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Antón Castro

COLETTE, POR EDWARD STEICHEN

COLETTE, POR EDWARD STEICHEN

BESOS 2

BESOS 2

Una famosa foto de Willy Ronis.

BESOS 1.

BESOS 1.

Antes de romperse el amor, Salman Rushdie y Ladska.

ISMAEL GRASA, PREMIO OJO CRÍTICO

ISMAEL GRASA, PREMIO OJO CRÍTICO

Ismael Grasa, premio "Ojo crítico" de narrativa
por su obra “Trescientos días de sol”


El jurado ha elegido a Ismael Grasa por su libro de relatos "Trescientos días de sol" en el que destaca no sólo su calidad sino la descripción de temas difíciles sin caer en maniqueísmos. Por su estilo limpio, transparente, ágil y directo que atrapa al lector y le deja al mismo tiempo participar de la narración.
Los premios “Ojo Crítico” llegan este año a su XVIII edición

Este miércoles 31 de octubre de 2007 se ha fallado el premio Ojo Crítico de Narrativa que ha elegido a Ismael Grasa por su obra "Trescientos días de sol". El jurado ha estado formado por Nuria Azancot , crítica literaria de ’El Cultural’ del periódico El Mundo , la escritora Soledad Puértolas, los escritores Andrés Ibáñez y Julián Rodríguez, ambos, premio Ojo Crítico de Narrativa en anteriores ediciones, las redactoras de RNE Modesta Cruz y Ester De Lorenzo y la directora de El Ojo Crítico, Ana Roldán.

Se une así a los ya premiados en esta XVIII edición del premio; Santiago Cirugeda en artes plásticas, el Cuarteto Quiroga en música clásica, Luis Artigue en poesía y el Festival Sur en teatro.

“El Ojo Crítico” es el único espacio cultural de radio que lleva más de 24 años en antena repasando la actualidad del mundo de la creación artística con todo detalle y desde un amplio abanico de géneros, desde la entrevista o el reportaje pasando por las crónicas y los comentarios con firma personal.

“El Ojo Crítico” se emite de lunes a viernes, de 19:00 a 20:00 horas en Radio 1. Ana Roldán presenta y dirige este espacio en el que trabaja el equipo al completo del Área de Cultura de los Servicios Informativos de RNE.

 

*El texto corresponde a algunas notas de agencias. El pasado mes de abrir redacté unas notas sobre este libro. Las recupero de nuevo.

 

EL CORAZÓN DELATOR DE ISMAEL GRASA 

 

Desde hace algunos años, Ismael Grasa (Huesca, 1968) retorna a su ciudad y a su provincia constantemente. No sabía conducir y ha aprendido para viajar a su antojo; parecía volcado en Madrid (ganó el premio Tigre Juan con “De  Madrid al cielo”, 1994) y Aragón y sus ciudades y pueblos se le han metido en sus libros como un escenario constante. Y ahí están dos excelentes y personales libros: “La Tercera Guerra Mundial” (Anagrama, 2002), uno de los mejores retratos de la Huesca de la transición, trazado con un estilo exento de sentimentalidad, y “Nueva California” (Xordica, 2003), poemas y relatos que anticipan, en cierto modo, su nuevo libro: “Trescientos días de sol” (Xordica), un volumen con portada de Elisa Arguilé que se presentó esta semana en Zaragoza, en el Teatro Principal, con una exuberante y magnífica puesta en escena del arquitecto Luis Franco y la elocuencia de Eva Cosculluela, y también en Huesca; me dicen que Carlos Castán estremeció hasta el silencio de la librería Anónima de Chema Aniés. Y que la ciudad se volcó con un cariño absoluto.

Ismael Grasa ha madurado mucho en estos últimos años. Ha pasado de ser aquel joven narrador y filósofo de rostro picassiano y asustadizo a un escritor de empaque, con un bagaje muy sólido, con puntos de vista muy personales. Atrevido, iconoclasta, dueño de un estilo diáfano, en el que no hay demasiado lugar para la opulencia. Ismael Grasa escribe con la retórica exacta de las ideas. Sin adherencias ni epítetos de embellecimiento. Con la fulminante exactitud de las imágenes y los detalles casi invisibles que definen una existencia. Como narrador, es un poco igual: es un escritor que puede parecer frío, casi glacial, un documentalista o un mirón que mira, observa detenidamente y cuenta lo que ve, sin inmutarse, con un bisturí sigiloso que avanza y descubre el horror. Aunque en realidad, Ismael Grasa cuenta lo que imagina, cuenta la vida que les sueña a sus personajes.

         En esta obra de doce relatos dominan algunas sensaciones. Acaba imponiéndose un estado de ánimo general próximo a la amargura existencial, a la turbación, y curiosamente no es porque el escritor sea pesimista. Es como un vacío que aparece y alancea sin compasión, como una enfermedad que afecta a todos los personajes, como un destino. Ismael Grasa dice una mil veces que él es partidario de la vida y de la alegría. Y eso se percibe. Tiene una capacidad particular para fijarse en pequeñas cosas, pero obtiene de ellas, como preconizaba Anton Chejov o Raymond Carver, una detonación interior, un mecanismo entre diabólico y rezagado que estalla por los aires. Los cuentos de Ismael son cuentos de lo cotidiano, cuentos que ni siquiera exigen una presentación, un desarrollo o un desenlace. Ismael Grasa se siente tan libre, tan seguro de sí mismo, que hace una fotografía, realiza una película, expone una situación y la muestra. La historia podría haber seguido muchas páginas más; las vidas en sus cuentos nunca se acaban, no hay punto y final, sino un punto y seguido interminable en el ánimo del lector. Y quizá eso también nos perturbe. ¿Qué pasará luego con los personajes? ¿Cuál será de verdad su futuro? ¿Dónde está ese corazón delator que no vemos nunca y percibimos como un escalofrío que no cesa?

El hilván general del libro es el delito. Y sus variedades. Pero también se habla de relaciones, de complejos núcleos familiares, de bodas, de viajes, de retornos al origen, de ciudades que se abren paso en la cabeza del escritor. Ismael Grasa demuestra aquí que conoce como nadie los registros del ser humano; desde esa sabiduría se expanden la incomodidad, la amenaza, el loco amor, el impacto invencible de la soledad. 

Trescientos días de sol. Ismael Grasa. Xordica: Colección Carrachinas. Zaragoza, 2007. 140 páginas. La foto es de Cristina Grande para Xordica.


 

LA BUENA VIDA: LIBROS CON ALMA EN MADRID

LA BUENA VIDA: LIBROS CON ALMA EN MADRID

[Hace unos días, el pasado jueves  creo que fue, se inauguró en Madrid la librería y espacio cultural La Buena Vida-Café del Libro.El gran Jonás R.Trueba envía esta nota y aquí queda como tentación y como invitación. Os atenderán Jesús Trueba, Jonás, Gonzalo y María. Ahí tenéis un espacio y un abrigo contra la tempestad  al calor del café y de los libros.] 

La Buena Vida - Café del Libro

ha abierto sus puertas en Madrid

140 m2 de libros, libros, + libros y una cuidada selección de CD y DVD.

Disfrutando del ambiente relajado de un café pensado para hacer disfrutar. Con un horario de lunes a

domingo de 12:00 a 24:00 horas.

Con la posibilidad de reservar mesas para tus tertulias o reuniones....

y con miles de proyectos para acoger actividades sugerentes y estimulantes.

La Buena Vida - Café del Libro

Vergara, 10

915429142

labuenavida@cafedellibro.es

Metro: Ópera (y a 5' andando también Sol, Sto. Domingo, Pza. de España y Callao)

Parking de Pza. de Oriente (y a 5' andando el de Pza. Mayor, Callao, Pza de San Martín y Pza. de España

RECUERDO DE JOSÉ DONOSO EN CALACEITE

RECUERDO DE JOSÉ DONOSO EN CALACEITE

Acababa de escribir Robert Graves su dolorida autobiografía de combatiente, Adiós a todo eso, y en medio de aquel mundo íntimo, desesperado y en descomposición, Gertrude Stein le dijo: "Si eres capaz de resistir el paraíso, vete a Mallorca". Algo semejante debió sugerirle alguien a José Donoso a mediados de los años 60 porque en 1967 se instaló en Pollença y más tarde en Sitges, donde fundó el primer Taller Literario que hubo en España hacia 1975, al que asistían integrantes de la colonia de latinoamericanos y escritores catalanes; a veces, si el ánimo del maestro era bueno, éste les mostraba la inmensa cicatriz que llevaba en la barriga como consecuencia de una de sus operaciones de estómago.        

 José Donoso era un gran viajero. Viviría, además, en Barcelona (en un tiempo en que la ciudad estaba tomada por los héroes del boom:  García Márquez, Vargas Llosa y su admirado Julio Cortázar: "Soy el primer cortazariano del mundo", dijo), en Santander y en una villa preciosa, que para muchos recuerda a otro edén en la tierra: Calaceite. Allí adquirió tres casas viejas (por 100.000 pesetas de entonces; 600 euros de hoy) con un falsa o desván, en las cual instaló su escritorio, y culminó dos de sus mejores libros a principios de los años 70: Tres novelas burguesas, una suerte de retorno a la novela galante, con ciertos ribetes de narración pornográfica o subida de tono erótico, centrada en la burguesía de los años 20, y Memoria personal del boom, un libro esencial que explicaba su visión y su vivencia de aquel movimiento que dio a conocer la literatura hispanoamericana en el mundo entero.        

 

Su estancia en Calaceite fue especialmente fructífera. Allí recibía continuas visitas de amigos y admiradores (entre ellos de Luis Buñuel. su sobrino Pedro Christian García Buñuel aún conserva unas fotos que le tomó a Donoso en su hermosa casa rural);  frecuentaba la fonda Alcalá, elogiada por expertos como Néstor Luján y Juan Perucho, y solía coincidir con otros ilustres calaceitanos como el escritor chileno Mauricio Wacquez o la saga Gili o el traductor Didier Coste, que dirigía en la población su fundación Noesis. La ceramista Teresa Jassá ha recordado la presencia de los Donoso en Calaceite --José, y su mujer, Pilar Serrano, autora de un polémico libro que glosaba aquellos días: Los de entonces--; y le rindió un hermoso homenaje al novelista al situarlo en su interpretación del grabado de Goya, El sueño de la razón, rodeado de los personajes de una de sus más bellas e intensas novelas: El obsceno pájaro de la noche. De alguna manera la huella dejada por Donoso en los alrededores del Matarraña es muy semejante a del poeta y traductor Ángel Crepo y su mujer Pilar Gómez Bedate: convivían con las gentes pero tenían la rara habilidad de escabullirse para enfrentarse a la creación.        

Tras abandonar Calaceite, Donoso siguió viajando. Se instaló en Barcelona, pero la nostalgia de Chile le entristecía el presente. Y en 1980, luego de una breve estancia en Madrid, poco después de reflexionar sobre el destierro en El jardín de al lado, volvió a su país. Desde entonces no cesó de publicar: aparecieron sucesivamente títulos como La desesperanza (1986), basado en los últimos instantes de Matilde Urrutia, la viuda de Pablo Neruda. O más recientemente, Donde van a morir los elefantes (1995), una novela que criticaba la indiferencia con que se trata en Estados Unidos a todo lo que concierne a América del Sur, un asunto que el conocía de primera mano porque había estado en varias universidades, de la mano de Carlos Fuentes inicialmente, y luego en Iowa, y además se daba la circunstancia de que había estudiado en Princeton, y trabajó en la revista de la Universidad, en la cual publicó sus primeros cuentos en inglés.       

 José Donoso se definió así en una entrevista: "Soy escritor las 24 horas al día. No hago deporte ni cualquiera otra actividad fuera de leer y escribir, de ahí que mi mujer diga que soy un ente novelante. La única esperanza la situaría en el quehacer artístico: la respuesta no es abstracta está en el hacer, en crear otro yo, otra cosa, en la imaginación". Toda su producción es un intento de desmenuzar las contradicciones de la burguesía y la relación siempre difícil, aunque amorosa con su país, Chile. En él, hace exactamente una semana, se despidió del mundo con una hermosa autobiografía sobre la mesa: Conjeturas sobre la memoria de mi tribu. 

[Este año, dentro de los Encuentros Literarios de Calaceite, que dirige el poeta, narrador y cineasta Emilio Ruiz Barrachina se rindió homenaje a Donoso y a su discípulo y amigo Mauricio Wacquez. Entre otros, estuvieron por allí Carlos Franza, Marcelo Maturana, Fernando Martínez Láinez, Juan Bolea, André Fontaine, Manuel Francisco Reina... Si aún no te has dormido, puedes verlos a casi todos en Borradores.]

 

*Retrato de José Donoso durante su época en Princeton.

PRESENTACIÓN DE ALOMA / 3

PRESENTACIÓN DE ALOMA / 3

Si Ismael dijo que era una novela de Erasmus, de campus, una novela de París, una novela de iniciación y de la vida real del actor, Sergio Algora (en la foto) contó una historia de espías con esa gracia que él posee. Fue breve y muy divertido.

 

José Antonio Melendo, el ojo del cíclope que posee nueva cámara, también captó esta imagen.

ALOMA / 2

ALOMA / 2

Aloma se ríe con la lectura e interpretación de Ismael Grasa, que pareció más que nunca un personaje entrañable de Woody Allen.

 

José Antonio Melendo, otra vez, estuvo alerta.