo por testigos de excepción a Benito Pérez Galdós y al conde de Romanones. En ese lapso de convivencia, el bohemio, diplomático y escritor guatemalteco redactó un curioso libro titulado sencillamente ‘Raquel Meller’, para el que escribió un elaborado retrato de la mujer y la artista, y además logró que un conjunto de intelectuales españoles -desde Manuel Machado a Benavente, desde María Guerrero a Leopoldo Romeo, director de ‘La correspondencia’, desde Tórtola Valencia a Mariano Benlliure- definiesen las virtudes de la intérprete en un auténtico torrente de elogios. La reedición de este libro, fechado entre 1919 y 1922, acaba de inaugurar una nueva colección en el sello Reino de Goneril de Jesús Egido.

El volumen, ilustrado por dibujos de Carlos Vázquez (1869-1944), lleva un prólogo de José Esteban, que arranca así: “Sin temor a equivocarnos, Raquel Meller fue y sigue siendo la más internacional de nuestras artistas de todos los tiempos. Sus triunfos en Europa y América lo atestiguan y certifican”. La define como “cantante, cupletista y actriz del cine español”, y realiza una travesía por su vida. Raquel Meller residió en Tarazona, Tudela y Montpellier, donde la reclamó una tía para que ingresase en el convento, y luego se trasladó a Barcelona. Trabajó de modista. Gracias a la cantante Marta Oliver se inició en el mundo de la farándula: primero fue La Bella Raquel, y luego abrazó su nombre definitivo. Inició sus actuaciones en la sala La Gran Peña  y en 1911 debutó en el Teatro Arnau, ya por entonces cantó dos canciones del maestro Padilla, a las que debe su inmortalidad: ‘La violetera’ y ‘El relicario’. El éxito la llevaría a diversos países de Latinoamérica.

En 1917 había conocido a Enrique Gómez Carrillo, de quien la leyenda decía que había sido amante de Mata-Hari. Se casaron en 1919. La luna de miel transcurrió por París, Londres, donde se dice que coincidieron con Aldous Huxley, y por Buenos Aires. No se entendían: tenían caracteres opuestos, ella era dada a la soledad y a la  reclusión, él era mundano y seductor. Después de la separación, rodó ‘Violetas imperiales’ (1923) y ‘Carmen’ (1926), su mejor película. En ese mismo año de 1926 Raquel Meller realizó una importante gira por Estados Unidos, “con éxitos en Nueva York, Filadelfia, Chicago, Boston, Baltimore y Los Ángeles –escribe Esteban-. Hacia 1930, Raquel Meller atrajo la atención de Charles Chaplin. El gran cómico quiso incorporarla al elenco de su película ‘Luces de la ciudad’ de 1931”, pero al final no participó. En 1932 rodó la versión sonora de ‘Violetas imperiales’ y en 1936 interrumpió el rodaje de ‘Carmen de Triana’. Tras la Guerra Civil se casó con el banquero Edmond Saiac (o Demon Sayac), aunque se separaron pronto, trabajó con ‘los vieneses’ Franz Johan y Arthur Kaps, y murió en el olvido.

El cronista y viajero Gómez Carrillo elogia su “la armonía impecable de su dicción y la ciencia exenta de sus gestos”, y le aconseja que no abandone “el arte ligero”. Agrega: “Su poesía, su armonía, su malicia y su ternura están en su propio ser y resultan siempre originales, siempre admirables, a veces sublimes”. Sus elogios discurren por el desmesurado afecto y la excesiva elocuencia. Dice que encarna “todas las mujeres y toda la mujer, bella de mil bellezas, tierna de mil ternuras, picaresca de las infinitas picardías del instinto y fogosa hasta el punto de parecer, a veces, arder en una llama que la acaricia y la devora. ¡Raquel la innumerable…!” Gómez Carrillo finaliza así su breve retrato: “Todo su arte, podemos agregar, es un suspiro, una confidencia, un anhelo íntimo (…) se nota que no canta más que para sí y para su amante. (…) Siendo múltiple e inexplicable, en suma, es siempre ella misma y no es más que ella; es decir, el más armonioso, el más inquietante y el más divino de los misterios humanos”.

El nivel de los elogios se mantiene a lo largo del libro. Manuel Machado escribe este ripio: “Esta Raquel, por su ‘aquel’, // por su genio y por su sal, // ha hecho el nombre de ‘Raquel’, // una vez más, inmortal”. Para Gregorio Martínez Sierra es la “emperatriz de la emoción”. Leopoldo Romeo va algo más allá y la llama “emperatriz o sol, la única, la incomparable”. María Guerrero tampoco es ajena a este río de alabanzas: “La fuerza enorme de expresión de sus ojos interesa y atrae desde el primer momento. ¡Qué estupenda actriz se ha perdido con esa moda del cuplé en España!”. El libro, con los dibujos de Carlos Vázquez, es un objeto entrañable, muy recomendable para mitómanos.

 

LA FICHA

Raquel Meller. ‘Opiniones de los más ilustres escritores y artistas españoles’. Enrique Gómez Carrillo. Dibujos de Carlos Vázquez. Edición de José Esteban. Madrid, 2009. 78 páginas. (En la foto, el retrato de Raquel Meller, que le hizo Joaquín Sorolla).

ÁNGELES PRIETO: LECTURA DE ÁNGEL OLGOSO

ÁNGELES PRIETO: LECTURA DE ÁNGEL OLGOSO

Por ÁNGELES PRIETO BARBA

    
     Quizá, la primera máxima de la espléndida literatura japonesa sea ésta: No escribas a menos que, lo que tengas que decir, sea más hermoso que el silencio.

    
    Porque, si nos preguntáramos en serio qué hay más hermoso que el silencio nos sobrarían dedos para enumerar tal vez a la honestidad, la bondad y el amor, eso cuando extrañamente aparecen juntos y poco más.

    
     Pero como sé bien qué es y qué peso ostenta ya el microrrelato en la historia de la literatura española (consulten por favor Soplando vidrio de Fernando Valls) y asimismo quién es Ángel Olgoso (indispensable la lectura de Los demonios del lugar), abro esta máquina con expectación y emociones que no resultaron defraudadas, algo más hermoso que el silencio es lo que esconde para el lector cada una de sus páginas.

    
     Aún más, la cuidadosa elección del título responde a un ciclo vital del narrador, aunque también fundamental para aquellos que se convertirán en sus mejores lectores, todos los que pertenezcan ya a esa larga y complicada década de los cuarenta en la que tantos trastornos nos sobrevienen antes de asumir, definitivamente, la mesa camilla, la decadencia, el televisor y la muerte.

    
    Pues en dicho tránsito, quizá cambiamos de hogar (El lobo viejo de las desgracias), o rompemos de forma brutal el refugio que habíamos construido (El proyecto), nos asentamos en nuestras costumbres y renunciamos a la aventura (Ulises), tal vez descubrimos al fin nuestras propias limitaciones (La pesca), empezamos a pensar ya en serio sobre la muerte (El golpe maestro del leñador mágico, Océanos de ceniza), descubrimos que el amor perfecto es imposible (La bella durmiente) o irrecuperable (Bramador de viento), soportamos a los vecinos (Pueblo chico, infierno grande), o a la familia ruidosa (Hispania I), aprendemos a amar a los hijos (Perspectiva) o sentimos intensamente los últimos vestigios de los deseos más sensuales e inconfesables (Juicio, Lamelibranquios).


    
     Y no voy a seguir para no cansar, tampoco para restar ni un ápice de emoción desbordada al lector que se acerque a este libro buscando respuestas, libro que puede y debe leerse degustándolo al azar, como una especie de Sortes Virgiliae, bálsamo consolador para esta difícil etapa de la existencia cuyos ingredientes exquisitos detallo a continuación: un vocabulario extenso y poderoso, que nos devuelve toda la magia de cuando descubrimos, asombrados, el boom latinoamericano o la Generación del 27, la ausencia total de lugares comunes o gastados, guiños reprocesados a nuestras lecturas más felices (el tesoro de Troya, las dos puertas de Ubar) y una decidida, cuidada vocación por el rigor, el respeto y la armonía en el lenguaje proveniente de una acendrada cultura. También, y no menos importante, el riesgo aquí demostrado en cada uno de estos relatos abocados a lo fantástico, siempre nuevos, siempre originales.


        
     De la ya mítica antología Pequeñas Resistencias que para la historia del cuento español publicara Páginas de Espuma, tan sólo tres autores jóvenes osaron cambiar las magníficas fotografías allí recogidas de la realidad y apostaron por la fabulación, por mirar sobre y bajo la superficie, mucho más allá del día a día: Ángel Olgoso, Carmela Greciet y Félix J. Palma, abocados a ese género fantástico del que ya podemos afirmar que se ha creado escuela (Perturbaciones).
    
    Y para terminar esta reseña, permítanme que a estas alturas denomine al señor Olgoso, ya con propiedad y todas las consecuencias, como el primer maestro literario que debe exportar España en el género fantástico y breve, tras valorar a conciencia este libro, mucho más hermoso que el silencio, que no debe dejar de leerse.

 

        
    RETRATO DE ÁNGEL OLGOSO

    
    Cúllar Vega, Granada, 1961. Es escritor de relatos fantásticos.

Tras estudiar Filología Hispánica en la Universidad de Granada, publicó su primer libro de relatos Los días subterráneos en 1991. Después siguieron La hélice en los zargazos, Nubes de piedra, Granada, año 2039 y otros relatos, Cuentos de otro mundo, El vuelo del pájaro elefante, Los demonios del lugar (Libro del Año 2007 según La Clave y Literaturas.com, premio internacional de Terror Villa de Aracena y finalista del Premio Andalucía de la Crítica), Astrolabio y La máquina de languidecer.

    
    Su trayectoria viene avalada por la inclusión de sus relatos en una veintena de antologías sobre el cuento y por más de treinta premios, entre los que destacan el de la Feria del Libro de Almería, el “Gruta de las Maravillas” de la Fundación Juan Ramón Jiménez, el Caja España de Libros de Cuentos y el Clarín de relatos convocado por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. (Este artículo apareció en el Heraldo del  Hemares. Puede leerse aquí:

http://www.elheraldodelhenares.es/pag/noticia.php?cual=2929).

Este dibujo del autor corresponde al artista gallego, afincado en Bilbao, Pablo Gallo.



 

GOYA EN DUBLIN

GOYA EN DUBLIN

Irlanda es un país de grandes escritores. W. B. Yeats, Samuel Beckett, George Bernard Shaw y Seamus Heaney han recibido el premio Nobel. Otros maestros incuestionables son James Joyce, Oscar Wilde, J. Swift y Bram Stoker, y en las nuevas generaciones se cuentan John Connolly, Roddy Doyle o el maestro del estilo John Banville. Hasta los taxistas, a cualquier hora del día, te ofrecen una cartografía minuciosa de sus rincones favoritos: recuerdan dónde están sus estatuas y sus distintas casas, cuáles fueron los colegios en que estudiaron, la torre a la que asomaba Joyce en los crepúsculos de llovizna e incluso la farmacia donde se encontró con Nora Barnacle. Desde hace unos años, en Dublín hay varios profesores de español en el Instituto Cervantes, como Carmen Sanjulián, que participó en la fundación de ‘Poesía en el campus’ y cuenta maravillas de Zaragoza. En Dublín también reside, a través de sus lienzos, Francisco de Goya. En la National Gallery, cerrando un itinerario apasionante –que incluye a Vermeer, Tiziano, Velázquez, Zurbarán, Caravaggio…-, el museo ofrece cuatro obras de Goya. El impecable retrato de la actriz Antonia de Zárate, datado en 1805, estupendo e inspirado; el del conde de Tajo, de 1800, que hace pensar en el de Moratín; ‘Lady in black’ (1825), una clásica mujer con mantilla, y una pieza magistral, ‘El sueño’ (1800), en la que Goya logra una obra intimista, de pincelada suelta y a la vez precisa, donde oculta levemente la cara y ensalza la sensualidad y el busto de una mujer que podría ser Pepita Tudó. Cualquiera de los cuatro ‘Goyas’ son valiosos, sin duda, pero ‘El sueño’ tiene una sutileza cristalina, es etéreo y carnal a la vez, un ejercicio sublime de pintura, sensibilidad y erotismo. Goya siempre sorprende: su belleza crece con los años en la ciudad más literaria del mundo. *En la foto, la reproducción de 'El sueño' de Goya.